Jun 24, 2022 | Cultura

Del ostracismo a la revalorización: la Ex Usina abre sus puertas a la cultura

Nota al Pie habló con Hebe Vázquez, integrante del movimiento “Usina Cultural”, que durante mucho tiempo apostó por otra forma de hacer cultura en este sitio. Enterate en esta nota todos los detalles sobre este nuevo espacio en la provincia
Foto 1 Vasquez hicimos proyectos para la proteccion del edificio y conseguimos la proteccion estructural del mismo. Creditos diario el libertador. Sebastian Molina
“Hicimos proyectos para la protección del edificio y conseguimos la protección estructural del mismo” expresó la artista e integrante del movimiento cultural. Créditos: Diario El Libertador

Sus puertas cerraron hace más de treinta años. Sin embargo, el arte y la cultura lo rescataron del olvido. Se trata de la Ex Usina eléctrica de la Provincia de Corrientes, en dónde se realizó la última edición de la Feria de Arte Contemporáneo

Allí se realizará la Feria Provincial del Libro el mes que viene. Este edificio reúne un importante valor arquitectónico para la ciudad y está en vías de convertirse en un destacado escenario para los más importantes eventos correntinos.

Si bien muches lo descubrieron a partir del último evento, este edificio ya cuenta con un importante historial cultural. Bajo el lema de “Usina Cultural Prendete”, desde el 2009 al 2011 surgió un movimiento que tenía como principal incentivo: ser une misme. 

“Se creó un espacio no solo para expresiones artísticas, sino para estar sin que nos miren feo”, comentó Hebe Vázquez, integrante del movimiento que ahora lleva el nombre de “Usina Cultural”.

“Había una conjunción de que, por un día, unas cuatro horas podías ir y simplemente ser lo que eras, hablar como hablabas, juntarte con quien te juntabas y estaba todo bien”, agregó al describir la atmósfera que conquistaron. 


Este edificio que data del siglo XX, tenía varias funciones. Allí se desarrollaban oficinas administrativas, la usina y una toma de petróleo sobre el Río Paraná. Durante mucho tiempo estuvo abandonado y en ocasiones hasta a punto de ser demolido. Sin embargo, el movimiento de la Usina Cultural lo rescató del ostracismo. 

Este estaba formado por un grupo de personas que buscaban un lugar para sus expresiones artísticas. Y finalmente, encontraron en la usina su lugar. “Lo vimos con otros ojos, realmente es un edificio que tiene un potencial increíble, es bellísimo, antiguo. Uno de los pocos vestigios de nuestro patrimonio industrial”, comentó Vázquez a Nota al Pie.

El nacimiento de una cultura disruptiva 

La época dorada de este movimiento se desarrolló durante los dos primeros años. Su nacimiento se da a partir de la unión de dos factores: la recuperación del patrimonio histórico de la ciudad y la necesidad de los espacios culturales. 

“Se nos ocurrió hacer una intervención cultural con la idea de visibilizarlo, con la idea de que cada uno fuera a hacer lo que sabía hacer”, dijo Vázquez. La historia está en cada rincón de este edificio. Una construcción que reunió a personas y a expresiones culturales que no tenían espacio hace unos diez años atrás.

 “La gente no tenía espacio, ni para aprender ni para mostrar las expresiones artísticas. Entonces empezamos a decretar a ese lugar como un espacio cultural a cielo abierto, para que puedan expresar sus habilidades y talentos”, agregó la joven.

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Según manifestó la joven, “en los últimos años han cambiado mucho las cosas. Antes sentía en serio que solo en la usina, los domingos y por cuatro horas podrías vestirte distinto y estaba todo bien”. Créditos: Usina Cultural

Los encuentros eran los domingos por la tarde y se realizaron dos reuniones semanales. Desde la autogestión se unificaban distintas expresiones del arte y cada une era parte de un espacio creativo y libre. 

No era solo el edificio o solo las expresiones culturales: “era un espacio en el que podíamos ir y estar tranquilos. En una sociedad tan dura con quien es distinto podías ir a hacer eso que te representaba”, agregó.

En Corrientes había espacios culturales, sin embargo, no mostraban aquello que era distinto. La joven también aseguró que la usina cultural permitió que estos otros espacios tengan otra impronta, y que en ese sentido “fue un punto de inflexión”.

Reclamos culturales

El edificio de la Ex Usina no solamente estuvo abandonado, sino que existía el rumor de una posible demolición para la construcción de un shopping. Teniendo en cuenta lo que significaba para este movimiento cultural, y por el valor arquitectónico que representa, fue que se realizaron intervenciones artísticas. 

Si bien también se hicieron pedidos formales para el rescate del lugar, las autoridades no respondieron favorablemente. Ante esto, el movimiento impuso una corriente de reclamar haciendo cultura. 

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“Las nuevas generaciones se permiten sentirse no representadas –por ejemplo- por el chamamé o el carnaval y no vivirlo como un conflicto y de igual forma encontrar otros nodos de pertenencias, de expresiones, como juntarse ‘Los Otakus’ en una plaza” manifestó Vásquez. Créditos: Usina Cultural

“Antes la cultura era algo que no estaba asociado a un reclamo, era solo espectáculo, disfrute, y no. La cultura puede tener un contenido profundamente revolucionario porque es la apuesta de cambiar los modos de ser de una sociedad”, dijo Vázquez.

Durante mucho tiempo el movimiento luchó para que las instalaciones de la Ex Usina fueran resignificadas. En su momento no fue posible, pero el gobierno de la provincia lo habilitó para eventos masivos, y esta situación despertó el cuestionamiento de por qué ahora sí, y antes no. 

La integrante de este movimiento aseguró que para que la cultura cambie había que ponerla en discusión. “Eso hacíamos y no solo desde el discurso, sino desde el hacer”, dijo. Agregó que “había que reclamar de una manera distinta, hacer reuniones y gestar una organización de una manera distinta. Y creo que eso también es el legado de la usina”.

Nuevos encuentros

Otras de las características que la joven destacó es que más allá del edificio, lo que surgieron fueron encuentros. En este sentido, lo definió como “un nodo, un lugar donde convergen muchas cosas y desde ahí surge algo nuevo”. 

Reconoció que si bien actualmente existen más espacios culturales “se da muy poco esto del intercambio, de horizontalidad, de construcción”. La intencionalidad desde un principio fue integrar lo disruptivo, pero también había un contenido fuertemente político. 


En este sentido, por ejemplo, estudiaban a Juan Carlos Romero, artista ligado al cuestionamiento y resistencia de las instituciones en el campo de las artes visuales. “Nos formábamos, leíamos, no estábamos cómodos en el modelo de la política cultural del gobierno. No era nuestra identidad y nuestro sentir no estaba ahí”, dijo.

Agregó que al no sentirse representades por las políticas que eran impulsadas desde las instituciones estatales “teníamos que poder construir algo distinto”.  Ese “algo distinto” era un lugar donde cada uno podía ser y expresarse. 

Ahora, 12 años después, la sociedad comienza a tener mucha más apertura a estos espacios, porque “ya no hay por qué esconderse, ya no hay por qué guardarse”, reflexionó Vázquez.

Por otra parte, en la última edición de la Feria ArteCo, en la que para participar de la misma se debía pasar por instancias de postulación y selección, este movimiento logró ser convocado. Mostraron objetos antiguos, banderas y fotografías de la historia del movimiento, y de esta manera volvieron al lugar que los vio nacer, al lugar que les permitió crecer.

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