Ene 23, 2023 | Cultura

Sociedades distópicas, el futuro a través de la lente cinematográfica

El cine crea escenarios posibles para examinar sistemas sociales y políticos, amplificando sus falencias. El resultado es una comunidad en ruinas, opresiva y violenta. La distopía es una ficción cruda, pero también de resistencia y esperanza.
Sociedades distópicas
La saga de The Hunger Games, que adapta los libros de Suzanne Collins, tuvo cuatro películas. Crédito: Lionsgate

El cine de ciencia ficción, regularmente, presenta dos tipos distintos de futuro. En un extremo del espectro, está la brillante utopía de la abundancia, un nirvana liberado por la innovación tecnológica y una creciente eliminación de limitaciones; por el otro, la distopía salvaje y desesperada, marcada por el desastre ecológico y el conflicto perpetuo. 

Sin embargo, con demasiada frecuencia, las visiones utópicas no logran abordar los problemas contemporáneos. Su optimismo tiende a ignorar los problemas. La otra cara de esa moneda, la distopía, fomenta un tipo de pensamiento completamente diferente. 

Donde la película utópica asegura que todo estará bien, la película distópica afirma que podría no ser así. Su función es doble: primero, el cine distópico expresa el miedo y la insatisfacción del cineasta con el mundo moderno. Segundo, intenta transferir esa preocupación a la audiencia con la esperanza de convertir al cine en un disparador del diálogo.

Una distopía es un estado o sociedad imaginario en el que hay un gran sufrimiento o injusticia, típicamente totalitario o post apocalíptico. Las ficciones distópicas muestran un futuro sombrío en el que una élite privilegiada, civil o militar,  explota a los demás con la ayuda de tecnología avanzada. 

Por lo general, un Gobierno o una corporación represiva y omnisciente utiliza la vigilancia, la violencia, la propaganda y rutinas aturdidoras para convertir a las personas en poco más que máquinas. Las personas son impotentes para cambiar el sistema.

Autores como Aldous Huxley, Jacques Lob, Philp K. Dick, Isaac Asimov, Octavia Butler, Ray Bradbury y Arthur C. Clarke usaron la distopía para criticar a fondo y con mucha imaginación la sociedad en la que vivieron. Sus libros y las adaptaciones cinematográficas de estas historias, son puntos de partida fascinantes para descubrir las formas creativas y desquiciadas en las que la Tierra llega a su fin.

Todo se reduce a sobrevivir

A partir de la década del 80, hubo un cambio perceptible en la motivación detrás de las historias de ciencia ficción. En las décadas anteriores, el género se había centrado en la catástrofe, como alegoría de la Guerra Fría y el armamento nuclear. Películas como Mad Max 3 o Dune están más preocupadas por las luchas de supervivencia en las sociedades distópicas que por exhibir los desastres.

No importa cuál fue el evento que desencadenó el cambio del orden social, pudo ser una epidemia como en The Last of Us; inteligencia artificial que inicia una revolución y subyuga a la humanidad, como en Terminator y Matrix o una catástrofe climática como en Snowpiercer, la atención fue desviada del desastre a la supervivencia. 

Las consecuencias del cambio climático son la cara visible de Snowpiercer (Bong Joon-ho, 2013), el subtexto es una crítica al clasismo. La película está basada en la novela gráfica Le Transperceneige (Jacques Lob, 1982), en la que la Tierra se congeló cuando la humanidad intentaba detener el calentamiento global. 

Sociedades distópicas
Mad Max: Fury Road cuenta la historia de Max un superviviente en un mundo convertido en un páramo desértico. Crédito: Kennedy Miller Productions

Les úniques sobrevivientes del planeta son les pasajeres de un tren bala que viaja sin detenerse. Este vehículo contiene un ecosistema que gira alrededor del planeta en un bucle continuo, sin atreverse a detenerse por temor al congelamiento. Snowpiercer  no presenta el desastre original. Como muchas películas de este género, gasta energía creativa imaginando la distopía social que sigue al apocalipsis. 

El tren se divide en dos partes. La clase más baja está abarrotada en la parte trasera del tren, mientras que la élite habita cabinas retro-futuristas en la parte delantera del tren, cada una dedicada a un lujo diferente: sushi, sauna, la droga recreativa Kronole, todo esto negado por el 99 por ciento de les pasajeres. 

El dinero y el poder se concentran en manos de les despótiques, mientras el proletariado lucha en la miseria infrahumana, sujeto a torturas arbitrarias y planeando la revuelta de clase. 

Las ideas son a prueba de balas: la influencia de Orwell y Huxley 

Desde el inicio del siglo XXI, el cine distópico se centró en promover ideas de izquierda, criticando a los Gobiernos y glorificando al individuo que evade al poder totalitario que lo controla todo. Estas películas se encuentran alineadas con los pensamientos de Orwell y Huxley.  

Estas producciones –The Hunger Games, Divergent, Maze Runner, The Handmaid’s Tale, etc–, replican los sentimientos antiautoritarios que continúan haciendo de Animal Farm y 1984 (Orwell) sigan siendo relevantes muchos años después de su publicación. 

Con el Gran Hermano observando cada movimiento de cada persona y la gente perdiendo sus libertades, el cine demostró las consecuencias de vivir una distopía. Sin embargo, aborda este tema centrándose en uno o más rasgos principales de un mundo distópico: el gobierno totalitario, la violencia y las divisiones de clase plagadas de discriminación.


Algunas películas retratan el poder gubernamental supremo hasta el punto de uniformidad y control extremos sobre la creatividad y el libre pensamiento de los individuos. Este totalitarismo gubernamental como se ve en The Giver, 1984 y Fahrenheit 451. En todas, los pensamientos de las personas son fuertemente monitoreados o eliminados. 

Desde tener una Policía del Pensamiento que castiga a aquellos con pensamientos no aprobados por les líderes polítiques y los bomberos que queman libros, a un mundo que se centra en la igualdad absoluta, el totalitarismo es criticado con este subconjunto del género distópico. 

Estas películas muestran la importancia de apreciar y abrazar la propia libertad de pensamiento y conocimiento. Si bien el mundo está plagado de sufrimiento, es esencial ser consciente de este dolor para poder apreciar la belleza que damos por sentada.

Mundos ultraviolentos

Otras películas optan por centrarse en la violencia de la distopía, ya sea exhibida por les ciudadanes o por aquelles en posiciones de poder. 

En A Clockwork Orange, el joven protagonista está obsesionado con la violencia, es tratado como un experimento y se somete a una modificación de comportamiento, conocida como la Técnica Ludovico, para revertir sus formas sádicas.

Después de que esté horrorizado por el sexo y la violencia, sus víctimas anteriores, incluidos miembros de la policía y líderes gubernamentales, se aprovechan de su discapacidad y lo torturan como una forma de venganza. 

En V de Vendetta, el justiciero enmascarado usa la violencia para hacer justicia e instar a los ciudadanos a luchar contra su gobierno corrupto. Si bien estas películas también tienen vínculos evidentes con la categoría anterior, su enfoque en la violencia las distingue del tema del gobierno totalitario. El uso de la violencia muestra un enfoque más primitivo de una sociedad distópica para infundir miedo y obtener el control.

Otro tema en el que tienden a centrarse las películas distópicas es la prevalencia de las divisiones de clase y la segregación que se deriva de ellas. El planeta de los simios es excelente para invertir los roles entre humanes y animales, con los simios como captores y les humanes como cautives. Les humanes son abusades ​​y torturades, mientras que los simios afirman su superioridad. 

Por otro lado, Gattaca exhibe discriminación genética y efectos de modificación genética. En un mundo donde los padres prácticamente pueden construir a sus hijos, el protagonista se ve obligado a hacerse pasar por alguien con genes superiores a él. En esta sociedad distópica, aquelles que no se ajustan a los ideales de perfección, debido a diferencias que están fuera de su control, son marginades o discriminades.

Las películas distópicas son necesarias en el mundo actual como una forma de fomentar la moderación. En el presente, existe una gran división política que a menudo conduce a una falta de tolerancia y respeto por quienes tienen opiniones diferentes. 

Sociedades distópicas
En The Handmaid’s Tale, un gobierno tiránico convierte a la mayor parte de las mujeres en esclavas sexuales e incubadoras vivientes. Crédito: Hulu

Es fácil dejarse llevar por juzgar a los demás, olvidando que la otra persona también tiene derecho a sus creencias e ideas. Sin embargo, es cuando estas ideas se convierten en intolerancia y violencia hacia los demás que la sociedad está condenada a su propia ruina.

No obstante, si las películas distópicas enseñan algo, es que la sociedad necesita alejarse de los extremos duros y avanzar hacia la aceptación, la curiosidad y la paz.

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