miércoles 29 de mayo de 2024

Cine y corrupción, la narrativa del denunciante en la pantalla grande

Películas como las basadas en las historias de Julian Assange, Reality Winner y Edward Snowden, muestran la lucha valiente de quienes desafían a gobiernos corruptos. Estas producciones exploran la falta de ética en lo más alto del poder, mientras ofrecen una mirada íntima a los desafíos que enfrentan estos héroes modernos.
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Benedict Cumberbatch como Julian Assange en The Fifth Estate. Crédito: IMDB.

En las últimas décadas, películas como The Insider (1999), Erin Brockovich (2000), The Fifth Estate (2013), Snowden (2016) y Reality (2023) llevaron a la pantalla la historia de un personaje calificado como “denunciante”. El mismo, hombre o mujer, es testigo de una práctica ilegítima que hiere su conciencia y que decide exponer.

Estos films a menudo se asemejan en su estructura narrativa: implican al espectador para compartir una convicción, la justificación de la acción que la película presenta. ¿Cómo logrará la heroína o el héroe poner fin a la injusticia que presenciaron? ¿Cómo nos comportaríamos en su lugar? son algunas de las preguntas a las que estas producciones intentan responder de una manera moderna y biográfica.

La corrupción ataca los cimientos de las instituciones democráticas al interferir en las elecciones, pervertir el Estado de derecho y crear un entorno que fomenta la solicitud de sobornos. Les denunciantes pueden desempeñar un papel esencial a la hora de exponer estas situaciones. Sin embargo, con frecuencia, ello significa un riesgo para sí mismes, sus familias y colegas.

Muches son amenazades, despedides, arrestades o agredides. Por esta razón, los gobiernos de todo el mundo deberían promulgar leyes sólidas y eficaces de protección para les denunciantes. Las mismas deberían proporcionar canales de denuncia seguros y anónimos, como así también una recompensación por denunciar pese a los riesgos que enfrentan.

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Joseph Gordon-Levitt como Edward Snowden en la película de Oliver Stone. Crédito: IMDB.

El denunciante, un protagonista común y omnipresente

En películas como The Whistleblower, el personaje interpretado por Rachel Weisz aparece en casi todos los planos, al igual que el personaje de Julian Assange en The Fifth Estate, Edward Snowden en su película homónima, o el de Erin en Erin Brokovich. La omnipresencia del protagonista busca la identificación del espectador con el héroe, mientras se espera que este adhiera a la causa que se defiende.

Este también se caracteriza por su aspecto “ordinario”, condición necesaria para la identificación: si el denunciante puede ser cualquier persona, entonces podría ser yo. Las primeras escenas de la película atestiguan su “normalidad”: Snowden pasea por Washington con su novia, Irène Frachon intercambia con sus colegas en el servicio de neumología en “La fille de Brest”, etc. A su vez, estos planos también revelan un nivel socioeconómico promedio.

La importancia del contexto ordinario radica en que prepara el escenario, por contraste, para la extraordinaria acción que vendrá. De Erin Brockovich a The Affair of Josey Aimes pasando por The Whistleblower, se nos muestra una heroína con múltiples divorcios. ¿Qué importancia tiene esto frente a la magnitud del sistema de corrupción que revelará? Este elemento privado describe un personaje que, a primera vista, no sería un denunciante, ya que por lo general se asocia con eventos significativos en la vida privada.

Estos elementos acentúan una brecha entre el antes y la denuncia, la mujer lidiando con asuntos privados que, en apariencia, no corresponden a alguien que luego dedicaría toda su energía (de la que dispone, por ende, un espacio mental libre) a una causa de interés general. 

En el cine, alguien es aún más denunciante, y la película es aún más espectacular, cuando se trata de una madre soltera. Este es el caso de Erin Brockovich, filmada como frívola y casi marginada de una sociedad “decente” en términos de moralidad; y cuya transformación en denunciante es todavía más cinematográfica debido a su “ligereza” inicial que contrasta con la gravedad de los hechos que denuncia.

Julia Roberts como Erin Brocovich en la peicula de Steven Soderbergh.

Intimidaciones y represalias como escenas clave de la narración

En muchas películas, se repiten ciertas escenas: el descubrimiento de actividades fraudulentas, la incredulidad inicial, el inicio de la investigación, los intentos para distraer al denunciante, un evento desencadenante que lleva al individuo a asumir por completo este rol, la aparición de quienes pueden respaldar la acción, etc.

Dentro de estas recurrencias, el denunciante siempre se enfrenta a intimidaciones que obstaculizan su acción, primero de manera sutil y luego de forma amenazante:

Desacreditación inicial: En The Whistleblower, cuando Kathryna Bolkovac se une a sus colegas, recibe un irónico ¿Cómo va Colombo?”. Esta escena afecta al personaje, y muestra al espectador las reacciones de su entorno ante su acción. Su papel es crucial: a veces disuade, y otras anima. 

En La Fille de Brest, un colega de Irène Frachon le dice sin rodeos: “¿Crees realmente que un equipo tan pequeño como el nuestro tiene los recursos para abordar algo tan grande?”. Esta frase resalta la diferencia entre el denunciante y les demás, aquelles que no toman medidas.

Falsa seguridad: En The Whistleblower, la empleada es elogiada por su jerarquía, lo que la debilita, ya que se siente respaldada. Este engaño puede permitir que les superiores obtengan información privilegiada. Prepara el terreno para la decepción, que llega cuando el denunciante descubre que fue traicionado por su posición, que a su vez podría estar involucrada en el escándalo que trata de denunciar.

Represalias: Las represalias castigan la acción del denunciante, como expedientes cerrados y tarjetas de identificación desactivadas abruptamente, llamadas anónimas que mencionan a les seres querides en Erin Brockovich, la cancelación del pasaporte en Snowden o las puestas en escena que amenazan a Assange con la prisión.

En La Fille de Brest, se insinúa que “si Irène Frachon va demasiado lejos”, el Colegio de Médicos podría ser contactado, lo que plantea una seria amenaza de suspensión de su práctica médica. Estas escenas cruciales suelen preceder a momentos de desánimo para el denunciante, seguidos por la llegada de un aliade que reaviva el esfuerzo del protagonista mediante nueva información o recordándole la importancia de su acción.

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Sydney Sweeney en Reality (2023). Crédito: IMDB.

Reality posee una estética única

Es importante señalar la singularidad de Reality, película basada en la historia de Reality Winner, quien, al igual que Snowden, trabajaba para un proveedor de servicios de la NSA. Luego, filtró documentos ultra sensibles sobre la interferencia de Rusia en las elecciones estadounidenses de 2017. Por primera vez, el film de “denunciante” tiene una ambición estética. Tina Satter elige filmar un momento único, el de la redada donde una decena de agentes del FBI arrestan a Winner en su casa.

Durante gran parte, vemos a esta joven rubia que acaba de regresar del supermercado, intercambiar banalidades con dos agentes del FBI mientras espera que comience su interrogatorio. Este clima claustrofóbico, con unidad de lugar y tiempo, parece inspirado en el teatro. 

El ritmo, los diálogos, la música, los colores trascienden la biografía basada en la realidad para dar una textura ficticia a una película. Por ejemplo, hay tomas prolongadas de las mascotas de Reality o de un caracol que se mueve a su propio ritmo en una ventana. Más sutil y refinada, esta obra renueva los códigos del género.

Sin embargo, la directora no se aleja por completo del deseo de mostrar la “verdad” de Winner y recurre a varios dispositivos. Entre ellos, utiliza la transcripción auténtica del interrogatorio que Reality sufrió el 3 de junio de 2017, para recordar que los hechos son “reales”.

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Dustin Hoffman y Robert Redford en Todos los hombres del presidente (1976). Créditos: IMDB

La importancia de los problemas expuestos

Las películas que presentan a denunciantes suelen comenzar con rótulos de exposición que anuncian una conexión “con la realidad” del guion. ¿Qué efecto tiene esta elección de dirección?

Estos hechos que se expondrán son importantes, ya que fueron objeto de una adaptación cinematográfica. En términos de contrato de lectura, la película tiene la intención de mostrar una parte de la realidad social y ser una propuesta estética “pura”, como ilustra la presencia frecuente de “estrellas invitadas” en estas películas. 

Esto último sucede con la imagen del “verdadero” Edward Snowden en el último cuarto de la película que sorprende al espectador, acostumbrado al rostro del actor, o la aparición de Assange en el film que retrata su historia. Esto se reitera en Soderbergh, donde la “verdadera” Brockovich hace una aparición fugaz en el papel de una camarera.

El cine de denunciantes construye héroes, individues que se destacan por su valentía y determinación. Este tipo de películas se inscribe en la continuidad del cine estadounidense de los años 70, que tiene la intención de crear un sueño de diferenciación en el espectador. Es el cine del sueño liberal, que presenta destinos individuales ilustres, como Serpico (Sidney Lumet, 1974) o All the President’s Men (Alan Pakula, 1976). En una sociedad que se maneja con la premisa  “quien quiere, puede”, el denunciante es un ejemplo de éxito individual.

Este tipo de cine transmite la idea de que cada individuo puede destacarse de una masa de personas intercambiables: “Lo siento, no soy como tú”, le dice su colega a Kathryna Bolkovac, como si se disculpara por pertenecer al grupo de quienes son insignificantes.

A pesar de una reflexión sobre la estructura, el cine de denunciantes contribuye de forma indirecta a banalizar la desviación del sistema, pero coloca la responsabilidad de la coherencia social en aquelles que presentan características heroicas y desafían al espectador.

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