
1- La madrugada de la ruptura
El punto de quiebre se produjo en la madrugada del sábado 3 de enero. La capital, Caracas, y otras ciudades venezolanas fueron escenario de bombardeos selectivos y el sobrevuelo de aeronaves militares estadounidenses contra objetivos civiles y militares.
De forma simultánea a la declaración del estado de emergencia interna, se confirmó la captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, quienes fueron trasladados de inmediato a territorio estadounidense.
En un principio se lo presentó como un operativo «limpio y quirúrgico», pero con el correr de las horas se conoce que hubo resistencia de parte de la custodia de Maduro y que el accionar, que contó con 10 helicópteros, cerca de 100 hombres y un apagón a partir de un hackeo en varias zonas de la capital venezolana, también costó la vida de alrededor de 80 personas.
La operación militar, calificada por los aliados de Caracas como una «agresión» y un «secuestro ilegal», trasladó la disputa del plano político al judicial.
Maduro fue puesto a disposición de la justicia de Estados Unidos en Brooklyn, enfrentando cargos vinculados a narcoterrorismo y tráfico de drogas, lo que Washington utilizó como justificación para su incursión, alegando que el régimen de Maduro constituía una amenaza narcoterrorista directa para la seguridad estadounidense (Artículo 51 de la Carta de la ONU).
2- La respuesta institucional y la presión de Washington
Ante la ausencia forzada del mandatario, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), activó la ingeniería institucional, designando a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como presidenta encargada.
Desde el Palacio de Miraflores, Rodríguez asumió el desafío de sostener el orden interno y demostrar legitimidad en un contexto de intervención militar extranjera. Su primer paso fue reunirse con la cúpula militar para garantizar el alineamiento de las Fuerzas Armadas, convertidas en el actor decisivo de la contingencia.

La presión de Washington no se hizo esperar. El presidente estadounidense, Donald Trump, redobló su ofensiva, insistiendo en que su país estaba «a cargo» de Venezuela. En declaraciones a la prensa, Trump afirmó que el objetivo de la operación era la «paz en la Tierra», pero condicionó cualquier transición a que se cumplieran los objetivos de Washington, en particular, abrir el acceso a la inversión estadounidense en las enormes reservas de crudo de Venezuela.
Además, el mandatario estadounidense lanzó amenazas contra otros países y territorios, incluyendo Cuba, Colombia, México y Groenlandia (territorio de ultramar que pertenece a Dinamarca), advirtiendo que «si no se portan bien, lanzaremos un segundo ataque».
3- El repudio regional: «No a la Intervención Yanqui en Venezuela»
Mientras la crisis se desarrolla en Caracas y en los tribunales de Nueva York, la respuesta popular y política en la región es inmediata. El mismo sábado 3 de enero, una multitudinaria movilización se concentró frente a la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, para repudiar la agresión imperialista.
Bajo la consigna «No a la intervención yanqui en Venezuela», la actividad unificó a numerosas organizaciones políticas, sociales y gremiales.
La movilización repudió enérgicamente el ataque y denunció el bombardeo y el secuestro de Maduro y Flores como un «gravísimo ataque contra la soberanía de Venezuela y la de todos los pueblos de América Latina».
También se coincidió en destacar que la injerencia criminal del imperialismo norteamericano responde a claros intereses en los recursos naturales y estratégicos, y exigió la libertad inmediata del presidente y su compañera, convocando a la solidaridad internacional con el pueblo venezolano.
Ellas son nuestro ejemplo ✊🏼
— Silvia Saravia (@silvia_saravia) January 5, 2026
Hoy a las 17 hs, vamos nuevamente a la Embajada de los Estados Unidos. #LaLuchaSigue#FueraYankis#MileiCipayo pic.twitter.com/MJ7twM9NZ4
4- El eje geopolítico en Caracas
La crisis venezolana se convirtió rápidamente en el eje de la disputa geopolítica global. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), convocó a una sesión de urgencia a pedido de Colombia, con el respaldo de Rusia y China, para evaluar si la incursión militar quebrantó la soberanía nacional y la Carta de las Naciones Unidas.
Desde la sede de la ONU, el embajador venezolano Samuel Moncada calificó la detención como una «guerra colonial» destinada a controlar los recursos energéticos del país. La comunidad internacional se encuentra dividida entre las condenas a la operación militar, los respaldos a la «transición» impulsada por Washington, y las advertencias sobre el peligroso precedente que implica la captura de un jefe de Estado en funciones.

5- Reacción en Argentina ante la situación venezolana
En el marco de la actual situación en Venezuela, se registró una significativa respuesta en Argentina. En la ciudad de Buenos Aires, una coalición integrada por diversas organizaciones políticas, sociales y gremiales convocó a una conferencia de prensa con el propósito de manifestar su postura frente a la intervención de Estados Unidos y la detención del presidente venezolano.
Bajo la premisa de rechazo a la intervención externa en Venezuela, los sectores convocantes expresaron su desacuerdo con los ataques aéreos reportados sobre Caracas y solicitaron la liberación de Nicolás Maduro. Asimismo, señalaron su preocupación por las posibles consecuencias de las acciones estadounidenses en la región.

El encuentro se centró en la defensa de la soberanía nacional, el rechazo a las intervenciones militares extranjeras y el análisis sobre el uso de la captura de jefes de Estado en funciones como un recurso dentro de la política internacional.
Finalmente, las organizaciones solicitaron un pronunciamiento y una respuesta coordinada por parte de los gobiernos regionales y de los organismos multilaterales correspondientes.

