
Las crónicas urgentes son como patadas de desesperación. La mano se apura para ordenar décadas de una cuerda creativa, que excedió por lejos la presencia irrepetible en la escena del rock nacional.
El Indio Solari, Carlos Alberto Solari, voz de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota conjuga en sus múltiples maneras de presentarlo la construcción colectiva de una cultura popular, que tuvo su bautismo en ese lejano 1976, en la ciudad de La Plata.
La marca de origen, en el comienzo de una época de dictadura que no admite eufemismos, habilitó la metáfora como vehículo de las resistencias.
Desde las formas hasta el contenido. Sus cassettes circulando clandestinos; sus primeros discos en la década del 80 y el salto a una masividad de culto (la complejidad es parte del asunto); el estallido de los 90 y el rock como refugio frente a la violencia de la cana y del poder, con Walter Bulacio como emblema y las giras por el país.
Si el territorio son los mapas, una de sus rutas la pueden marcar los viajes redondos.
El Indio Solari, vamos las bandas
Cada viaje a la Misa Ricotera para ver al Dios Pagano que fue puente de generaciones, era un encuentro con las letras exquisitas, la música potente que fue la canción de la vida para las bandas.
Las bandas que fueron a cada pueblo, a cada estadio. Las que juntaban el mango en las barriadas oscuras del neoliberalismo menemista, para tener en esa noche la luz que permitiera entender algo de lo que pasaba.
Y lo colectivo no solo en el escenario, con una formación que pone a Los Redondos en el podio de todos los tiempos (¿habrá quién dude de eso?), sino en el campo y las tribunas.
Porque ahí abajo, donde nacieron amores e historias, donde los cuerpos se mezclaban, el pogo se fue haciendo más grande y se agiganta con el tiempo.
Murió el Indio Solari y a este maldito viernes, en que las pantallas se llenan con su imagen, lo vamos a recordar por años.
Sabremos dónde estábamos, qué hacíamos en el exacto momento en que se frenó el tiempo.
Hoy, los ojos ciegos bien abiertos, más que nunca. Porque siempre vamos a desear hacer la revolución con una canción de amor.

