Ago 29, 2021 | Sociedad

Programa Espuma: una red de burbujas con impronta social

La iniciativa propone un triple desafío: social, ambiental y económico, al fabricar jabón a partir del reciclado de aceite de cocina usado.

Programa Espuma
Los jabones producidos en el Programa Espuma a partir de A.C.U. (aceite de cocina usado), con sello propio. Crédito: Programa Espuma.

Lo que para muches es basura, para otres es tesoro puro. Este es el caso del aceite de cocina. Una vez usado, suele ser desechado por la pileta, contaminando litros de agua y perjudicando al ambiente. Pero para un joven optimista, ese aceite es la materia prima de un emprendimiento que promete transformar realidades.

Nota al Pie dialogó con Nicolás Biolatto, un santafesino que hace espuma. Diseñó todo un proceso para elaborar jabón detergente sólido a partir del A.C.U., el aceite de cocina usado. Mediante un sistema de destilación, desodorización y saponificación, este desecho alimenticio se convierte en un producto higiénico. Y tiene un plus: es llevado a cabo por personas en situación de vulnerabilidad social.

Haciendo Espuma

El joven explicó que “Espuma es un programa de transformación comunitaria que abarca distintas facetas y distintas burbujas, de ahí un poco el nombre. Espuma proviene de la unión de burbujas, que consisten en jabonerías sociales, ubicadas en comunidades marginadas, que producen a través del reciclado de los A.C.U. (aceites de cocina usados)”. 

Allí se fabrican distintos productos, como detergente sólido y líquido y jabón de tocador. También se está desarrollando la técnica para producir jabón para lavar la ropa. “Se busca lograr la integración social y la independencia laboral a partir de la transformación y el cuidado del medioambiente, favoreciendo lazos sociales directos e indirectos”, definió el fundador del programa.

El proyecto tiene como precedente a Pepe Jabones, un emprendimiento personal de Nicolás. Con el tiempo se convirtió en una PyME dedicada a la fabricación y venta de jabones de cosmética natural con aceites vegetales. A partir de allí comenzó un trabajo de búsqueda y exploración sobre distintos materiales. 

Luego de diferentes experimentaciones, logró fabricar jabón detergente sólido a partir del aceite de cocina usado y empezó a difundir la técnica. Durante la pandemia, brindó charlas gratuitas virtuales acerca de cómo reciclar el aceite, incluso junto a Aguas Santafesinas. “El objetivo era que todas las personas en sus casas puedan reciclar el aceite y fabricar su propio detergente”, contó.

Impacto ambiental

Los aceites utilizados para freír son una problemática ambiental bastante grande ya que son muy contaminantes cuando se vierten a la red de agua. Un litro de ACU llega a contaminar 1000 litros de agua, lo que una persona ingiere en un año. Además, su acumulación en desagües cloacales y pluviales facilita la obstrucción de conductos y la proliferación de colonias de roedores e insectos.

El aceite que se tira en la pileta de la cocina llega a los ríos. Allí genera una capa superficial que impide el paso de la luz solar y del oxígeno, alterando la fauna y flora acuática. 

En aquellas casas que poseen pozo ciego, el hecho de tirar el aceite junto con el agua genera que se impermeabilicen las paredes del mismo, obstruyendo la absorción de líquidos.

También, al sacar de circulación el aceite usado, se impide que se comercialice a menor precio; lo que origina problemas de salud ya que el aceite usado es dañino.

Todo el programa además está atravesado por un movimiento internacional llamado Zero Waste o residuo cero. Estese basa en las 5R desarrolladas por la activista y escritora Bea Johnson: rechazar, reducir, reutilizar, reciclar y reintegrar.

Programa Espuma
A través de este programa de transformación comunitaria, se instalan jabonerías sociales ubicadas en comunidades marginadas, con un triple impacto: social, ambiental y económico. Crédito: Programa Espuma.

Impacto social

Las jabonerías sociales buscan ser un espacio para la reinserción en la sociedad de todas aquellas personas que, por distintos motivos, han quedado marginadas. Están integradas “por ejemplo, por personas con adicciones, población carcelaria, minorías sexuales, los excluidos por cuestiones económicas u otros motivos que hagan que queden marginados y que no puedan darse lazos sociales”. Por eso, estas jabonerías se arman en los barrios, directamente en territorio para acompañar cualquier tipo de problemática social. 

Se forma laboralmente a los usuarios que atraviesan el programa. “Se los capacita para desarrollar este trabajo, pero también se los acompañará en el futuro en cualquier emprendimiento personal que tengan si deciden continuar más allá de este proyecto. Queremos que estén siempre en comunidad. Buscamos generar y fortalecer los lazos sociales, tanto directos como indirectos. Que vuelvan a relacionarse con sus vecinos, con la propia comunidad donde viven”, comentó. 

Agregó que “todo eso se da en el intercambio de aceite”. Como contraprestación al aceite entregado, cada vecino recibe una muestra de jabón detergente producido en las jabonerías. “El objetivo es que no sea una donación, sino que sea una actividad realizada entre todos los que integran un barrio, una comunidad. De esta manera se logra valorar al aceite usado como una materia prima y no como un residuo”, afirmó Biolatto.


Impacto económico

Otro de los objetivos es poder lograr la independencia económica a través de la venta de los jabones. Se puede participar de jabonerías comunitarias junto a poblaciones socialmente vulnerables o emprender la propia fábrica personal. En este último caso, una parte de la ganancia de las ventas debe ser destinada a una institución social, definida por quien emprende.

Las vías y formas de comercialización son llevadas a cabo por les mismes integrantes de la jabonería.

Programa Espuma
Nicolás Biolatto, fundador de este programa que a partir de la unión de muchas burbujas, promete hacer espuma con compromiso social. Crédito: Programa Espuma.

Cómo ser parte del Programa Espuma

El Programa Espuma se encuentra actualmente en fase de financiamiento y búsqueda de sponsors, para comenzar a instalar las jabonerías en todos los puntos del país donde se requiera una. Se puede colaborar y ser parte desde diferentes aspectos y lugares:

  • Donando el aceite usado: tanto de uso domiciliario como de grandes centros gastronómicos
  • Empresas: pueden colaborar con ayuda económica a partir del sponsoreo de los talleres, como así también adquiriendo los productos a gran escala.
  • Siendo banco de aceite usado: por ejemplo, en lugares alejados donde todavía no hay un centro de acopio de esta materia prima. También en las escuelas, y que luego, a partir del intercambio, se autoabastezcan de productos de limpieza.
  • Desarrollando una jabonería comunitaria o individual.

Multiplicando burbujas

“La semana que viene vamos a inaugurar el primer banco de aceite en la Escuela Media N° 337 de Las Petacas, una localidad pequeña ubicada en el centro-oeste de Santa Fe.  Allí, los chicos del nivel secundario van a recolectar el aceite comunitario. También van a realizar una fase más: la destilación del aceite”, explicó entusiasmado Nicolás. 

A través de capacitaciones que van a realizar en conjunto con su docente, aprenderán a limpiar y desodorizar el aceite. “Los alumnos van a capitalizar un montón de conocimiento aportando un paso fundamental de este proyecto. Luego ese aceite será trasladado a las diferentes jabonerías, mientras que la escuela se va a autoabastecer de productos de limpieza. Por lo tanto, se puede nominar a un colegio para que sea captador de aceite y luego recibirá el jabón detergente”.

En el caso de buscar emprender una jabonería social, Nicolás aclaró que quienes quieran aprender, recibirán capacitaciones de Pepe Jabones y Espuma. Esto se puede hacer de forma colectiva o individual. En Santa Fe, la primera jabonería está instalada dentro de un centro de rehabilitación.

“A través de cursos gratuitos, aprenderán a realizar los jabones con el compromiso de ser los captadores zonales del lugar”, añadió. Además, deberán devolver una parte de lo recaudado con la venta, a una institución u organización social que ellos elijan, mediante la entrega de productos de limpieza. “De esta manera, cualquier persona no solamente puede independizarse económicamente, sino que también puede ser parte de una transformación social y ambiental”, indicó.

Como este programa no tiene fronteras, también ha llegado a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Allí, Matías Fornero, un promotor ambiental, va a replicar este proyecto en la Cooperativa Sur de reciclaje y también en el barrio La Carbonilla. “La idea es ir a capacitar a la gente de esa zona para que ellos puedan comenzar a fabricar los jabones. Por su parte, están gestionando una recolección puerta a puerta de los A.C.U.”, contó el fundador del Programa Espuma.

Detrás de escena

Nicolás Biolatto se define como una persona bastante movediza, que atravesó diferentes formaciones y proyectos. Desde su infancia, en su vida está incorporado el trabajo manual. Sus padres y abuelos supieron transformar la harina en pan, y sin dudas, él heredó el arte de las manualidades. 

Siempre se interesó por los temas sociales y por el trabajo artesanal. Estudió Arquitectura, pero al finalizar la carrera, dio un volantazo a su vida. Viajó a Buenos Aires para trabajar en el Teatro Colón, en el área de vestuarios y escenarios. También ejerció como vestuarista en varias obras de teatro; pero cuando éstos comenzaron a cerrar a partir del 2017-2018, decidió que era tiempo de darle otro giro a su vida.

Comenzó a capacitarse sobre jabones y sus procesos, un mundo que lo terminó cautivando. En plena pandemia lanzó Pepe Jabones, una línea de cosmética natural. Pero algo le faltaba: estar en contacto con los barrios y la problemática social. Antes había colaborado con diferentes proyectos, brindando clases de bordado en barrios vulnerables. Así surgió este programa, tramando una red de burbujas por todo el país con un triple impacto: transformación ecológica; mejora de lazos sociales e independencia económica.

Este ambicioso proyecto invita a valorar lo que se desecha para ser conscientes de lo que se genera. Todos los residuos se pueden separar y capitalizar en alguna iniciativa. Además, motiva a hacernos cargo como sociedad y como comunidad de la problemática de la reinserción social; a partir de una herramienta noble como es el trabajo manual.

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