
Teatro, música en vivo, cine, esos circuitos alternativos que cada vez suman más público. La cartelera está a full. Eso sí, conviene prestar atención a los horarios, porque varían según la propuesta.
Desde Nota al Pie recorrimos la programación de la ciudad y armamos una selección con lo más interesante para estos días. La mayoría de los planes, además, son gratis, porque disfrutar Buenos Aires no tiene por qué salir caro.
Isla Mujeres, entre la despedida y la promesa de lo nuevo
Isla Mujeres vuelve a los escenarios con una despedida. El show cierra el ciclo de «Barato Ideal», el disco que las llevó de La Plata a los oídos de un público cada vez más amplio. La cita es este jueves a las 19hs, con entrada gratis, en el Centro Cultural Borges, Viamonte 525, CABA.
La banda nació en 2014, como trío, con un EP que ya mostraba el rumbo: rock pop, indie y una pizca de electrónica, todo sostenido por coros que se cruzan y se responden entre sí. Ese cruce de voces es la marca de la banda.
Pues bien, este show no es solo un cierre. Es también un umbral. Isla Mujeres prepara un disco nuevo, con otra formación y otra energía, y el recital funciona como puente entre dos etapas. La propuesta gira sobre la memoria, sobre lo que queda de una etapa cuando empieza otra. No hay golpes de efecto. Hay canciones que se abren paso solas.
Faustina Sagasti, María Elena Radiciotti y María Amparo Torres cantan, tocan y cambian de rol sin perder el pulso del conjunto. Cada una lleva la voz principal en algún momento y eso arma un mosaico vivo, nunca repetido. Aziz Asse y Juan Francisco Obregoso completan ese tejido musical con precisión y sin protagonismo excesivo.
“Con un banquito puedo”, un obra para descubrir y disfrutar con los chicos
Con un banquito puedo propone algo que hoy suena casi rebelde: nada de pantallas, nada de efectos especiales. Solo un banquito de madera y cuatro narradoras dispuestas a convertirlo en lo que haga falta. Viernes, 17 horas. A la gorra, en el Teatro del Pasillo, Colombres 35, CABA.
La premisa es mínima, pero ahí está su fuerza. El banquito se transforma en casa, en cohete, en barco, en castillo, en árbol. Todo depende de la imaginación, no de la tecnología. La obra forma parte del proyecto Banquitos para contar, y apuesta fuerte al juego libre en una época donde las infancias viven rodeadas de pantallas que cambian cada dos segundos.
Ese minimalismo es su mayor virtud, pero también su desafío. Si la música y el cuerpo no sostienen la energía desde el minuto uno, los más chicos pueden dispersarse rápido. Ahí está el verdadero desafío para las intérpretes.
En escena, Norma Agüero, Vanesa De Marco, Ana Di Masi y Paula Poggio dan vida a esta propuesta, con música original de Erika Brandauer y diseño de luces de Valentín Terni. La dirección general es de Fernanda Gomez, y la producción corre por La Luna, Compañía de Cuentos. Un plan simple, para sentarse con los chicos y redescubrir que a veces, con muy poco, alcanza.

«El señor de las preguntas», cuando el teatro no busca respuestas
El señor de las preguntas mezcla comedia y drama con un dejo existencialista, casi absurdo. La escribió Jorge Amiano, que además actúa junto a Paula Molina y Lisandro Cavanna. La dirección es de Marcelo Martin. Sábado, 21 horas. Entrada gratis en Teatro Azul, Avenida Corrientes 5965, CABA.
La obra gira en torno a la comunicación y sus fallas. A esas preguntas que uno se hace a la madrugada y no encuentran respuesta fácil. Nada de bajadas de línea acá. El texto propone, insinúa, y deja que sea el espectador quien complete los huecos.
Hay una frase que resume bien el clima de la pieza: alguien confiesa que no sabe bien hacia dónde va, que hace tiempo una idea le da vueltas en la cabeza y no lo deja dormir. Los últimos días, dice, «se puso brava». Ese tono, entre cómico y desconcertante, atraviesa toda la puesta. El trío actoral sostiene el peso del texto con oficio. Cada pregunta funciona como motor, empuja la trama hacia adelante sin nunca cerrarla del todo.
En lo técnico, el vestuario es de Vanesa García, la escenografía de Valentina Ruzzante, la iluminación de Rodrigo Medrano y el sonido de Leandro Varela Vargas. Produce Jea! Producciones. Una propuesta para quienes disfrutan el teatro que incomoda un poco, que hace pensar sin apuro, y que no necesita cerrar cada pregunta con un moño.
“Escenas en el mar”, 16 milímetros y una tabla de surf rota
Este agosto incia con un ciclo de cine que rinde homenaje a Japón, con entrada libre y gratuita. El nombre del ciclo es “Miradas de Japón. Cine en fílmico”, y ya el título anticipa algo especial: cinco películas proyectadas en formato de 16 milímetros. Para los que aman el cine en su versión más pura, esto es una fiesta.
La primera función es Escenas en el mar, del director Takeshi Kitano, estrenada en 1991 y con una duración de 101 minutos. La función es este domingo a las 19hs, en la Casa del Bicentenario, Riobamba 985, CABA. La historia sigue a Shigeru, un recolector de basura sordo. Un día encuentra, entre los residuos, una tabla de surf rota. La lleva a su casa, la repara y sale a probarla en el mar. Ahí empieza todo.
Su novia, también sorda, lo mira desde la orilla. Un grupo de surfistas locales observa la escena con curiosidad. Shigeru insiste, cae, se levanta, hasta que la tabla se rompe otra vez. No tiene plata para comprar una nueva, así que espera. Espera el día de pago con la paciencia de quien ya eligió su camino.
En la playa, el dueño de una tienda de surf lo ve entrenar y queda conmovido por su constancia. Le regala un traje de neopreno y una inscripción para un torneo. Una historia simple, contada con la calma típica de Kitano. Cine puro, en su formato original, para disfrutar un domingo de agosto.

“Mugre Superstar”, la memoria de Cromañón sube a escena
Mugre Superstar, una obra que mezcla ternura, humor y un dolor que todavía pesa en la memoria colectiva. Habla de Cromañón. De la noche del 30 de diciembre de 2004. Y de todo lo que vino antes: el rock under, Cemento, el pogo como forma de vida. Este Domingo, 20 horas. Entrada gratis en la Sala del Café Artigas, ese rincón con nombre y apellido: José Gervasio Artigas 1850, CABA.
Hay un dato curioso, casi de esos que parecen guión. En 1967, Los Gatos compusieron «La Balsa» en un bar de Plaza Once. Treinta y siete años después, cruzando esa misma plaza, Omar Chabán fundó República Cromañón. Ahí, esa cultura que nació como símbolo de libertad, encontró su final.
Las actuaciones son el corazón de la propuesta. Pasan de la euforia a la angustia sin aviso, igual que el pogo, que acá funciona como metáfora de la vida y de la muerte al mismo tiempo. Una hamaca suspendida en el aire representa los sueños truncos, esos que quedan flotando entre lo que fue y lo que pudo ser.
La dramaturgia es de Natalia Buyatti y Santiago San Paulo, quien también dirige. En escena están Dolores Burgos, Martina Ansardi, Juan Luppi, Olave Mendoza y Paula Salanova. La música corre por cuenta de Joel Costas, con Hernán Ocampo en sonido.
La obra no juzga a Chabán. Lo mira de cerca, con una distancia justa, sin caer en golpes bajos ni en el morbo fácil. Eso permite pensar la tragedia desde otro lugar, más humano, menos etiqueta. A veinte años de Cromañón, esta obra propone un ejercicio necesario: mirar de frente lo que pasó, sin miedo, para que la memoria siga viva.

