
“Misery” es una propuesta teatral, protagonizada por Julia Calvo y Juan Gil Navarro, producida por Alberto Raimundo para Circus Entertainment Group. La obra cuenta con la adaptación de Daniel Botti y Manuel González Gil, bajo la dirección de este último, quien vuelve a abordar uno de los textos más perturbadores del autor conocido como “El Rey del Terror”, consolidando un equipo artístico de primer nivel. Las funciones se realizan los jueves, viernes y sábados a las 21h30 y domingos a las 21:15 en el Teatro Metropolitan (Avenida Corrientes 1343, Caba). Las entradas se pueden adquirir a través de Plateanet.
Basada en la novela de Stephen King, “Misery”, publicada en 1987, es una historia que ya tuvo múltiples versiones teatrales en todo el mundo y una recordada adaptación cinematográfica en 1990, protagonizada por Kathy Bates y James Caan, con una interpretación que marcó un hito en la historia del cine. Esta nueva versión teatral propone una mirada renovada del material, adaptada a la sensibilidad contemporánea, sin perder la tensión y el clima opresivo que la convirtieron en un clásico.
La obra narra la historia de Paul Sheldon, un escritor que intenta dejar atrás el éxito comercial de una saga romántica para iniciar una etapa más ambiciosa de su carrera. Tras sufrir un accidente automovilístico, es rescatado por Annie Wilkes, una enfermera solitaria que se presenta como su “fan número uno”. Lo que comienza como un acto de salvación se transforma en una pesadilla, cuando Paul descubre que está prisionero de una mujer obsesiva, dispuesta a todo para que su personaje favorito vuelva a la vida. El encierro, la manipulación psicológica y la violencia latente construyen un suspenso constante que no da respiro al espectador.
En Argentina, “Misery” tuvo un estreno recordado en 1999, con Rodolfo Bebán y Alicia Bruzzo como protagonistas, también bajo la dirección de Manuel González Gil, en el Teatro Metropolitan. Más de dos décadas después, el director retoma el desafío con una nueva dupla protagónica y una puesta actualizada, profundizando el terror psicológico y el vínculo enfermizo entre admiración y poder, un eje que hoy adquiere una resonancia renovada. La versión 2026 se perfila como uno de los grandes acontecimientos teatrales de la próxima temporada. Un regreso esperado, una historia que sigue incomodando y una invitación a enfrentarse, una vez más, con los rincones más oscuros de la mente humana.
Una charla con el director de “Misery”
Manuel González Gil es uno de los directores, dramaturgos y docentes más prolíficos y galardonados del teatro argentino, con más de 40 años de trayectoria en la escena porteña. Nota al Pie dialogó sobre su rol en la reciente versión de con una apuesta renovada que vive el presente, sin perder la esencia asfixiante que convirtió a esta historia en un clásico contemporáneo.

¿Cómo estás transitando el éxito de “Misery”?
Nunca dejo de asombrarme de que esto suceda. En este caso en especial fue muy buena la recepción del público. Están todos los teatros colmados con una propuesta mejor que la otra y “Misery” está en carrera en Buenos Aires. En estas tres primeras semanas, lo comprobamos también en la taquilla. Verdaderamente nos sentimos encantados con la respuesta que el público nos da.
El encierro, la manipulación psicológica y la violencia latente construyen un suspenso constante que no da respiro al espectador. ¿Cuál es tu opinión?
“Misery” propone una relación patológica entre un fan y su artista. Siento que ahí está lo medular de esa historia, y que es hermoso poderlo jugar en el teatro porque es contarlo a través de un vínculo. Esto es para mí sustancial, de que si bien toda obra que tiene suspenso, terror, puede ser contada con miles de estructuras, de artificios, y vos ves que tiene música y tensión, no deja nunca de ser ese vínculo que ese fan desarrolla tóxicamente hacia su admirado escritor. Lo hermoso es poder contarlo en el teatro.
En Argentina, “Misery” tuvo un estreno recordado en 1999, con Rodolfo Bebán y Alicia Bruzzo como protagonistas, también bajo tu dirección. En el 2026, retomaste el desafío con una nueva dupla de actores. ¿Cómo ha sido dirigirla en tiempos actuales a lo que fue en la anterior?
En esa primera versión que hice con ellos, tanto Rodolfo como Alicia plantearon una estructura absolutamente realista, nunca quisieron ni me propusieron como personajes salir de una estructura absolutamente realista. Siento que con Juan Gil Navarro y con Julia, tuvimos más permiso para explorar otras líneas. Pudimos jugar la fantasía, jugar hasta cierta situación de humor. Son cosas absolutamente marcadas también por tiempos diferentes y fundamentalmente por dos actores diferentes.
Argentina es uno de los países que vive el fanatismo con toda su intensidad especialmente con el fútbol. “Misery”, aunque no habla de fútbol, aborda el fanatismo intelectual.

No sé si es una época en la que se permitiría a los autores o a los escritores tener fanáticos. Me parece que es cada vez más difícil esa posibilidad, pero obviamente en este caso creo que lo que diferencia es que no es solamente el autor lo que mueve a la protagonista; sino el personaje que el autor ha creado. Annie, se identifica fundamentalmente con “Misery”, y además de ser fanática de la pluma de ese escritor, siente que la está creando a ella, que es alguien que la entiende, que la interpreta y que le da vida. Entonces es donde se produce la patología de su fanatismo.
Julia Calvo carga sobre sus hombros el desafío más complejo. Debe construir un personaje que inevitablemente remite a la inolvidable interpretación de Annie Walkes, pero lo hace desde una identidad propia.
Sí, y obviamente, también se construye a partir del personaje de Juan Gil Navarro. Creo que lo que me ha pasado desde el comienzo con Julia, es que han trabajado muy juntos con Juan. Ha sido un proceso de trabajo muy bello y Julia desde el primer ensayo, su personaje estaba latiendo. Encontró dos cosas que yo no pensé en el personaje, sorprendieron y obviamente las rescatamos. Una es que toda situación de miedo, de terror, genera una tensión tal al espectador que hace que éste a veces se ría nerviosamente. Ella provoca eso y otra cosa que me maravilló, fue que le dio una humanidad a un rol odiado. Hay una tremenda soledad que cuenta desde el personaje, que es bellísima también y le da otra comprensión al texto.
“Misery” provoca reacciones diversas
¿Cómo es tu estilo a la hora de dirigir?
En el proceso de los ensayos, generalmente como director y en este caso adaptador leo la obra, pienso en la escenografía, qué música quiero ponerle y hablo con el músico, con el iluminador. Empiezo los ensayos y sé por dónde va a entrar el actor, qué va a decir, qué va a hacer. Tengo todo planificado, pero suplico al cielo que cuando termine el ensayo, nada de eso haya quedado. Para mí es fundamental la interacción que tengo con los actores en el proceso de ensayos, y si me quedara nada más que con lo que yo pensé en mi escritorio y luego lo pusiera en mi puesta en escena, mi trabajo se achicaba mucho.
Cuando empiezo a trabajar con los actores, el trabajo se modifica, cambia y es distinto a lo que había pensado. Eso significa que mi trabajo está creciendo y que los actores me han dado opciones que yo no había imaginado, que las estoy tomando y que enriquecen lo que estamos trabajando.
¿Ya habías trabajado anteriormente con Juan Gil Navarro y Julia Calvo?, ¿tuviste que ver en la elección de sus roles o hicieron casting?
No hicimos casting y Luis Alberto Raimundo, el productor de la obra, me propuso al elenco. Con Julia habíamos trabajado en “El Diluvio que Viene” y “Porteñas”. Es una actriz en verdad completa y talentosísima. Con Juan nunca había trabajado. Lo había visto sí muchas veces lo vi en una versión de “Los Caminos de Federico”, que hizo en Mar del Plata, y me encantó su manejo del texto y su inteligencia. Siento que fue un trabajo muy lindo que hemos hecho entre los tres.
Una puesta en escena que genera emociones
¿Cuáles fueron las dificultades que tuviste que afrontar al transitar en el teatro, el género del terror y del miedo?
Vos sabés que eso fue lo primero que me di cuenta en la versión de Alicia y Rodolfo. La encaré con más inconsciencia. Pensé que era una estructura y me la llevé adelante, me tiré a dirigirla y empecé a darme cuenta que es tremendamente difícil, porque tenés que jugarlo fundamentalmente con la inducción que vas haciendo del público, con la que vas provocando a la gente. No podés jugar con la realidad de lo que pasa en ese escenario, porque no tenés la posibilidad de quebrar esas piernas como pasa en la película de las tremendas situaciones de violencia que pasan en la película. Todo se reduce mucho en el escenario y tiene sus propias reglas. Entonces jugás mucho más con la imaginación que la gente tiene que poner para que suceda lo que vos estás planteando que sucede. Necesitás de esa complicidad de la gente a la que le sugerís que entienda esa situación, que la acepte como realidad, y que vea lo que no está pasando que muchas veces se sucede en el apagón, en el grito y fundamentalmente en el vínculo que los actores generan.
Tuvieron pocos meses de ensayos y lograron una excelencia en la puesta en escena. ¿Cuál fue la fórmula para en tan corto tiempo lograr tanto?
Lo hicimos en mi estudio, creo que llegamos a una coincidencia plena y cuando pisamos el Metropolitan, ya la obra estaba terminada. Me dediqué fundamentalmente diez días a trabajar con lo técnico, las luces, el sonido, diagramar exactamente cada situación que tenía que ver con la estructura de la técnica porque ya lo actoral estaba absolutamente hablado entre nosotros, y fue adaptarlo al espacio, a la luz, al sonido y luces.
Se trabajó con muchísima intensidad todos los días, en la acción y también en la exigencia. Creo que ha sido un trabajo sumamente inteligente, charlado, consensuado, muy buscado. Nos dimos tiempo para explorar otras líneas, aceptar la que más nos gustaba. Fue un trabajo de búsqueda y si bien fueron nada más que en dos meses, te diría que fue casi menos, pero a pleno.
Este año se cumplen 19 años del fallecimiento de Alicia Bruzzo, ¿qué te genera su recuerdo?
La dirigí varias veces, teníamos una relación afectiva muy fuerte y un muy buen vínculo de trabajo. Cuando entré al Conservatorio Nacional de Arte Dramático, ella cursaba tercer año y era la mejor alumna. Fue admirada por los alumnos de esa época. La recuerdo con mucho afecto y sobre todo por ser una de nuestras mejores actrices.
¿Qué pregunta te gusta que el público se haga al salir de ver la función?
Me encanta escuchar los asombros, las interjecciones de asombro, de dolor. Hay como una gran inocencia cuando ven la obra, pero que también me permite darme cuenta que están absolutamente consustanciados con el vínculo que los dos actores le están contando, y no pido más que eso. Me alucina que puedan creer absolutamente toda la historia. “Misery” en ese sentido pasa a ser una experiencia casi inmersiva del público, porque entran en una situación que los transporta a un estado de ánimo que van viviendo con el vínculo que los actores le van contando. Es una situación de invasión sensorial que solo podría provocar el teatro. Estoy yendo a casi todas las funciones porque me encanta ver qué pasa con el público.

