Jun 11, 2022 | Cultura

Laponia: contiendas familiares en la tierra de Papá Noel

Una divertida comedia costumbrista para reflexionar sobre las verdades, las mentiras y sus consecuencias. Con dirección de Nelson Valente y adaptación de Ignacio Gómez Bustamante.
LAPONIA
Una comedia mágica con muy buenas actuaciones. Se presenta de viernes a domingo en el Teatro Picadero – crédito: @smwpress

Laponia, la divertida historia escrita por los catalanes Marc Angelet y Cristina Clemente, llega al escenario argentino bajo una certera adaptación de Ignacio Gómez Bustamante. Esta elevada tragicomedia se desarrolla en las heladas tierras de Finlandia, precisamente en su parte más nórdica, Laponia. La región mágica, que da nombre a una obra, no solo es hogar de las increíbles auroras boreales, sino que también, según la leyenda, es el sitio donde vive Papá Noel. Un viaje familiar, una disputa voraz sobre la educación infantil y las diferencias más superficiales hacen de esta obra una excelente oportunidad para ver buen teatro. Las funciones son los viernes y sábados a las 22.15 hs.  y domingos a las 20.30 hs. en el Teatro Picadero, Pje. Enrique Santos Discépolo 1857, CABA. 

Con gran ingenio, la obra entrelaza variados temas que mantienen en tensión al espectador hasta el final. Para esta lograda dinámica, cuenta con la dirección magistral de Nelson Valente, quien sabe mejor que nadie cómo plasmar sobre el escenario hechos de la vida cotidiana de forma sutil y natural. La adaptación argentina le saca el jugo a las diferencias culturales, a ese juego dispar de ver el mundo; y el resultado es una inmediata representatividad por parte de la platea, que festeja cada momento a pura carcajada. 

A su vez, el guión cuenta con suculentos condimentos como la ingenuidad, la ilusión, la inocencia y el retrotraerse a la propia infancia. Además del afilado contraste entre la frialdad de la cultura finlandesa y la argentina, que no solo resulta efectiva, sino que además invita a reflexionar sobre la verdad y la mentira. Un juego filosófico entre la razón y lo mágico como tarea para pensar en el hogar. 

LAPONIA
La obra reflexiona sobre la verdad, la mentira y la imposición a los hijos de las propias creencias – crédito: @smwpress

Elenco de gigantes

En escena solo se verán cuatro personajes principales, más allá que en la emocional historia participan o se cita a seis. Los protagonistas, traídos a la vida por increíbles actores, gozan de mucha actitud. La pareja argentina que viaja a las heladas tierras europeas son Laura Oliva y Héctor Díaz, más su hijo Martín de cinco años. Martín será el centro de varios debates en la obra, pero nunca está presente en las tablas. Oliva está estupenda, en un mixtura entre malhumor, perplejidad y una postura que se torna desafiante por momentos. Su personaje es quien suma los momentos más divertidos y más empáticos para los espectadores. Una madre que defiende que la magia y la ilusión estén presentes en la crianza infantil por el mayor tiempo posible. 

Los dueños de casa son Jorge Suárez y Paula Ransenberg, ambos tienen una hija, Aina, de cuatro años y medio de edad, quien tampoco aparece en escena. Una certera composición de Suárez funciona de contrapunto perfecto como un real finlandés, tanto en su decir como en impronta. En un sitio medio entre la ternura y la comicidad, resulta un acierto más en la frondosa carrera del actor. 

LAPONIA
Laponia tiene esa sutil virtud de hablar desde el humor sobre temas que importan de verdad. El cuarteto actoral brilla sobre las tablas – crédito: @smwpress

Una obra redonda 

Otra particularidad que no se puede dejar de destacar, es la rica y funcional escenografía, pensada al milímetro, creación de Rodrigo González Garillo. Cuidada hasta el más pequeño detalle, la escenografía no solo enmarca la acción de los protagonistas, sino que transporta a los concurrentes a una cocina y a un living moderno, con aire europeo. El diseño de iluminación está en manos de Matías Sendón y la música original de Gaby Goldman. En resumen, Laponia resulta una buena y sorprendente propuesta de casi hora y media de tiempo bien invertido. La obra funciona a la perfección, sin tiempos muertos en la actual surtida cartelera porteña. Es inevitable no divertirse y emocionarse con el preciado final que obliga al espectador a realizar una vuelta inevitable a la niñez. Una pieza con un guión excelente y actual que aporta varias lecturas, y cuenta con logradas actuaciones.

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