
El Gobierno argentino formalizó esta semana una protesta diplomática ante el Reino Unido por el ingreso sin autorización del buque militar HMS Medway a aguas de jurisdicción nacional, frente a las costas de Santa Cruz y Tierra del Fuego. Aunque la nota de queja lleva fecha del lunes 13, la Cancillería decidió mantenerla en reserva y solo la dio a conocer horas después de que la selección argentina venciera a Inglaterra, en medio del festejo por la bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» que exhibieron los jugadores en la cancha.
Según el comunicado oficial de la Cancillería, el Gobierno calificó el episodio como una «incursión militar británica» que constituye una violación de los compromisos bilaterales y advirtió que ese tipo de maniobras «profundizan la tensión en el Atlántico Sur».
El texto agrega que el movimiento del buque se enmarca en una política sostenida de actos unilaterales incompatible con las resoluciones de Naciones Unidas y con el compromiso de ambas partes de no alterar la situación mientras la disputa de soberanía siga sin resolverse.
La nota concluye reafirmando los reclamos históricos de soberanía argentina sobre Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.
En sus redes sociales, Quirno buscó despegar el anuncio de cualquier lectura futbolística: sostuvo que la diplomacia no funciona con la lógica de los goles, aunque, dijo, la mueve el mismo orgullo nacional.
En la diplomacia, el trabajo no se grita como en los goles, pero nos mueve la misma convicción: el orgullo de ser argentinos y la defensa permanente de nuestros intereses.
— Pablo Quirno (@pabloquirno) July 15, 2026
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Una detección que se conoció antes que la protesta de la Cancillería
El propio cronograma oficial dejó al descubierto la demora. El HMS Medway, con base en las islas Malvinas, había sido detectado por la Armada Argentina entre el jueves y el viernes de la semana previa, mientras navegaba rumbo a Punta Arenas, en Chile.
En esos días, la única voz oficial que se pronunció fue la del secretario de Malvinas de Tierra del Fuego, Andrés Dachary, quien habló de una nueva muestra de mala fe británica en la región. Desde la Cancillería, en cambio, el silencio se mantuvo mientras puertas adentro la prioridad era reconstruir cómo se había filtrado la información del incidente.
Recién el lunes se presentó la nota formal ante la embajada, pero su difusión pública quedó demorada hasta el miércoles, después del partido ante Inglaterra.
Cuestionamientos de la oposición
La secuencia de hechos generó fuertes críticas desde bloques opositores, que ya venían reclamando explicaciones por la lentitud de la respuesta oficial. El jefe del bloque de Unión por la Patria, Germán Martínez, apuntó directamente contra los tiempos elegidos por la Cancillería y adelantó que un grupo de diputados de su espacio pedirá que Quirno sea citado al Congreso para dar explicaciones.
En la misma línea se pronunció el ex secretario de Malvinas de la Cancillería, Guillermo Carmona, quien remarcó que el Gobierno esperó a que toda la atención estuviera puesta en el resultado deportivo para difundir el repudio a un hecho que, a su juicio, ameritaba una respuesta pública inmediata frente a lo que consideró una provocación inaceptable.
Para sectores de la oposición que siguen de cerca la política exterior, el episodio despejó una duda que venía de antes: si el Gobierno de Javier Milei directamente no reaccionaba ante las incursiones británicas, se mencionan al menos otras tres operaciones navales y aéreas en espacios bajo jurisdicción argentina, o si optaba por no publicitar esos reclamos para no tensar la relación con Londres. El propio comunicado oficial, sostienen, confirmó esta segunda hipótesis.

El trasfondo: la relación con Inglaterra y el viaje de Milei
El momento elegido para difundir la protesta no puede desligarse de la agenda bilateral que impulsa la Casa Rosada.
Milei prepara para fines de octubre una visita oficial a Londres, la primera de un presidente argentino al Reino Unido en 28 años, en el marco de una «Argentina Week» similar a la realizada en Nueva York, con la aspiración adicional de un encuentro con su ídolo Mick Jagger.
Todavía no está definido quién ocupará el cargo de primer ministro británico para ese entonces, tras la renuncia del laborista Keir Starmer.
El clima político sumó un condimento adicional en los días previos al partido: el líder ultraderechista Nigel Farage, con quien Milei también busca reunirse, publicó en X un mensaje provocador sobre repetir «todo de nuevo como en 1982», interpretado por medios británicos como una respuesta a declaraciones previas de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien había calificado el cruce futbolístico como un enfrentamiento contra «los piratas usurpadores».
A ese contexto se sumó la polémica por la decisión de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, de prohibir el ingreso a las tribunas de banderas con el mapa de las Islas Malvinas, por considerarlas contenido político, medida que muchos vincularon con la bandera desplegada finalmente por los propios jugadores en el campo de juego.

