
La instalación de una plataforma flotante privada en el Dique 2 de Puerto Madero abrió un nuevo conflicto urbano en la Ciudad de Buenos Aires. Se trata del Proyecto Macqua, que serían 42 locales entre los que se podrían encontrar comercios, gastronómicos, hoteleros y recreativos. Vecinos denuncian falta de información, ausencia de estudios ambientales y el avance del negocio inmobiliario sobre el agua, un bien público que vuelve a quedar en el centro de la disputa entre intereses privados y uso común.
En diciembre comenzaron las tareas para montar una estructura flotante sobre el espejo de agua del Dique 2. La iniciativa generó el rechazo de vecinos del barrio, que advierten sobre sus posibles consecuencias ambientales y cuestionan el modelo de desarrollo urbano que promueve este tipo de proyectos.
No es un caso aislado. Pese a que Puerto Madero es uno de los barrios más exclusivos de Buenos Aires, no cuenta ni con una escuela pública ni con una sala de primeros auxilios. Incluso, años atrás, la última parcela libre que debía destinarse al uso educativo terminó habilitada para la construcción de torres, una decisión que ya había despertado críticas vecinales.
El conflicto ahora se ubica en el agua que rodea Puerto Madero. En las redes sociales, vecinos del barrio se organizaron para visibilizar su rechazo al proyecto y lo calificaron como un “ecocidio” porque “no beneficia en nada al barrio, al contrario lo daña ecológicamente”. “No cumplen con nada de lo que tenían pactado, de limpiar los espejos de agua y ahora quieren poner más contaminación”, señalaron en Instagram. Desde el entorno del proyecto aseguran que la obra no tendrá impacto ambiental. Sin embargo, los vecinos sostienen que no se presentó públicamente ningún estudio de impacto ambiental, ni se realizó una instancia de participación ciudadana que permita evaluar las consecuencias de la intervención.
El proyecto de Puerto Madero

El Dique 2 es uno de los cuatro diques que se encuentran en Puerto Madero. Lo delimitan los bulevares Rosario Vera Peñaloza y Azucena Villaflor. El proyecto Macqua, según el portal Noticias Urbanas, “se llevará adelante en siete etapas y contempla la distribución de plataformas flotantes construidas sobre marinas de hormigón, con galerías comerciales de ambas márgenes, paseos peatonales, un restaurante, suites hoteleras y espacios pensados para eventos de gran concurrencia”.
Pese a que aseguran que tendría cero impacto ambiental, vecinos de Puerto Madero señalan que la obra “no tiene estudio de impacto ambiental” y no tiene permiso del Gobierno de CABA y no tiene un QR de obra cómo suele exigirse en este tipo de construcciones. Según la normativa ambiental vigente en la Ciudad, toda obra susceptible de generar impacto debe contar con una Evaluación de Impacto Ambiental y, en determinados casos, una audiencia pública, incluso cuando se trate de intervenciones sobre el agua. De acuerdo a los vecinos nada de eso pasó. 3
Los vecinos también se preocupan por los animales y las plantas que cicen allí: “Se ven cormoranes, peces, golondrinas, tortugas, patos, cigüeñas. Lamentablemente quieren poner en este espejo de agua, más de 100 estructuras de metal, donde quieren desarrollar un barrio, un shopping y demás inmuebles innecesarios. Este lugar se tiene que conservar cómo está, para que lo sigan habitando todo este tipo de fauna y flora autóctona”.
El conflicto por el Proyecto Macqua no aparece como un hecho aislado. Se inscribe en una política sostenida de privatización de tierras y bienes públicos en la Ciudad de Buenos Aires. Un informe del 2016 del Observatorio del Derecho a la Ciudad señaló que, en ese momento, las gestiones del PRO habían privatizado más de 200 hectáreas de suelo público, equivalentes a unas 200 manzanas de la Ciudad.
A fines de 2025, el mismo observatorio advirtió que la alianza entre el PRO y La Libertad Avanza proyecta la privatización de al menos 400 inmuebles en todo el país y 64 en la Ciudad de Buenos Aires, muchos de ellos pertenecientes al Ejército y al sistema ferroviario.
En ese contexto, la instalación de un complejo comercial sobre el espejo de agua de Puerto Madero vuelve a poner en discusión los límites del negocio urbano y el rol del Estado porteño. Para los vecinos, el interrogante es claro: si en uno de los barrios más ricos de la Ciudad no hay escuelas públicas ni centros de salud, ¿cuál es la prioridad detrás de sumar un shopping flotante sobre un bien común como el agua?.

