
Chile transita la última semana antes del ballotage del 14 de diciembre en medio de una campaña marcada por la polarización y la incertidumbre. Por primera vez, el país elegirá presidente con voto obligatorio e inscripción automática, un cambio que incorpora entre cinco y seis millones de personas que deberán acudir por primera vez a las urnas y que, según los analistas, podrían inclinar la balanza en una contienda ferozmente abierta entre José Antonio Kast, líder de la ultraderecha republicana, y Jeannette Jara, candidata del oficialismo y del Partido Comunista.
La primera vuelta dejó un margen estrecho: Jara obtuvo el 26,85% y Kast el 23,93%. Pero los últimos sondeos publicados antes de la veda, impuesta por ley 14 días antes de la elección, mostraban a Kast por encima del 50% de la intención de voto. Aun así, el escenario dista de estar cerrado.
La elección se decide en un terreno difuso donde los votantes moderados, indecisos y abstencionistas de noviembre aparecen como el eje central de la disputa.
Chile: una campaña que gira hacia el centro
La recta final mostró un viraje evidente. Kast, conocido por su dureza en seguridad y migración, suavizó el discurso y buscó sumar apoyos en la derecha tradicional. En las últimas semanas logró incorporar los respaldos del libertario Johannes Kaiser y de Evelyn Matthei, referente del sector conservador, quienes juntos sumaron más del 25% en la primera vuelta.
Jara, en cambio, intenta ampliar su base más allá del oficialismo. Apela a sectores de la centroizquierda y a quienes rechazan a la extrema derecha. Su estrategia se apoya en propuestas económicas y sociales y en eliminar temores sobre su filiación comunista. Pero ese desafío no es menor. Como señala John Henríquez, de Faro UDD, “el Partido Comunista genera más resistencia no solo por parte de la derecha sino también por parte de muchas personas apolíticas o más moderadas, del centro político. Hay una desconfianza”.

Los analistas coinciden en que la clave está en quién logre mostrarse capaz de gobernar un país profundamente fragmentado. “Hay un 90 o un 95% de probabilidad de que gane José Antonio Kast”, evaluó Raúl Elgueta, del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago, aunque advirtió que la medición del voto indeciso es “especialmente difícil”.
La batalla por el voto indeciso: un territorio volátil
Los sondeos del Centro de Estudios Políticos (CEP), dividen a los indecisos en dos grandes grupos.
Por un lado están los “desapegados”, que no votaron en 2021 y están desilusionados con la política institucional. Según CIPER, se trata del segmento “menos comprometido ideológicamente”, un “voto flotante por excelencia” cuya preocupación central está puesta en la inseguridad, la inmigración y el empleo. Este perfil se acerca más al discurso de Kast.
Los “desinteresados”, mayores de 45 años, de ideas moderadas y con identificación de centro, pero distanciados tanto de la radicalidad de Kast como de la militancia comunista de Jara.
Ambos candidatos buscan captarlos intensificando recorridas, mensajes y gestos de moderación. Kast insiste en llamar a “la unión de la sociedad chilena” y promete gobernar con “cualquier persona que quiera dar su apoyo a las ideas de la libertad”. Jara, en tanto, intenta reducir la resistencia a su figura y reforzar un perfil más amplio, aunque todavía no logra disminuir la brecha que marcan las encuestas.
Migración y seguridad: los temas que ordenan el debate
El asunto migratorio se convirtió en uno de los ejes más fuertes de la campaña. Para Henríquez, “una migración descontrolada genera problemas de seguridad” y la postura de Jara es “insuficiente”. En contraste, valora la propuesta de Kast de regularizar y endurecer controles.
Elgueta, sin embargo, matiza: sostiene que se trata de “una crisis humanitaria que requiere una acción coordinada entre las naciones”, algo “muy complejo” en la región. Y advierte que el tono de ultimátum de Kast puede resultar efectivo “a corto plazo”, pero no resolver el fondo del problema.
Una porción clave del electorado proviene del Partido de la Gente (PDG), cuyo líder Franco Parisi obtuvo el 19,7% y quedó tercero. Tras una consulta interna, la fuerza resolvió no apoyar a ningún candidato y promover el voto nulo o en blanco. Aun así, sus seguidores muestran un perfil antisistema que, según Elgueta, “podría acercarse al caballo ganador”, lo que favorecería a Kast.
Jara buscó contrarrestar ese movimiento con una visita a Antofagasta, donde adoptó propuestas del PDG, como rebajar el IVA a medicamentos o eliminar la cuota inicial para comprar vivienda, pero los expertos advierten que se trata de un voto altamente volátil y que suele decidir “a último momento”.
Un ballotage abierto en un país dividido
La elección del 14 de diciembre definirá al próximo presidente de Chile para el período 2026-2030, en un clima donde la polarización convive con un componente decisivo: millones de electores que llegan obligados a votar, muchos de ellos por primera vez, sin identificación política clara y con preocupaciones centradas en la seguridad, la migración y la economía.
Todo indica que la llave del triunfo estará en el centro político y en ese electorado que aún no define su voto. En un país marcado por la incertidumbre, el resultado depende de quienes en 2021 se mantuvieron al margen y hoy, por primera vez con la obligatoriedad del voto, podrían decidir el futuro inmediato de Chile.

