Sep 26, 2022 | Política

Giorgia Meloni, la líder de ultraderecha, ganó las elecciones en Italia

Este domingo, la presidenta del partido Fratelli d'Italia se consagró como primera ministra. Nota al Pie repasa una carrera unida al Movimiento Social Italiano, nacido en la posguerra gracias a admiradores de Benito Mussolini.
La iconografía del partido de Meloni (retomando las primeras palabras del himno italiano) incluye la llamada “flama tricolor”, una reminiscencia del Movimiento Social italiano, creado por admiradores del dictador Benito Mussolini. Crédito: Andreas Solaro (AFP).

Giorgia Meloni, la presidenta del partido ultraderechista Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia, en español), ganó las elecciones de este domingo. Es la primera mujer en el cargo. Hace más de 30 años inició una carrera política en la rama juvenil de las fuerzas derivadas del fascista Movimiento Social Italiano (MSI). Luego, gracias a Silvio Berlusconi, se volvió la ministra más joven de la historia de Italia

¿Quién es Giorgia Meloni?

La ultraderechista nació en 1977 en el barrio popular romano de Garbatella. A los 15 años comenzó a militar en el Frente de la Juventud, la sección juvenil del MSI. Más tarde, en 2006, saltó al primer plano nacional cuando en fue elegida diputada en las listas del ultraconservador Alianza Nacional y llegó a ser la más jóven vicepresidenta de la Cámara

Dos años después, fue designada ministra de la Juventud del cuarto gobierno de Berlusconi, volviendo a ser la más joven en ese cargo. 

Actualmente sus socios para ganar las elecciones fueron el expresidente, con su Fuerza Italia, y la Liga de Matteo Salvini. Así, forman el primer gobierno soberanista y conservador de la Italia moderna.

Ya en las elecciones de 2013 la líder de ultraderecha tuvo su debut con Hermanos de Italia, alcanzando casi 700.000 votos; que le dieron nueve bancas en Diputados.

En 2016, tres meses antes de los comicios, a medida que su imagen subía en las encuestas, se presentó como candidata al Gobierno de Roma. Fue tercera, con 269.760 votos (el 20,62%), que le dejaron 50.000 apoyos del balotaje. En los últimos cinco años fue la única líder que se mantuvo en la oposición. Hasta hace unos días, encabezaba todos los sondeos de pie a las elecciones.

Meloni se define como parte de una “derecha de Gobierno moderna y occidental”. Por la prensa internacional es considerada como de extrema derecha o “neofascista”; pero, en Italia, se la llama de “centroderecha”.

En una entrevista con Télam, prometió que solo permitirá el ingreso de “inmigrantes que realmente tengan derecho a la protección humanitaria”, y postuló su creencia en que el mercado debe ser quien genere riqueza. Crédito: theobjective.com.

La polémica “flama tricolor”

La iconografía del partido de Meloni (retomando las primeras palabras del himno italiano) incluye la llamada “flama tricolor”, una reminiscencia del Movimiento Social italiano. Este nació en la posguerra por admiradores del dictador Benito Mussolini.

Para estas elecciones, mientras subía en las encuestas, Meloni debió moderar su discurso y distanciarse de esa época. Planteó que “la derecha italiana dejó el fascismo en la historia hace decenios, condenando sin ambigüedades la privación de la democracia y las infames leyes anti-judías”. Sin embargo, no quitó la flama.

También su discurso conservador se extendió durante la campaña con temas clásicos de las derechas soberanistas europeas. Prometió que solo permitirá el ingreso de “inmigrantes que realmente tengan derecho a la protección humanitaria”, y postuló su creencia en que el mercado debe ser quien genere riqueza, en entrevista con Télam. 

Su relación con parte de los feminismos también es tensa. Durante la campaña recibió críticas por proponer que, además de la existente Ley 194, que desde 1978 garantiza la interrupción del embarazo, se pueda “garantizar el derecho de que las mujeres que se encuentran en la situación de abortar puedan tener una alternativa”.

Su histórica postura contraria a China la emparenta a la candidata con las derechas soberanistas europeas. Ya en 2008 había llamado a boicotear la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Beijing. Sus críticas referían a la política del país asiático hacia el Tíbet. Sin embargo, no tuvo el respaldo del entonces premier Berlusconi. Este año volvió a atacarlos denunciando un “expansionismo chino” en América Latina, en declaraciones a Télam.

De todos modos, en los últimos meses buscó explicitar en sus intervenciones que no busca “rupturas con Europa”; sino “potenciar la voz de Italia y sus ciudadanos”. 

A mediados de septiembre sufrió una adversidad cuando sus eurodiputados y los de su socio Salvini defendieron al premier húngaro, el ultraderechista Viktor Orban; debido a que el Parlamento Europeo consideraba que el país ya no puede ser catalogado como una “democracia plena”.

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