
“Me complace anunciar que las Autoridades Provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad y autorizado a los Estados Unidos”, anunció este 6 de enero el presidente Donald Trump en su cuenta de Truth Social.
Así reafirmaba el mandatario estadounidense su interés en las reservas del oro negro venezolano, como ya había confirmado en diversas declaraciones desde que Estados Unidos atacó Venezuela el pasado 3 de enero.
Esto pone en el centro de la discusión pública lo que sucede con los recursos naturales de América Latina y el Caribe. En esta región se concentra aproximadamente el 20% de las reservas de petróleo del mundo, el 25% de los metales estratégicos y más del 30% de los bosques primarios del planeta.
A continuación, un breve resumen sobre la riqueza en la región. ¿Cuáles son nuestros principales recursos naturales? ¿Cómo los utiliza cada país y quién se queda con el dinero de su explotación?
¿Recursos naturales o bienes comunes?
Antes de explorar su uso en la región, es necesario establecer una diferencia. El concepto de “recursos naturales” refiere a elementos de la naturaleza que las sociedades valorizan para satisfacer sus necesidades. Pero, en el último tiempo, se incorporó el concepto de “bienes comunes”, que cuestiona su uso mercantil.
En ese sentido, se establece que son bienes que pertenecen y responden al interés y a las necesidades de todas las personas que integran una sociedad. Por eso es menester conocer cuáles son los elementos naturales existentes en América Latina y el Caribe, para que sus pueblos luego puedan determinar qué hacer con ellos.
En la región, los recursos naturales cada vez se explotan más, tanto para el consumo interno como para la exportación. De esta forma, contribuyen al crecimiento económico regional. Sin embargo, su explotación ejerce presión sobre el medio ambiente y en muchas ocasiones profundiza la desigualdad social.
Según un estudio de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), en América del Sur todos los países dependen en gran medida de los recursos naturales. En Centroamérica y México, la dependencia es entre muy baja y moderada, con tendencias que varían de un país a otro. En cambio en el Caribe, el indicador varía mucho y va desde una dependencia muy baja, como en Saint Kitts y Nevis, hasta una muy alta, por ejemplo, en Belice, Granada y Guyana.

Una gran diversidad biológica
Nuestro continente es uno de los lugares con mayor riqueza biológica del planeta. Alberga el mayor número de ecorregiones marinas y terrestres, el 34% de los bosques primarios del planeta, y el 51% y el 41% de los anfibios y aves, respectivamente.
En ese sentido, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela figuran entre los 17 países que se consideran megadiversos por su gran riqueza biológica. Por ejemplo, la selva amazónica es la mayor reserva de biodiversidad del planeta, con flora y fauna únicas que no existen en ningún otro lugar del mundo.
A su vez, el Acuífero Guaraní -compartido por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay– es uno de los mayores reservorios subterráneos de agua dulce del mundo. Ríos como el Amazonas y el Paraná tienen un enorme potencial hidroeléctrico, explotado por países como Brasil.
“Sin embargo, los activos y el patrimonio de biodiversidad de la región no se tienen en cuenta cuando se planifica el desarrollo: en lugar de ello, la región también destaca por la magnitud de la amenaza que se cierne sobre la biodiversidad”, asegura la CEPAL.
El organismo explica que alrededor de una quinta parte del empleo de la región depende en gran medida de los servicios ecosistémicos (como la agricultura y el turismo), aunque la gran mayoría corresponde a microempresas y pequeñas y medianas empresas (mipymes) y a sectores de subsistencia. Estos “tienen poca capacidad para llevar a cabo una transición sostenible sin apoyo”, manifiesta.
“Los que más se benefician del uso insostenible de la biodiversidad no son los que más sufren las consecuencias de su deterioro, y esa es la causa primordial de muchos conflictos profundos”, agrega. Cabe recordar que la región es conocida por sus violentos conflictos ambientales: entre 2012 y 2021, el 68% de los asesinatos de defensores de la tierra que se cometieron en el mundo ocurrieron en América Latina y el Caribe.
El suelo latinoamericano como granero del mundo
La agricultura contribuye de forma considerable a la economía de América Latina y el Caribe: en 2021 representó el 22% del valor total de las exportaciones, el 5,5% del PIB y el 14% del empleo.
Se trata de una región exportadora agrícola neta. En ese sentido, desde la década de los ’90 se extendió el monocultivo, con un claro predominio de los productos derivados de la soja, sobre todo en América del Sur.
De esta manera, el sector agrícola de la región enfrenta importantes retos socioeconómicos y ambientales. Entre ellos, las características del modelo de producción, expresadas en las modalidades de uso de la tierra, el cambio de uso de esta, las emisiones de gases de efecto invernadero, la heterogeneidad estructural y las brechas de productividad.

La minería
La región es una gran productora de diversos minerales. Según la CEPAL, alberga el 47% de las reservas mundiales de litio, el 36,6% de las de cobre, el 34,5% de las de plata, el 23,8% de las de grafito natural, el 20,6% de las de estaño, el 18,8% de las de hierro, el 16,7% de las de tierras raras y el 15,7% de las de níquel. También produce más del 50% de la plata mundial, el 37% del cobre, el 36% del molibdeno, el 37% del litio, el 20% del estaño y el zinc, y el 16% del hierro.
El “Triángulo del Litio” (Bolivia, Argentina, Chile) concentra más del 47% de las reservas mundiales de litio; mientras que Brasil posee más del 85% de las de niobio (clave para la producción de aceros de alta resistencia, superaleaciones para aviones, cohetes y tecnologías espaciales).
A su vez, Perú, Chile y Bolivia tienen depósitos significativos de minerales estratégicos como telurio y germanio, que son escasos a nivel global. Por su parte, México es el mayor productor mundial de plata, y Perú y Bolivia también tienen importantes reservas.
En los dos últimos decenios, América Latina y el Caribe atrajo cerca de una cuarta parte del presupuesto mundial de inversión en exploración en el sector de la minería de metales no ferrosos.
Algunos retos para la minería de la región son la transición hacia un modelo más eficiente, sostenible e inclusivo; mejorar las repercusiones económicas y sociales en las poblaciones de las zonas ricas en minerales; la integración regional en cuanto a normas y los procedimientos fiscales, sociales y ambientales, y desarrollar cadenas de valor regionales.
Los hidrocarburos
Finalmente, el bien que está en boca de todes desde el pasado 3 de enero. La región cuenta con importantes reservas de petróleo y gas natural, la mayoría de las cuales se concentran en Venezuela. El resto se distribuye en unos pocos países, sobre todo Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Guyana, México, Perú, Surinam y Trinidad y Tobago.
La diferencia es muy grande, Venezuela posee el 17,5% de las reservas mundiales de petróleo, mientras que las demás naciones latinoamericanas el 1,5%. La situación es similar en el caso del gas natural: Venezuela cuenta con el 3,3% y el resto de la región, el 1%.
En cuanto a su uso, hay economías productoras y exportadoras netas, como Bolivia, Colombia, el Ecuador, Venezuela, Trinidad y Tobago y Guyana. “El grado de especialización productiva hace que esos seis países dependan, en mayor o menor medida, de las exportaciones de combustibles fósiles y sean muy vulnerables a las fluctuaciones de los precios internacionales”, alerta la CEPAL.
Por su parte, Argentina, Brasil, México, Perú y Surinam son productores e importadores netos, y en ellos se registran déficits muy bajos o superávits en la balanza comercial de combustibles fósiles. El resto de las economías de la región, algunas de las cuales tienen escasas capacidades de extracción y refinado, como Chile, son importadoras netas y tienen importantes déficits comerciales.

