Dic 3, 2022 | Cultura

Matilde: a mi tía querida, con amor

Melisa Freund vuelve a llevar a escena parte de su historia familiar. En esta ocasión, la obra presenta un recorrido por la vida de su tía, una mujer de ingenuidad latente cuyo crecimiento se detuvo tras sufrir meningitis en su infancia.
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Matilde, una propuesta teatral donde se conjuga el baile, el humor y la memoria emotiva para homenajear a un ser querido. Crédito: Nacho Lunadei

La actual propuesta del Centro Cultural Rojas tiene como temática el entorno familiar. Es así que Melisa Freund, actriz, directora y autora se suma con su obra documental a este ciclo llamado “Proyecto Familia”. Su más reciente producción se centra en un sensible homenaje a su tan querida tía, Matilde

Matilde, una historia personal

Matilde es un proyecto teatral muy personal y de carácter experimental, el cual rescata la historia de vida de una mujer cuya mente quedó sellada en su infancia. Este hecho es producto de una meningitis, enfermedad muy común en infantes en la década del 30. La obra combina diferentes elementos musicales, dramáticos, cómicos y con algo de teatro físico. Las funciones son los sábados a las 20hs, en el Centro Cultural Rojas, Av. Corrientes 2038, CABA.

Su inicio realmente luce inesperado ya que mientras la gente ingresa a la sala, les asistentes continúan armando lo necesario sobre el escenario. Es una puesta que no tiene una escenografía en sí, sino que muchos elementos que van montando por sectores, donde los protagonistas van desarrollando parte de la historia. 

Freund se las ingenió para crear un cuento memorioso, que aprovecha diferentes recursos: fotos, videos y mucho viaje al pasado. La obra es un intento de repasar una parte importante de la vida familiar de la directora; el homenaje a una persona querida, desde un lugar tan vulnerable, resulta absolutamente empático para la audiencia.

Hay una seguidilla de situaciones dinámicas que tratan de hilvanar este cuento. Por momentos se representan escenas de humor y musicales enmarcados en la década de los 80. Luego, se vuelve al presente y se habla como en una especie de narración directa al público, lo que permite una interacción con la platea, que los invita a jugar en un ida y vuelta. 

Matilde combina un poco de todo. La propuesta, en un principio, resulta entre desconcertante y atrayente, pero, por más que se intente, la emoción  y el drama tardan bastante en dar el presente.

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Melisa Freund se presenta como una multifacética hacedora, que hasta se interpreta a sí misma en este relato que recorre la vida de su tía: una mujer adulta con mente de niña. Crédito: Nacho Lunadei

El poder de la memoria

La obra cuenta con texto y dirección de Freund. La directora, además, se interpreta a ella misma sobre el escenario, donde es acompañada por un elenco dispar y sus agraciadas personificaciones. El elenco está compuesto por Carla Fontao, Catalina Luccheta, Hugo César Martínez, Pablo Rojas, Alejandra Rotman, así como con las participaciones de Beatriz González y Chiqui Mingari, quienes rotan según la función. 

Cada une aporta lo mejor de sí para que este melodrama dimensional logre su cometido: que el público, por medio de las diferentes herramientas artísticas, comprenda lo que sentía esta mujer mayor con mente de una niña de seis años. A su vez, permite conocer cómo ella interactuaba, dentro de sus posibilidades, con su entorno y parte de su familia. 

Poco a poco, la comedia gira hacia el drama, con una parte central que se da ciertos permitidos en relación a lo experimental. No obstante, hacia el final recupera su eje emocional, cementado en la memoria emotiva. Esto hace que quizá no todes entiendan o logren alcanzar el clímax de emotividad, ya que parte del público no fue capaz de darse cuenta que la obra había finalizado. 

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La obra se vuelve universal al rescatar esos personajes familiares por los que todos guardan simpatía. Crédito: Nacho Lunadei

Rescatar lo positivo

En resumen, Matilde es una pieza irregular que rescata con mucha valentía y calidez una realidad familiar y homenajea a las personas que dejan una marca en sus seres queridos. Sin caer en golpes bajos, se centra más en los buenos momentos de esta singular historia de vida. Al utilizar el color como un recurso dentro de la maraña de artilugios artísticos, audiovisuales y escenográficos, Freund tiene éxito para narrar un cuento al filo de la realidad y lo ficcional. Una pieza tan sencilla e inolvidable que hace, en realidad, muy simple la tarea de empatizar con ella y reconocerse en les personajes. 

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