Jun 11, 2023 | Cultura

Babasónicos y la defensa de la poesía desde la Trinchera del rock

Aún en plena exploración de su decimotercer trabajo, Trinchera, la banda conquistó el Movistar Arena con su estilo registrado. Una noche para dejarse encantar por la sabiduría de los amos de la metáfora, y acompañarlos en su travesía por una carrera de éxitos.
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En Trinchera, Babasónicos aborda temas existencialistas, como la muerte y la esperanza. Créditos: Guido Adler

El primer viernes de junio, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se postró, una vez más, ante la seducción de una de las bandas ícono de la escena argentina, y latinoamericana. Babasónicos, sinónimo de trasmutación musical, conquistó el Movistar Arena con su carisma casi pop creado en las fauces mismas del rock nacional. Aún bajo el refugio de esa divina Trinchera, su último trabajo de estudio, el show desplegó dos horas de puro lujo para los oídos y los corazones del público.

Una batalla contra la anacronía 

Unos minutos pasados de las 21:30hs, comenzaban a sonar los primeros acordes de “Mimos son mimos”, el primer tema de Trinchera, y así arrancaba lo que sería una noche de procesión por el dream pop, el indie rock, y la evolución, a través de los años, de un catálogo que coqueteó con todos los géneros cuál casanova.

Al frente, Adrián Dárgelos. Showman de pura cepa, casi un chamán hipnótico que no dejó, ni por un segundo, al público a su suerte. Acompañado de un espectáculo visual que invitaba a sumergirse  en la atmósfera profunda creada por el juego de luces y las melodías; tan bien ejecutadas que podrían inventar su propia clase de erotismo. 

Es que para Babasónicos toda la música es una performance tan natural como respirar. El público, una masa heterogénea de fans y oyentes casuales, se balanceaba en trance, como si estuviera siendo conducido a otra dimensión por un setlist que no dejó afuera ni a clásicos ni a nuevos.

La fusión de pasado y futuro

Desprendidos de su más reciente entrega, sonaron “Paradoja”, “Viento y Marea”, “Trinchera”, “Vacío”, “Capital afectivo”, “Anubis”, y el favorito de gran parte del público presente: “Bye Bye”. Una canción que, por momentos, se torna psicodélica pero nunca abandona el beat que hizo a todo el campo y plateas moverse mientras Dárgelos recitaba “me revuelco entre la muchedumbre y lo rozo todo”. Es que sí, esta pieza de rock moderno, que de a ratos es una mezcolanza con unos ochenta reimaginados, alcanzó cada recoveco e hizo bailar hasta al más incrédulo.

Luego de los últimos frutos de sus horas en el estudio, “los Babas” le dieron espacio a sus hits. “¿Y qué?”, “Microdancing”, “La Lanza”, “Pendejo”, “Los calientes”, “Yegua”, entre otros trajeron consigo una historia de éxitos impresos en la memoria colectiva.

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Las figuras de la banda aparecían y desaparecían en medio del espectáculo de luces, que definió la atmósfera durante todo el show. Créditos: Guido Adler

Con “El Colmo”, de su disco Anoche editado en 2005, el público coreó con ganas, y algo de melancolía, la parte más personal de la letra. “Por eso canción llevame lejos, donde nadie se acuerde de mí. Quiero ser el murmullo de alguna ciudad que no sepa quien soy”, rogaron miles de personas al unísono. Y Babasónicos respondió, regalándoles una velada donde todo se trató de celebrar el séptimo arte.

Una de las más ovacionadas de la noche, «Vampi«, se presentó bajo un manto de luces rojas a través de las cuales Dárgelos mostró, tal como lo haría a lo largo de todo el show, sus pasos de baile.

El legado de Babasónicos 

Finalmente, alrededor de las 23 hs, sucedió uno de los encore más emblemáticos. Tras una breve pausa, luego de tocar “La Pregunta”, una pista introspectiva donde la banda da cátedra de cómo se hace un himno, toda la formación volvió al escenario. Esta vez, para el cierre las elegidas fueron “Como eran las cosas”, desenvuelta en un fondo de rosas y acompañada del llanto de fans y amores perdidos. Unos minutos después, “Putita” hizo que todos los celulares se elevaran para capturar, en cámaras y recuerdos, el hit para el que los años no pasan, ni pasarán. 

Como broche de oro, “Irresponsables” levantó a las masas por una última vez para despedirse, en estado de éxtasis total, de la brujería de Babasónicos. Un hechizo que duraría toda la vuelta a casa, y quizá, mucho más.

El color invisible 

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Babasónicos ya lleva más de tres décadas sobre los escenarios. Créditos: Guido Adler

La banda se formó en 1991 y, actualmente, está integrada por Dárgelos, al frente de esta máquina imparable de reversionar los sonidos y la lírica; Diego Rodriguez y Mariano Roger a cargo de las descorteses guitarras que pueden tornarse dulces para enrollar a la audiencia en esa magia con sello propio; y, un poco más atrás, se ubican los Diegos, Tuñon y Castellano, quienes se hacen responsables de teclados y baterías. 

Con cada canción, las visuales envolvían el Movistar Arena en una fiesta de estímulos que parecían un aurora boreal de los colores más lúcidos. En “Celofán”, ausente en el setlist pero siempre vivo en las listas de reproducción de esta redactora, la voz tan característica de Dárgelos pregunta: ¿cúal es el color invisible? La música, tan incorpórea como real, es el color que tiñe una vida marcada para siempre por la letra y música de Babasónicos.

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