
Los clubes de barrio ocupan un lugar central en la vida de miles de comunidades argentinas. Allí conviven el deporte, la educación, la cultura y la contención social. Sin embargo, muchas de estos clubes de barrio arrastran desde hace décadas una misma problemática: desarrollan sus actividades en inmuebles que nunca pudieron escriturar o cuya situación dominial permanece sin regularizar.
Con el objetivo de dar respuesta a esa realidad, el diputado nacional Agustín Rossi presentó un proyecto de ley para crear un Régimen de Regularización Dominial de Clubes de Barrio, una iniciativa que busca brindar seguridad jurídica a los clubes de barrio que acrediten la posesión de los terrenos donde funcionan y facilitar el acceso definitivo a la propiedad.
La propuesta pretende resolver una situación que afecta a miles de instituciones de todo el país. En numerosos casos, los clubes fueron levantados gracias al trabajo de vecinos y comisiones directivas que, durante años, construyeron canchas, salones y espacios recreativos sin que la documentación del inmueble acompañara ese crecimiento. Esa falta de escritura limita el acceso a créditos, dificulta la realización de obras de infraestructura y, en algunos casos, expone a las instituciones a conflictos judiciales sobre la tenencia de los predios.
Un contexto económico desafiante para los clubes de barrio
La iniciativa llega en un momento complejo para los clubes de barrio. Durante los últimos años, las instituciones debieron afrontar un fuerte incremento en sus costos de funcionamiento como consecuencia de la inflación, el aumento del precio de los insumos deportivos, los gastos de mantenimiento y las subas en los servicios públicos.
Uno de los temas que más preocupación generó entre los dirigentes fue el costo de la energía. Los cambios en el esquema de subsidios obligaron a numerosos clubes a reinscribirse para conservar los beneficios tarifarios, mientras que otras entidades denunciaron dificultades para afrontar el pago de las boletas de luz y gas.
A ese escenario se suman los desafíos propios de sostener cuotas sociales accesibles. Muchas familias redujeron gastos vinculados a actividades recreativas, por lo que varias instituciones optaron por absorber parte de los aumentos para evitar la pérdida de socios. En paralelo, proliferaron las rifas, festivales, peñas y eventos solidarios como mecanismos para generar ingresos extraordinarios que permitieran mantener abiertas las puertas de los clubes.
Aunque la situación económica afecta de manera diferente a cada institución, dirigentes deportivos coinciden en que la falta de regularización dominial continúa siendo uno de los principales problemas estructurales del sector.
Qué propone el proyecto
El texto presentado en el Congreso establece un procedimiento especial para que los clubes de barrio y de pueblo puedan acceder a la titularidad de los inmuebles que ocupan cuando acrediten una posesión pública, pacífica, continua y con destino comunitario.

El objetivo es otorgar seguridad jurídica a entidades que llevan décadas prestando servicios a sus comunidades, pero que aún no cuentan con la escritura correspondiente. Según los fundamentos del proyecto, esa situación limita la posibilidad de planificar inversiones, obtener financiamiento o desarrollar obras de infraestructura que mejoren las instalaciones.
Además, la iniciativa reconoce el valor social de estas organizaciones y sostiene que garantizar la estabilidad sobre sus sedes constituye una política pública destinada a preservar espacios esenciales para la vida comunitaria.
Los clubes de barrio, mucho más que un lugar para hacer deporte
Los clubes de barrio cumplen funciones que trascienden ampliamente la práctica deportiva. En ellos funcionan escuelas de fútbol, básquet, vóley, handball, hockey y otras disciplinas; también se dictan clases de apoyo escolar, talleres culturales, actividades para adultos mayores, colonias de vacaciones y propuestas recreativas para niños y adolescentes.

Durante la pandemia de COVID-19 muchas de estas instituciones también se transformaron en centros de asistencia comunitaria, organizando ollas populares, campañas solidarias y distribución de alimentos para familias en situación de vulnerabilidad. Esa experiencia reforzó el reconocimiento de los clubes como actores fundamentales dentro del entramado social argentino.
En numerosos barrios representan, además, el primer espacio de integración para chicos y chicas, ofreciendo un ámbito de pertenencia que promueve valores como el trabajo en equipo, la solidaridad y la inclusión.
Un reclamo histórico
La regularización dominial es una demanda que dirigentes deportivos vienen planteando desde hace años. En distintos puntos del país existen clubes que fueron construidos sobre terrenos cedidos de manera informal, donaciones que nunca llegaron a escriturarse o predios ocupados desde hace décadas sin que se completaran los trámites legales correspondientes.
Esa situación genera incertidumbre para las comisiones directivas y dificulta la posibilidad de proyectar obras de largo plazo. Contar con la escritura permitiría acceder a líneas de crédito, celebrar convenios con organismos públicos y privados y planificar inversiones con mayor previsibilidad.
En ese sentido, Agustín Rossi sostuvo que los clubes de barrio representan una herramienta indispensable para fortalecer el tejido social de las comunidades y que garantizar la titularidad de sus sedes significa proteger un patrimonio construido durante generaciones por vecinos y vecinas.
El proyecto comenzará ahora su recorrido legislativo en las comisiones de la Cámara de Diputados. Si logra avanzar en el Congreso, podría ofrecer una solución largamente esperada por miles de clubes de barrio y de pueblo que, pese a su importancia social, continúan funcionando sin la seguridad jurídica sobre el lugar que ocupan desde hace años.

