
Pasaron once años del primer grito colectivo de Ni Una Menos y las problemáticas estructurales continúan siendo las mismas. Este miércoles 3 de junio, organizaciones sociales, políticas, mujeres y diversidades autoconvocadas volverán a marchar en distintos puntos del país.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la convocatoria central tendrá lugar a las 17 horas frente al Congreso de la Nación, replicando el reclamo federal en plazas y calles de todo el territorio argentino.
Bajo la histórica consigna «Ni Una Menos» se agrupan hoy múltiples demandas que trascienden el pedido de justicia por los femicidios. A la desigualdad histórica en las tareas de cuidado —históricamente feminizadas y precarizadas— se suma la repercusión que tienen las políticas de ajuste del actual gobierno sobre las mujeres y disidencias.

Chiara y la raíz del grito
Si bien el movimiento se gestó en 2015, la consigna tiene antecedentes profundos. “Ni una menos” fue acuñada en los años 90 por la poeta mexicana Susana Chávez para denunciar los crímenes en Ciudad Juárez. En Argentina, el punto de inflexión fue el femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años que desapareció en mayo de ese año en Rufino, Santa Fe.
Mientras la comunidad la buscaba, su novio de 16 años, Manuel Mansilla, participaba de un asado familiar a pocos metros de donde había enterrado el cuerpo en el patio de su casa. Chiara, que estaba embarazada, fue asesinada a golpes tras negarse a abortar.
En 2017, Mansilla fue condenado a 21 años y 6 meses de prisión bajo la figura legal de femicidio (incorporada al Código Penal en 2012). Sin embargo, en 2021, la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe le rebajó la pena a 15 años.

Ni una menos y justicia por Agostina
Once años después del primer Ni Una Menos, la violencia se reitera. Mientras ciertos sectores intentan instalar la teoría de las «falsas denuncias», la realidad impone la dolorosa búsqueda de otra adolescente. Agostina Vega, de tan solo 14 años, salió de su casa engañada bajo la promesa de preparar una sorpresa para su madre, y nunca regresó.
Tras una semana de angustia, el desenlace fue el que nadie quería escuchar: el cuerpo de la menor fue hallado el pasado sábado en un descampado de la ciudad de Córdoba. El único imputado es Claudio Barrelier, un conocido de la madre.
Las pruebas en su contra son contundentes: registros fílmicos que muestran a la niña ingresando a su vivienda el día de la desaparición, contradicciones en sus declaraciones testimoniales, el impacto de una antena que rastreó su teléfono celular en la zona del hallazgo y el hallazgo de manchas hemáticas en su propiedad.
Barrelier ya tenía bajo su historial un caso de violencia de género ocurrido sólo un año antes. El 6 de mayo de 2025, una joven semidesnuda y maniatada escapó corriendo de su casa y pidió auxilio en un vecino. Ante el fiscal Iván Rodríguez, la víctima dijo que ese día había llegado a esa casa engañada por Barrelier, quien una vez adentro la amenazó con una pistola, la obligó a desnudarse y la ató con cinta de embalar. Sin embargo, estuvo sólo 20 días preso.
El paralelismo más alarmante no está solo en el crimen, sino en la reacción social y mediática que insiste en culpar a la víctima. Parecía haber quedado atrás la época en que los titulares tildaban a Melina Romero como una «fanática de los boliches que había abandonado la escuela», pero los últimos días demostraron que el sesgo no se erradicó.
En los medios se juzgó a Agostina por los contenidos que subía a la plataforma TikTok y se cuestionó el entorno de la madre por la cercanía con el presunto asesino. En contrapartida, las redes del victimario permanecieron blindadas y su historial fuera del escrutinio público. Circularon más veces los videos de la adolescente que el nombre del juez que, en su momento, decidió dejar en libertad al acusado tras una denuncia previa.
La violencia en cifras
Uno de los mayores logros del movimiento Ni Una Menos fue instalar los femicidios en la agenda pública, forzando al Estado a generar estadísticas oficiales. En 2015, la Corte Suprema de Justicia de la Nación creó el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina.
Según los datos del observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos” de la organización Mujeres de la Matria Latinoamericana (MuMaLá), se registraron 3.096 femicidios en el país entre el 3 de junio de 2015 y el 30 de mayo de 2026. En lo que va de 2026, el registro ya contabiliza 105 femicidios consumados y 420 intentos de femicidio. La estadística traduce una realidad intolerable: en Argentina, una mujer es asesinada por motivos de género cada 35 horas.

