lunes 22 de abril de 2024

The Flash: un confuso y caótico viaje al multiverso

Promocionada como “la mejor película de superhéroes” y con la promesa de reiniciar un universo cinematográfico que esta semana cumplió su primera década, la aventura multiversal del Velocista Escarlata que llegó hoy a los cines es una pieza tediosa y mal ejecutada.
The Flash: un confuso y caótico viaje al multiverso
Ezra Miller y Sasha Calle en The Flash. Créditos: Warner Bros.

La carrera de The Flash, el veloz superhéroe de DC Comics, paradójicamente tardó cuatro décadas en llegar a la pantalla grande. La película ha pasado por las manos de varies involucrades a lo largo de su permanencia en el infierno del desarrollo de producción. 

El último proyecto nació en 2014, un año después del estreno de Man of Steel (Zack Snyder), la película que le dio inicio al Universo Extendido de DC (DCEU). Sin embargo, estuvo plagada de retrasos, abandonos, problemas con el estudio y diversos conflictos delictivos en los que se vio envuelto su protagonista, Ezra Miller

Por mucho tiempo The Flash parecía estar sufriendo la misma maldición que ha perseguido a toda la pizarra cinematográfica del DCEU desde el lanzamiento de Suicide Squad (David Ayer, 2016). Pero, a diferencia de otras producciones, logró salir de la bóveda de DC, bajo la dirección del cineasta argentino Andy Muschietti, a partir de un guion de Christina Hodson.

Según el CEO de Warner Bros. Discovery, David Zaslav, The Flash es la mejor película de superhéroes que jamás haya visto. A tal afirmación solo se podría responder que quizás no vió tantas películas del género. Lejos de ser una obra maestra y apenas por debajo de ser un desastre similar a los Cuatro Fantásticos (Josh Trank, 2015) o cualquiera de las dos entregas de la franquicia Venom, la primera salida en solitario del Velocista Escarlata llegó a los cines como una pieza confusa, tediosa y mal ejecutada que tiene solo un puñado de gracias salvadoras. 

The Flash se basa en el arco Flashpoint de DC Comics, que usó su historia que altera la línea de tiempo para restablecer el canon de las historietas de la editorial. Se suponía que la película haría lo mismo con el DCEU ahora desechado. Sin embargo, es una culminación confusa de la obsesión de Hollywood con las propiedades intelectuales y la nostalgia disfrazada de una aventura seria que incluye saltos en el tiempo.

Tiene una buena película enterrada en algún lugar, y tal vez si no se hubiera presentado como un evento cruzado que abarca varios universos, podría haber brillado. En cambio, llega arrastrándose a la línea de meta y ofrece un final ostentoso pero intrascendente para la era Zack Snyder.

The Flash: un confuso y caótico viaje al multiverso
Ambos Barry Allen y Supergirl en la Baticueva de Batman 89. Créditos: Warner Bros.

Una trama que intenta ser emotiva

Sin embargo, comienza de manera prometedora. Flash (Ezra Miller), también conocido como Barry Allen, es un joven perseguido por una doble tragedia. Cuando era un niño, su madre (Maribel Verdu) fue asesinada y su padre (Ron Livingston) inculpado por el crimen. Pero Barry, cuyo superpoder es la super velocidad, se da cuenta de que con la speed force puede retroceder en el tiempo y cambiar las cosas que salvarán la vida de su familia.

Aquí hay una situación a pequeña escala pero emocionalmente ambiciosa que cualquiera podría apreciar: quien tuviera la oportunidad de retroceder en el tiempo y cambiar un evento trágico que afecta a sus seres queridos, ¿no lo haría? Pero luego, con velocidad, la película toma un mal desvío, y ahí es cuando Barry se encuentra con su yo más joven.

Incluso en esta etapa, la imagen tiene potencial. Los dos Barry son diferentes: el mayor, que ha experimentado una tragedia, está serio y angustiado; el otro, que creció con su familia intacta, es despreocupado y superficial. Con un guion bien escrito, se podría haber hecho algo con la idea que la personalidad es maleable y que unos pocos eventos clave pueden marcar la diferencia.

Pero The Flash no tiene ningún interés real en su propia premisa. Su objetivo parece ser escenificar grandes batallas, presentar prolongadas secuencias de acción y apelar a la nostalgia con una lista de cameos con efectos CGI de hace dos décadas. Ciertamente no es ayudado por el extraño mashup de tonos del director que va desde bromas entre tontas y simplistas a escenas desgarradoramente sinceras. 

Flash intenta pasar a través de una historia poco construida –una que se basa en gran medida en los eventos de Man of Steel de 2013– ofreciendo golpes de nostalgia de una manera tan descaradamente transparente que es casi insultante, incluso si no se puede negar la oleada de endorfinas que trae el regreso de Michael Keaton como Batman

Keaton sin duda aporta encanto, volviendo al papel sin esfuerzo y brindando un complemento a las frenéticas actuaciones duales de Miller. Pero cuando dice su vieja línea del Batman 89 con una mirada perdida y una voz que no suena como si quisiera volverse loco, une no puede evitar sentirse estafade por su propia nostalgia.

Ver a Keaton nuevamente como Batman es un recordatorio de lo prometedor que alguna vez pareció el género de los superhéroes. Pero más allá de un par de escenas, el regreso del personaje es un total desperdicio en una narrativa que dura 144 minutos. No tiene sentido. Pero nada en The Flash pretende tenerlo.

The Flash: un confuso y caótico viaje al multiverso
Michael Keaton y Ezra Miller en el batplane. Créditos: Warner Bros.

Sasha Calle y la Mujer del Mañana

La gracia la aporta Supergirl de Sasha Calle. Si bien su papel es más pequeño de lo esperado, es excelente de principio a fin y debería ser la Mujer del Mañana del DCU. A pesar de que no se le da suficiente tiempo, la atormentada Kara de Calle es una fuerza a tener en cuenta y un placer verla, aunque no llena el vacío dejado por la extraña decisión de no incluir a Superman en el elenco principal. 

La performance de Ezra Miller cumple. Sus papeles exigen una buena cantidad de matices tonales –partes cómicas, escenas orientadas a la acción y algunos interludios dramáticos– y como artista no tiene problemas para navegar por los diversos aspectos del guion.

Desafortunadamente, viene con un pesado equipaje fuera de la pantalla. Si la audiencia  podrá o no ignorar los diversos escándalos que han acosado a Miller en los últimos meses es una pregunta que quizás responda la taquilla. Pero, en términos de actuación, hay poco que criticar. Sin embargo, a pesar de lo crucial que es Miller para la película, se podría argumentar que Michael Keaton es el verdadero atractivo del elenco.

La actriz española Maribel Verdú –que entrega una actuación enorme y le da a su Nora Allen una ternura inmensa–, “Pedro Navaja”, un mate de Independiente, la voz de Rosalía cantando “Si tú supieras compañero”, son regalos del director argento para la audiencia hispano hablante de la película.

En tiempos de multiverso

Desde hace un par de años, la lucha entre el arte y el comercio encontró un nuevo campo de batalla: el multiverso. El tropo afirmó su dominio en la industria cinematográfica, apareciendo tanto en películas independientes como en éxitos de taquilla. 

El concepto aborda múltiples universos, tal vez infinitos. Existen uno al lado del otro, superpuestos o vinculados y contienen infinitas permutaciones de todo, incluida la humanidad. Esta idea se arraigó en el cine, donde tanto el consumidor como el capital han desempeñado un papel en su nueva popularidad.

Christopher Miller y Phil Lord produjeron la película animada ganadora del Oscar Spider-Man: Into the Spider-Verse (2018) y su secuela,  Across the Spider-Verse (2023). Sony llevó a la pantalla otra historia multiversal, esta vez de acción real con Spider-Man: No Way Home (Jon Watts, 2021), Marvel tiene una saga repleta de películas y series que abordan el tema. En Everything Everywhere All At Once, reciente ganadora del Oscar a la Mejor Película, la protagonista lamenta sus elecciones de vida y lo que podría haber sido si hubiera tomado otras. Luego las experimenta, recorriendo docenas de fantásticas vidas paralelas luego de ingresar al multiverso.

Al final, The Flash es sólo otra película cuya trama abusa de la blanda lógica del multiverso, un tropo de alto concepto que solo las películas animadas de Chris Miller y Phil Lord han logrado ejecutar con inventiva e ingenio.


Un cierre defectuoso

¿Puede este cuarteto de héroes improbables derrotar al villano General Zod Michael Shannon, obligado a regresar después de destruir la Tierra en el paciente cero de Snyder–, restaurar sus líneas de tiempo y posiblemente estar a la altura de los muchas futuras referencias que Muschietti y sus guionistas salpican en el guión? La respuesta deprime y el último cameo que presenta la película deja un sabor amargo en les fans del Caballero Oscuro. 

Sin embargo, mucho más difícil de aceptar es lo mal que The Flash maneja la inclusión de Keaton, y todo lo que su idiosincrásico y sorprendente héroe alguna vez significó para una generación de cinéfiles. Aparte de colocar la partitura original de Batman de Danny Elfman sobre ciertas escenas, cuyo poder inmortal solo sirve como un recordatorio involuntario de cuán débil es el trabajo del compositor de Benjamin Wallfisch, no hay nada en la película de Muschietti que demuestre que el director entiende qué hizo que la colaboración entre Keaton y Burton sea extrañamente poderosa.

A pesar de toda la publicidad positiva y negativa que The Flash recibió en el período previo a su lanzamiento, no parece que haya valido la pena el esfuerzo. Si se le resta toda la campaña de marketing, todo lo que queda es una película que usa el poder de la nostalgia y la familiaridad de la franquicia para disimular lo que de otro modo sería una película clase B. Es difícil encontrar una línea de tiempo en la que The Flash podría haber sido una gran película.

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