
La alimentación es uno de los terrenos en los que salen a la luz las desigualdades entre diferentes territorios y sectores sociales. Así lo demuestra el mapa que desarrollaron investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en el que expusieron las zonas argentinas en alerta por la malnutrición infantil.
Se trata de un estudio que se publicó en la revista científica Spatial and Spatio-temporal Epidemiology. En él, les científiques Nicolás Flaibani, Adriana Pérez, Pablo Nuñez y Gerardo Cueto, analizaron los datos de 970 mil menores de 5 años que se atendieron a través del Programa Sumar en 2019, en 513 departamentos del país.
A partir de ello, indagaron en cómo se distribuye la doble carga de la malnutrición, es decir, la coexistencia de la desnutrición con la obesidad o el sobrepeso, en una misma población, hogar o individuo.
Las cifras se dieron a conocer a la vez que el gobierno nacional intenta eliminar la Ley de Etiquetado Frontal, aquella que obliga a las empresas colocar octógonos negros en los envases de sus productos, para una fácil lectura de la información nutricional en cada alimento.

El suroeste de la Patagonia y el norte del país: las zonas con más complicaciones
El mapa que generaron les especialistas de la UBA es el primero en mostrar a nivel jurisdiccional la doble carga de la malnutrición en Argentina. Mediante la gama del color marrón, señala con tonos oscuros los departamentos con mayor proporción de doble carga de malnutrición. A simple vista, se ve que estos pertenecen al suroeste de la Patagonia y en la región Central y Norte del país.
“Las áreas con una proporción mayor de desnutrición se observaron en el Noreste y Noroeste, con sectores adicionales en la Patagonia y la región Central”, reza el estudio. Por su parte, “el sobrepeso prevalece en la Patagonia y en varios departamentos de la región Central”.
En un apartado sobre el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), afirma que las zonas urbanas “muestran menor prevalencia de ambas condiciones”, al contrario de lo que sucede en la periferia. En ese sentido, las primeras tienen un 7,2% de desnutrición y un 11,3% de sobrepeso; mientras que las últimas un 14% en las dos enfermedades.
A nivel nacional, estima un 11,4% de desnutrición (con valores departamentales que van desde el 3,9% al 54,6%); mientras que el sobrepeso escala al 14,2%, con un rango que va desde el 4,7% al 52,1%.
Este informe descriptivo forma parte de una primera etapa de la investigación, para la que analizaron datos de 970.516 niñez, que se atendieron en 7000 hospitales públicos a lo largo y ancho del país. De esta manera, cubrieron el 67,3% de la población a la que apuntaba el estudio.
Ahora, les especialistas de la UBA trabajan en encontrar variables que expliquen por qué hay zonas del mapa donde prevalecen ambas formas de malnutrición.

Más problemas de alimentación, menos políticas públicas
En general, el sobrepeso y la desnutrición se toman como problemas diferentes, pero en realidad son dos caras de la misma moneda. Desde la década de 1990, Argentina comenzó a incorporar alimentos ultraprocesados (altos en calorías, grasas saturadas, azúcar y sodio, y bajos en nutrientes esenciales), que aumentan el riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares y diabetes.
En ese entonces empezó el aumento en las tasas de obesidad, mientras persistían los niveles de desnutrición. Por eso se instaló el concepto de la “doble carga de la malnutrición”, para reconocer que ambas formas comparten factores estructurales y ambientales comunes.
“Nuestros hallazgos son esenciales para identificar áreas de alto riesgo y orientar estrategias integradas para reducir las desigualdades tomando decisiones basadas en evidencia y no en suposiciones y creencias”, sostuvo Gerardo Cueto a la agencia Nex Ciencia.
Pero en el horizonte no se ven políticas públicas que combatan estas enfermedades, sino todo lo contrario. El gobierno nacional avanza en una posible modificación de la Ley de Etiquetado Frontal, que se aprobó en 2021. En esa línea, analiza eliminar los octógonos negros que advierten sobre excesos de azúcar, sodio, grasas saturadas y calorías en productos ultraprocesados.
Uno de los principales cuestionamientos al posible cambio es el impacto que podría tener sobre las infancias y adolescencias. Organizaciones que trabajan en alimentación saludable sostienen que de esta manera, se dificultaría la identificación rápida de productos poco saludables.

