Abr 9, 2021 | Sociedad

Los bares, entre subsistir o sacrificar

A razón del considerable aumento de casos en las últimas semanas producidos por el coronavirus (Covid-19), el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, tomó la decisión de anunciar una serie de medidas que buscan paliar esta situación y frenar los contagios masivos. Aunque en principio, estas medidas buscan evitar las reuniones sociales en espacios cerrados […]
Bar Dorrego. Foto: Lucas Carballo para Nota al Pie.

A razón del considerable aumento de casos en las últimas semanas producidos por el coronavirus (Covid-19), el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, tomó la decisión de anunciar una serie de medidas que buscan paliar esta situación y frenar los contagios masivos.

Aunque en principio, estas medidas buscan evitar las reuniones sociales en espacios cerrados de más de 10 personas tanto en hogares familiares, como en lugares de esparcimiento como discotecas, bingos y salones de fiestas, entre otros, la circulación de las personas en horarios nocturnos desde las 00 horas hasta las 06 inclusive, provocan un mayor efecto adverso en bares, cafés y locales gastronómicos que verán afectados sus horarios desde las 23 horas. 

Considerando esto como un problema más, a los que ya ha venían atravesando desde el año 2020 con la cuarentena estricta y extensa, Nota Al pie entrevistó a Mariano Madueña Rubio, empleador del Bar Guebara ubicado en Humberto Primo 463 en el barrio de San Telmo (Ciudad de Buenos Aires) quien manifestó los inconvenientes que le provocaron estas medidas.

¿Cuáles fueron las consecuencias de las restricciones del año pasado?

“La consecuencia que me generó el confinamiento pasado, en principio, fue cancelar deudas que poseía el bar. Consideraba que esto iba a durar poco tiempo y en algún momento, el dinero se acabó. No tenía cómo pagar el alquiler y tuve que solicitar un préstamo a tasa cero, la primera deuda importante que aún continúo pagando. Ahora, tengo deudas impositivas y con el contador. Nadie previno que una empresa aún cerrada genera gastos contables y sin facturar, el contador tiene que hacer las liquidaciones correspondientes. Lamentablemente pasé de no poseer deuda alguna a deber más de 300 mil pesos.

A esta realidad, había que sumarle la falta de turismo…

“Mirá, la marca de un negocio que vivía de la presencialidad del público, al estar tanto tiempo cerrado, generó que la gente se acostumbrara a no ir. Entonces, tuve que apuntar a una apertura con un horario distinto al que el público no se pudo adaptar. En la actualidad y en las intermediaciones de Plaza Dorrego, donde se ubica el local, los comercios están cerrando por los alquileres altísimos y la zona está caída por la falta de turismo provincial y extranjera ausente. La gente de las provincias, ya no viene, solo nos queda el público local.”

Bar Británico. Foto: Lucas Carballo para Nota al Pie.

¿Qué efectos finalmente, generaron en tu ámbito comercial?

“Perdí la mercadería, tuve que pagar el servicio de luz con aumentos a pesar de que el gobierno había otorgado tarifas especiales para que los comercios puedan solventar esos gastos. Encima, las retenciones de las aplicaciones de plataforma (ejemplo, Pedidos Ya) seguían funcionando. No contaba con empleados fijos para marzo del año pasado, cuando arrancó la pandemia; lo único positivo. Otros comercios amigos tuvieron que cerrar por no poder abonar los sueldos a sus empleados.” 

¿Qué creés que a raíz de la experiencia vivida, produzcan estas nuevas medidas?

“En principio, se me reduce la caja y ya tengo “un palo en la rueda” para poder pagar las deudas anteriores. El nuevo confinamiento me genera el incremento de nuevas deudas. Que el público que generalmente se acerca al local, no venga. Los gobernantes piensan que las personas cambian sus costumbres de un día para otro y no es así. Abrir en una franja horaria no habitual genera lógicamente menos ingresos. Si contás con empleados, aún con poca facturación, se les debe abonar lo que corresponde. Y uno no va a contar con esos ingresos, el resultado final será o despedir a los empleados o cerrar.»

¿Cuáles son tus reclamos al Estado Nacional ante esta situación?

“Al Gobierno Nacional le pedimos reducir el IVA a un 30% de lo que está actualmente. En cualquier bar, el 19% de su facturación va al IVA. Muchos son monotributistas y en tres meses, si no se abona, le dan de baja el monotributo. Las recaudadoras SADAIC (Sociedad Argentina de Autores y Compositores) Y AADI CAPIF (Asociación Argentina de Intérpretes y Sociedad Argentina de Autores y Compositores) que las regula el gobierno, siguen cobrando la tarifa a los locales. Y así podría seguir con el festival de recaudadores. Y sin olvidarme de las cargas patronales y el impuesto al cheque.»

Bar Guebara. Foto: Lucas Carballo para Nota al Pie

En el caso del Gobierno de la Ciudad, ¿Cuáles son las soluciones a las que pretenden acceder?

“La Ciudad nos sigue exigiendo la renovación del plan de autoprotección, que es el que permite evacuar a las personas en caso de un siniestro. Tiene lógica, si no contás con que el bar actualmente trabaja con una capacidad del 30% y se puede reducir ese costo cambiando a las personas que lo llevan adelante. Además, el ABL se sigue abonando aún sin el uso del comercio. Te exigen realizar cursos para poder seguir adaptando el local a ciertas normativas actuales. En fin, estamos sobreviviendo a “manotazo de ahogado.»

En caso de no ser viables sus reclamos, ¿Qué otras medidas tomarían para “sobrevivir” a la crisis?

«Seguimos pagando los sueldos a los empleados, a pesar de todas esas cargas que te venía comentando. Pero, de ser necesario, le pediríamos al Gobierno que los sueldos los abonen ellos como ya lo hicieron el año pasado en algunos casos. En el peor de los casos, que nos permitan hacer suspensiones, porque mirá la situación en que nos encontramos: pedir suspender provisoriamente gente para luego volver a tomarlas. Después de 7 meses de confinamiento y sin facturación, el Gobierno tiene que comprender que estas medidas solo generan cierres por doquier. Los negocios ya no tienen plata.»

Las medidas tomadas por el Gobierno Nacional constituyen una protección a la salud de las personas, pero no al bolsillo de les trabajadores. Estas declaraciones permiten evidenciar una realidad, como la de tantos otros bares o locales gastronómicos. Una cruda situación que se da en un rincón de la Ciudad de Buenos Aires, pero que se vive a diario en todo el país sumergido en el hambre y el desempleo que padece un virus que no tiene intenciones de desaparecer.

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Nota Al Pie