May 25, 2021 | Cultura

159º aniversario de la muerte de Juana Azurduy

El 25 de mayo se conmemora la Revolución de Mayo. Pero también se cumple otro año más desde la muerte de esta generala que luchó por la independencia sudamericana. ¿Qué pasa con los personajes olvidados de la patria?
Juana Azurduy.
La imagen más conocida de Juana Azurduy. Créditos: Argentear.com.

Cada 25 de mayo se realiza en los colegios argentinos el acto en conmemoración por la Revolución de Mayo de 1810. Les chiques representan a diferentes personajes: los varones de la Primera Junta, las damas antiguas, criollos y españoles, French y Berutti vendiendo escarapelas son algunos de los clásicos. 

Pero hay otro abanico de personas que eran parte del ámbito social y político de la época. Así, les niñes también se visten como indies, esclaves, la típica “negra mazamorrera” que canta o vende empanadas, o el mulato que llevaba los faroles por las calles de tierra de la antigua Buenos Aires.

Estos personajes están relegados a un segundo plano. Son simples accesorios a una historia cuyo inicio, nudo y desenlace está a cargo del hombre blanco (y quizás algunas de sus mujeres). Los criollos del Virreynato del Río de La Plata eran los únicos que se podían dar el lujo de pensar en la independencia. O por lo menos eso se enseña en el colegio. 

Belgrano, San Martín, Mariano Moreno son nuestros grandes próceres. ¿Pero qué pensaban las minorías en ese momento? ¿Acaso no eran elles quienes más oprimides estaban? ¿Quién más que un esclavo, una mujer indígena, un mulato o mulata, podría desear el fin del yugo español? Según lo que se explica en los manuales escolares, estas personas se limitaban a ocupar el rol que la sociedad del 1800 dictaba.

Otro factor determinante es la locación geográfica. En las aulas se enseña sobre la pelea entre federales y unitarios. Los primeros querían que cada provincia pudiera tener su autonomía. Los segundos consideraban que Buenos Aires debía ser la capital del naciente país, donde se tomarían las decisiones más importantes para el mismo. 

Con esta lógica, ¿es posible que en los colegios (sobre todo en los bonaerenses) se enseñe la historia de otros personajes no tan conocidos? Por ejemplo, de hombres como Tupac Amaru y Martín Miguel de Güemes. O de mujeres como Juana Azurduy.

La teniente coronela del norte   

Juana Azurduy nació el 12 de julio de 1780 en Chuquisaca (actual ciudad de Sucre), una población ubicada en el norte de Potosí perteneciente al Virreinato del Río de la Plata (actualmente Bolivia). Fue hija de Eulalia Bermúdez, una “chola” o mestiza y de Matías Azurduy, un hacendado de raza. 

Juana tenía todas las características que en la época significaban no poder expresar deseos ni pensamientos. Era hija de una mestiza, y encima, mujer. ¿Cómo iba a pretender luchar a la par de su marido en las guerras por la independencia? Sin embargo rompió los moldes y así lo hizo. 

El 25 de mayo de 1809 (justo un año antes de la Revolución de Mayo, iniciada en el Cabildo de Buenos Aires), estalló la revolución independentista de Chuquisaca. Juana y su esposo,  Miguel Asencio Padilla , se unieron a los ejércitos populares y ayudaron a destituir al gobernador. Colaboraron en la formación de una junta de gobierno que duraría hasta 1810, cuando las tropas realistas vencieron a los revolucionarios.

Juana Azurduy a caballo.
Retrato de Juana Azurduy. Créditos: cultura.gob.ar.

Los libros la describen siempre con su uniforme de campaña. Llevaba una gorra militar sobre su rostro moreno. Debajo, una chaquetilla que solía ser escarlata o azul, adornada con franjas doradas. Completaba el atuendo un pantalón blanco de corte mameluco, con el que se apoyaba sobre su caballo. 

Les lugareñes la veneraban. Mario Pacho O`Donnell, en “La teniente Coronela”, escribió que “la mística alrededor de Juana continuaba creciendo en vastas regiones del Alto Perú, adquiriendo características sobrenaturales”. Según describió, la confundían con la Pachamama, “era adorada por los naturales, como la imagen de la Virgen”.

Junto a Miguel Padilla, estuvo a cargo de una organización militar conocida como «Los Leales». Lucharon ferozmente contra el imperio español. Por su valentía, Juana fue nombrada comoteniente coronel”. También, el mismo Manuel Belgrano le regaló su sable. Cuando su marido murió, se unió a las tropas de Martín Miguel de Güemes, que defendía lo que sería el norte argentino de las invasiones realistas. 

Sin embargo, pasó el resto de sus años en el olvido y la pobreza. Luego de la proclamación de la independencia de Bolivia, la Coronela intentó recuperar sus tierras, sin lograrlo, y murió en la miseria el 25 de mayo de 1862, a los 81 años en la provincia argentina de Jujuy. Fue enterrada en una fosa común.

La restitución

La ironía de la historia (¿o el destino?) hizo que Juana Azurduy falleciera un 25 de mayo. El pequeño Indalecio Sandi, un indiecito que vivía con ella, reclamó a las autoridades las honras fúnebres que le hubieran correspondido por su rango. Sin embargo, el mayor de plaza, Joaquín Taborga, “le respondió que nada se haría, pues estaban todos ocupados en la conmemoración de la fecha patria”, explicó en su texto Mario Pacho O`Donnell

Sin embargo, después obtuvo el reconocimiento merecido. Casi cien años más tarde, sus restos fueron exhumados y trasladados a un mausoleo en la ciudad de Sucre, Bolivia. En 2009 fue ascendida a Generala del Ejército argentino y mariscal de la república boliviana.

También se firmó un tratado internacional que instituye la fecha de su nacimiento como el día de la Confraternidad Argentina-Boliviana. Además, el gobierno nacional instaló una estatua en su honor, frente al Centro Cultural Kirchner, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

En la cultura también tuvo homenajes. La cantante de folclore Mercedes Sosa tiene un tema en su honor. Otro ejemplo es la página web de Chirimbote, que en su libro infantil de Antiprincesas la tiene como una de las heroínas principales.


¿La patria es blanca?

Pero esto aún no es suficiente. Faltan muchos años para que personas como Juana Azurduy sean ampliamente reconocidas por el pueblo argentino. Cuando se quiso instalar su estatua en CABA, por ejemplo, hubo muchas quejas. Ocupó el lugar de otra establecida en nombre a Cristóbal Colón.

Este hecho fue puramente simbólico. Se quitaba un signo de la opresión española, el hombre que “descubrió” América (que no estaba vacía sino repleta de originaries de estas tierras). En su lugar se colocó a una mujer, hija de una mulata, que había luchado en las guerras contra aquellos descendientes de Colón

¿Cuándo va a ser el momento en que hechos como este no susciten quejas? Reconocer esta parte vedada de la historia, que fue dejada de lado por la historiografía oficial del país, es necesario para descubrir las verdaderas raíces. Las consecuencias de la mirada eurocentrista que rige en la sociedad se ven hasta hoy, en los detalles de la vida cotidiana. 

Monumento a Juana Azurduy en CABA. Crédito: tarata21.com.

Cuando se aspira a un cuerpo hegemónico, por ejemplo, de cabello rubio y contextura delgada. También cuando en el acto del colegio les niñes quieren representar a los hombres de la Primera Junta y a las damas antiguas. ¿Quién desea actuar de la negra mazamorrera o del esclavo que servía a esas personas? 

Sin embargo, esas personas fueron nuestres antepasades. Negres, indígenas, mestices, de elles heredamos nuestros cabellos morochos, la piel morena, los cuerpos petizos y fuera de lo hegemónico. Es hora de que dejemos de aspirar a un ideal ajeno y empecemos a valorar lo que somos. Las raíces argentinas son variadas, e incluyen a todas estas personas, que deben ser recordadas.

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