domingo 19 de mayo de 2024

¿Es posible romper un corazón?

El Día de les Enamorades ofrece una oportunidad para hablar sobre el Síndrome del Corazón Roto. Nota al Pie dialogó al respecto con la Dra. Carolina Salvatori, médica cardióloga.
Corazón
El “Síndrome del corazón roto” puede producirse tras una situación de estrés inesperado, físico o emocional. Posee síntomas similares a los de un infarto. Crédito: Grupo Recoletas.

Para la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), el corazón se puede romper. Lejos de ser una leyenda, esto puede ocurrir y es importante saber de qué se trata para poder consultarse a tiempo o ayudar a quienes presenten sus síntomas.

El corazón se puede “romper” tras una situación de estrés físico o psíquico. Dentro del primero se encuentran, por ejemplo, someterse a una cirugía o una intervención. Por otra parte, el estrés psíquico puede deberse a una separación, duelo, despido laboral, desastres naturales o muerte de mascotas, entre otras. 

Todas estas emociones extremas pueden generar que, en algunas ocasiones, una persona pueda desarrollar un infarto. Y si bien se desconoce el motivo, se presenta en un hombre cada 10 mujeres. En el 85% de los casos reportados son mujeres postmenopáusicas, que, tras sufrir una situación de estrés inesperado, físico o emocional, presentan una liberación excesiva de adrenalina. 

Transcurrido el Día de les enamorades, fecha trascendental de “corazones rotos”, Nota al Pie consultó sobre este síndrome a la Dra. Carolina Salvatori, médica cardióloga, asesora del Consejo de Cardiología Clínica de la Sociedad Argentina de Cardiología.

¿Cómo puede romperse un corazón?

La causa más frecuente de infarto de miocardio es la enfermedad aterosclerótica. “Es producto de factores de riesgo cardiovascular, que son modificables, como la hipertensión arterial, dislipemia, tabaquismo, diabetes, obesidad, factores psicosociales, entre otros”, comenzó explicando la especialista. 

También citó como ejemplo a otras causas no modificables, como antecedentes genéticos o la edad. Además, comentó que existe el llamado ‘Síndrome de Takotsubo’, síndrome del corazón roto o miocardiopatía por estrés, que fue descrito en los años 90 en Japón.

Indicó que dicho mal se produce por un estrés físico, como una cirugía o accidente, y también por una causa emocional, como una separación, muerte de un familiar, o asunto laboral. Se caracteriza por tener una presentación similar a la del infarto de miocardio.

Corazón
Después de los 50 años, la incidencia de enfermedad cardiovascular en la mujer aumenta paulatinamente con el envejecimiento y llega a superar a la del hombre. Crédito: Twitter Health IQ.

“Los síntomas pueden ser iguales al del infarto de miocardio convencional, que se da por oclusión de una arteria”, informó. Entre ellos se destacan el “dolor en el pecho, opresión , falta de aire, dolor en el brazo izquierdo, dolor en la mandíbula o sensación como si nos están ahorcando. También pueden ser atípicos como dolor en la boca del estómago o falta de aire”, mencionó la especialista.

“El electrocardiograma es patológico en ambos casos. Si disponemos de una ecografía en este síndrome es característico que se pare o esté afectada la punta del corazón. Si hacemos un cateterismo, que es un estudio invasivo para mirar por dentro las arterias, vemos en este caso que son normales, mientras que en el infarto la encontramos tapada por un coágulo”, explicó.

La relación entre la mente y el corazón

Frente a una situación que la mente considere amenazante, inmediatamente se libera adrenalina para prepararse tanto para hacer frente a esa situación (lucha), como para evadirla o alejarnos (huida). 

“En estas situaciones, la hipótesis más difundida es la liberación excesiva de un neurotransmisor llamado adrenalina, que aumenta nuestra frecuencia cardíaca y puede producir vasoconstricción, es decir, la oclusión con detención del flujo de sangre en una arteria sana”, explicó la Dra. Salvatori. 

La adrenalina causa taquicardia, que es el aumento de las pulsaciones y también provoca un cierre sobre los vasos sanguíneos, produciendo por ambos mecanismos una disminución muy importante o directamente el cese del flujo de sangre que alimenta al músculo cardíaco.

Desde la Sociedad Argentina de Cardiología y la Fundación Cardiológica Argentina afirman que “es posible cuantificar los niveles de colesterol, de presión y de glucemia, pero nos es difícil cuantificar cuán estresada, deprimida o triste está una persona”. 

En conclusión, manifestó que “sin ninguna duda, el corazón y las emociones están relacionados. Y lograr un buen manejo del estrés es tan importante como tratar aquellos factores ‘clásicos’ como la hipertensión, el consumo de tabaco, el azúcar en sangre o colesterol elevados o el sobrepeso”.

La Asociación Americana del Corazón evaluó el impacto sobre la enfermedad cardiovascular en condiciones de ansiedad, emociones desagradables como la ira, el enojo, la tristeza, enfermedades como la depresión o incluso ser pesimista. Se demostró que, en conjunto, incrementan cerca de un 30% el riesgo de tener un infarto.

A su vez, los ataques de ira o enojo incrementan las probabilidades de infarto, accidente cerebrovascular o arritmias cardíacas malignas hasta en un 20% y la mayor parte de estos episodios ocurre dentro de las 2 horas posteriores al enojo o ataque de ira. La depresión mayor se presenta en un 5 a 7% de la población general, pero llega hasta el 15% en personas que han tenido un infarto.

Abrazos que salvan vidas

“El mensaje más importante es que existe una clara relación entre nuestro cerebro y nuestro corazón. Si bien el estrés, la tristeza y la depresión no se pueden cuantificar como la glucemia o la hipertensión, pueden aumentar en casi un 30 % la probabilidad de tener un infarto, según la Asociación Americana del Corazón”, concluyó la Dra. Salvatori.

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Para la Dra. Salvatori es importante tomar conciencia de la relación entre la mente y el corazón. Crédito: Gentileza Dra. Carolina Salvatori.

Por eso, en el marco del Día de les Enamorades, merece un párrafo aparte la relación entre el contacto físico y el corazón. “Hay estudios que han demostrado que las caricias y abrazos generan un entorno seguro, una mayor conexión neuronal entre dos personas y mayor activación de la porción ventral del nervio vago, fortaleciendo los vínculos y el apego seguro, tanto en niños como en adultos”, señaló el Dr. Julio C. Giorgini, a través de un comunicado. Este médico cardiólogo es un miembro activo del Consejo de Aspectos Psicosociales y del Área Corazón y Mujer de la Fundación Cardiológica Argentina (FCA). 

“A nivel cardiovascular, la activación del nervio vago ventral, ubicado a la altura del vientre, estimula la acción parasimpática, aumentando la variabilidad y coherencia cardíacas y disminuyendo las pulsaciones, con menos arritmias y taquicardia, y la presión arterial, con menos hipertensión. En conclusión, ¡las caricias y los abrazos son buenos para el corazón!”, concluyó el Dr. Giorgini.

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