Abr 1, 2021 | Sociedad

Malvinas duele y late los 365 días del año

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas   La guerra duró 74 días, pero la soberanía argentina sobre las Islas tiene siglos de historia. Malvinas es la lucha irrenunciable a la Identidad Nacional y la Memoria Colectiva de les 650 jóvenes que murieron en el campo de batalla, les más de 500 que se suicidaron al […]
Soldados leyendo el diario en las Islas Malvinas. Entre ellos, el ex combatiente Saúl Pérez. Crédito: Román ‘Polaco’ Von Eckstein

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas  

La guerra duró 74 días, pero la soberanía argentina sobre las Islas tiene siglos de historia. Malvinas es la lucha irrenunciable a la Identidad Nacional y la Memoria Colectiva de les 650 jóvenes que murieron en el campo de batalla, les más de 500 que se suicidaron al regreso y les miles de sobrevivientes y sus familias que aún hoy siguen sufriendo las consecuencias de la guerra. 

La legitimidad e imprescriptibilidad de la Soberanía sobre las Islas se basa en argumentos geográficos, el archipiélago se extiende sobre la plataforma continental argentina; históricos, fue usurpado por Gran Bretaña en 1833 con lo cual es parte de los territorios heredados de España a partir de la declaración de Independencia y jurídicos, Argentina, realiza reclamos diplomáticos permanentes frente a organismos internacionales.

En este sentido es importante recordar el dictamen de la Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental (CLPC), dependiente de las Naciones Unidas ONU, que el 11 de marzo de 2016 reconoció a las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y la Antártida Argentina como parte de nuestra plataforma marítima continental.

Malvinas no es solo un 2 de abril

Saúl Wilfredo Pérez, es un “soldado que combatió en la guerra de Malvinas” como él prefiere denominarse. Perteneció al Regimiento de Infantería Nº 6 de Mercedes, provincia de Buenos Aires. Evoca la guerra y se emociona. El peso de sus palabras conmueve y llama a la reflexión: “Malvinas no es solo un dos de abril, a nosotros nos desempolvan siempre el mismo día del mes de abril de cada año, pero para quienes estuvimos ahí, Malvinas late los 365 días. Significa Patria, Soberanía y Memoria por nuestro suelo, y por todos los compañeros muertos”.

Su historia es la de muches jóvenes a quienes a los 18 años les arrebataron la inocencia y la vida. “Nos sacaron los libros y los lápices, y nos pusieron en las manos un fúsil”, recuerda Saúl y se hace imposible no pensar en la valentía y el coraje de quienes derramaron su sangre y dejaron todo lo que tenían por defender la bandera argentina.      

El desembarco

El 13 de abril de 1982 la vida de Saúl, como la de muches jóvenes cambió para siempre. Tenía 19 años cuando el Hércules 130 aterrizó en Puerto Argentino. Recuerda que era de madrugada, que no podía ver nada por la oscuridad reinante y que solo cuando, a través de unas luces tenues, lograron divisar un cartel que decía Fuerza Aérea Argentina Aeropuerto Militar de Puerto Argentino se dieron cuenta que estaban en Malvinas.

“Los primeros días permanecimos en unas carpas al costado de la pista de aterrizaje hasta que luego nos trasladaron a un pozo más alejado de la ciudad porque se esperaban ataques inminentes al aeropuerto para bloquearnos la llegada de todo tipo de suministros”, relata Saúl.

La emblemática foto del soldado sentado en el piso leyendo el diario “Crónica” le fue tomada antes de que los trasladaran del aeropuerto. No recuerda con precisión la fecha en la que fue sacada pero sí que “había llegado una comitiva que acompañaba al dictador Leopoldo Fortunato Galtieri con periodistas de Télam que traían diferentes diarios.  Recuerdo que fui a leer algo sobre fútbol, y ni me di cuenta cuando nos la sacaron, pero lo más significativo fue que por esa foto mi familia se enteró que estaba vivo” expresa Pérez.

Foto cedida por Saúl Pérez

El frente de batalla 

Después de 45 días de estar “metidos en un pozo muy rudimentario en una zona por detrás de la ciudad de Puerto Argentino” se desató con mayor intensidad el conflicto bélico y, Saúl, junto a sus compañeros fueron enviados a la primera línea a orillas del mar. De esos días recuerda el frío gélido, el bravar del agua y las bombas explotando en la oscuridad. Aún hoy hay condiciones climáticas y olores particulares como el olor a leña quemada o la llovizna o el barro que lo retrotrae a esos lugares de Malvinas. 

Fue el 14 de junio cuando se desató la batalla final sobre Puerto Argentino. “Eran las 3.40 de la madrugada, ya hacía tres o cuatros días que veníamos soportando los cañoneos británicos pero ese día fue el último. Era una lluvia interminable de balas del bombardeo de helicópteros. Fue ahí cuando caí herido” recuerda Saúl y agrega “no quería que me sacaran del pozo, quería quedarme a resistir con mis compañeros”.

En el hospital militar de Puerto Argentino le realizaron las primeras curaciones y al día siguiente empezó la evacuación. Relata con dolor que lo más desgarrador de esos días fue escuchar los gritos de sus compañeres de internación llamando a sus mamás. Los trasladaron en el buque ARA Almirante Irízar al hospital regional de Comodoro Rivadavia. “De ahí nos llevaron a la base aérea de El Palomar, en Buenos Aires, donde nos esperaba un colectivo del ejército que nos condujo al hospital militar de Campo de Mayo. Estuve un mes y medio internado hasta que me hicieron los injertos en la pierna y me dieron el alta”, cuenta Saúl.

La Post Guerra 

“No vuelve la misma persona, no te recuperás nunca. Aprendés a llevar esa mochila, la acomodás a lo largo de los años y la llevás hasta el último día de tu vida. Lidias con el olvido, te sentís muy solo, en una burbuja en la que ves al mundo pasar, pero nadie te ve. No querés que sientan lástima por vos. Por eso, lo único que uno ha buscado a lo largo de estos años es reconocimiento y respeto” dice el ex soldado.

El Estado y la política tienen una gran deuda pendiente con les veteranes de guerra “a nosotros nos trajeron a oscuras, escondidos con las ventanillas de los colectivos tapadas con papel de diario cosa que nosotros no pudiéramos ver para afuera y que no nos vieran. Nosotros merecíamos otro recibimiento”, se desconsuela.

Foto cedida por el veterano Saúl Pérez

De acuerdo a los datos oficiales, se contabilizan 500 suicidios post guerra. “El Estado nos dejó tirados sin atención ni contención de ningún tipo. Éramos chicos que habíamos quedado mal y no nos dieron respuestas ni a nosotros ni a nuestras familias en materia de trabajo, vivienda ni salud. Es una gran deuda económica y de contención que a 39 años seguimos reclamando porque siempre, todos los gobiernos de turno, se han ido en promesas incumplidas”, asegura Pérez.

Las palabras finales de Saúl recuperan la importancia de recordar la soberanía sobre las Islas Malvinas: “No sé si podré algún día regresar a las Islas, lo haría hasta nadando, con mucho gusto, si pudiera entrar solo con mi DNI como si fuera una provincia más. Respeto a aquellos que han viajado, es un hecho humanitario visitar las tumbas de tus seres queridos, pero personalmente no puedo hacerlo bajo las condiciones de colonialismo que nos impone Inglaterra. No voy a entrar a Malvinas con un pasaporte extranjero”.

“El 2 de abril no es solo un feriado largo, pongan banderas en sus casas, en las ventanas, en el balcón, en memoria de aquellos hombres que entregaron su vida defendiendo ese territorio y los colores de esa bandera. Y al Estado le pido que siga reclamando en los estamentos internacionales nuestro derecho irrenunciable sobre esas tierras para que, por medio del diálogo, podamos ver izar y flamear nuestros colores en Malvinas”, resonaron las palabras finales de Pérez.

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