Nov 15, 2021 | Sociedad

29 años del cuádruple femicidio perpetrado por Ricardo Barreda

A casi tres décadas del asesinato de toda su familia, Nota al Pie realizó una crónica del acto criminal, el juicio y los últimos años del femicida.

Barreda
Ricardo Barreda, el femicida que asesinó a toda su familia. Crédito: Diario El Día de La Plata

«Amigos, este señor abuelo está en el hospital, no sé cuánto hace. Se llama Alberto Navarro, dice que no tiene parientes”, compartió Laura Cesetti en su cuenta de Facebook el 24 de mayo de 2016. Indignada, se preguntaba cómo pudieron abandonarlo a su suerte.

Lo que no sabía es que ese señor, que parecía perdido en el Hospital de Pacheco y cuyo verdadero nombre era Ricardo Alberto Barreda, había asesinado a Gladys Mc Donald (su mujer), Cecilia y Adriana (sus hijas), y a Elena Arreche (su suegra) en 1992 en La Plata, provincia de Buenos Aires.

La vivienda donde se produjo el femicidio. Crédito: Telefé Noticias

El asesinato que intentó pasar por robo

El domingo 15 de noviembre de 1992 no fue un día más en la casa de la familia Barreda, ubicada en la calle 48 al 800, entre las intersecciones 11 y 12 de la ciudad de las diagonales. Por la mañana, Ricardo Barreda se levantó temprano y se fue a tomar mates a la casa de María “Pirucha” Mercedes Guastavino, una vieja conocida.

Llegado el mediodía, regresó a su casa y se dirigió a su cuarto. A partir de acá, solo se tiene una versión de los hechos. Pasados unos minutos, decidió bajar a la cocina, donde se encontraba su esposa y le dice:

―Voy a limpiar las telarañas del techo.

―Qué bien. Andá a limpiar que los trabajos de conchita son los que mejor hacés.

―¿Sabes qué? El conchita no va a limpiar nada la entrada. El conchita va a atar la parra ―respondió Barreda.

Acto seguido, se dirigió a un mueble que estaba ubicado debajo de la escalera para buscar un casco y un delantal de lona gris para protegerse y no ensuciarse. Fue ahí cuando visualizó la escopeta que años atrás le había regalado su suegra: una Víctor Sarrasqueta de dos caños y calibre 16,5.

Según su relato, en ese instante sintió como si el arma lo estuviese llamando, implorando que la agarre, la cargue y la hiciera estallar. Él “obedeció” a esa voz que sonaba en su cabeza. Tomó la escopeta y se dirigió a la cocina. Allí le disparó dos veces a Gladys, la primera en el pecho y la segunda en el costado.

Luego mató a su hija Adriana, quien se encontraba junto a su madre. Ante los estruendos de los disparos, Elena bajó a la planta baja, en donde fue asesinada. En la escalera, Ricardo se encontró con su hija Cecilia quien le dijo: “¡Qué hiciste, hijo de puta!”. Al terminar esa frase, Barreda le disparó tres veces.

Una vez cometido el cuádruple femicidio, desenchufó el teléfono, desordenó toda la casa y luego se fue a bañar. Se preparó para salir y cargó en su Falcon verde el arma homicida para deshacerse de ella. Tras desechar la escopeta, fue otra vez a la casa de “Pirucha”.

Unas horas más tarde visitó a sus padres en el cementerio y, por último, pasó a buscar a su amante por su casa, con quien fue a comer unas pizzas y tomar algunas cervezas. Cuando terminaron, se dirigieron a un albergue transitorio y, una vez acabado el turno, él la dejó en su casa. Finalmente, Barreda regresó a su hogar y llamó a la policía.

“Entraron a robar a casa. Hay cuatro bultos”, mintió por teléfono. Las patrullas no tardaron en llegar. Les peritos empezaron a realizar su trabajo, mientras que consultaban con el femicida qué había sucedido y descubrieron inconsistencias en su relato. Su versión era que llegó y las encontró muertas.

Eso también llamó la atención del subcomisario Ángel Petti, a quien le sorprendió lo sereno que estaba. No se lo notaba afectado por la escena que estaba observando. Actitudes que convencieron al subcomisario de que el responsable de esos asesinatos estaba enfrente de él. Por eso, invitó a Barreda a su despacho para que pudieran charlar. Tras una larga conversación, terminó contando dónde arrojó el arma.

La casa donde Barreda asesinó a toda su familia. Crédito: Amino Apps

¿Simulación o demencia?

Como se había declarado responsable de los asesinatos, lo que se trató de probar en el juicio oral era si lo podían juzgar como una persona que fue consciente de sus actos. De esta manera, sería condenado a cadena perpetua o se lo internara en un neuropsiquiátrico. Esto condujo a una constante pelea entre les peritos, psiquiatras y psicólogues para determinar la sentencia.

La defensa del odontólogo no negó la autoría de su cliente en los asesinatos. Si él no hubiese confesado dónde había desechado las partes del arma, balística nunca las hubiese encontrado.

Durante el transcurso del juicio, declaró: “Yo no era yo. Cuando pasó lo que pasó, yo no era yo. Era otro. Un extraño. Un desconocido que llegó a hacer lo que yo nunca hubiese hecho. Discutí con mi esposa y una nebulosa me hizo perder la noción de las cosas. Escuché voces y vi los bultos en el suelo”. 

Agregó: “¡Dios mío, qué he hecho! La idea de matarlas la tenía en la cabeza. Me humillaban todo el tiempo. No sé por qué, pero se me había metido en la cabeza una idea fulera. Una idea fuerte. Una idea fija. Una idea de muerte. Eran ellas o yo”. A pesar de este comentario, Ricardo Barreda jamás se consideró enfermo.

El 14 de agosto de 1995, les jueces María Cecilia Rosenstock, Eduardo Hortel y Pedro Luis Soria condenaron a Barreda a prisión perpetua por los asesinatos, agraviados por vínculo, cometidos el 15 de noviembre de 1992.

La sentencia estuvo dividida, ya que la jueza Rosenstock consideró: «He llegado a la íntima convicción de que Barreda actuó sin posibilidad de comprensión de la criminalidad del acto y de dirigir sus acciones por hallarse afectado de una psicosis delirante sistematizada y crónica, bajo la forma de delirio de reivindicación».

Entrevista al femicida. Crédito: GERMAN CONDOTTO 

El regreso a las calles

Tras estar 13 años preso en la Unidad 9 de La Plata, el 23 de mayo de 2008 Barreda recibió el beneficio de prisión domiciliaria por su buena conducta. Vivió con su novia Berta, en un departamento de dos ambientes ubicado en el barrio de Belgrano, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En una entrevista con Canal 9, Barreda narró que si la situación que vivió se volvía a dar de la misma manera, él hubiese procedido como lo hizo. En la nota estuvo muy distendido y cómodo, contó chistes y denominó como irreal todo lo que él vivió.

Cuando le concedieron la libertad condicional, comenzó a salir a todos los lugares posibles. Ahí se vio reflejado cuál había sido la cobertura de los medios durante su caso. Convirtieron a Barreda en una especie de “ícono”. Si bien hubo personas que no olvidaban lo que había hecho, varias lo celebraban y aplaudían.

Tras salir de la cárcel Barreda se encontró con Berta André, su nueva pareja. Crédito: Amino Apps

La violencia vuelve a hacerse presente en sus últimos años

En el año 2014, regresó a prisión por orden del juez Rubén Dalto. Este consideró que era peligroso para Berta que siguieran conviviendo juntos, debido a la violencia verbal y psicológica que ella sufrió por parte de su novio.

Pasó los últimos años de su vida deambulando por diferentes hospitales y geriátricos. Falleció el 25 de mayo de 2020, en un geriátrico de José C. Paz, a causa de un paro cardiorrespiratorio. Lo enterraron en el cementerio de esa localidad y en su tumba figura un epitafio: “arrepentido de mis pecados cometidos”.

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