Argentina-Inglaterra, más que un partido de fútbol

La rivalidad deportiva convive con una herida histórica que sigue abierta. Entre los recuerdos de Malvinas, los cantos de las tribunas y el contexto político actual, el partido trasciende los noventa minutos.
argentina
Será la sexta vez que Argentina e Inglaterra se enfrenten en una Copa Mundial.

“Es un partido de fútbol. No busquemos otra cosa”, replicó Lionel Scaloni en la previa al encuentro que medirá a la Selección de Fútbol de Argentina contra Inglaterra este miércoles por las semifinales de la Copa Mundial de Fútbol. Su declaración recuerda a lo que había dicho su par Carlos Salvador Bilardo en 1986 antes del histórico enfrentamiento por cuartos de final que, de alguna manera, funcionó como revancha a lo ocurrido cuatro años antes.

¿Es posible que sea solo un partido de fútbol cuándo cada vez que el seleccionado argentino pisa el campo de juego suena en la cancha “¡El que no salta es un inglés, el que no salta es un inglés!”? ¿Es posible que sea igual a los otros enfrentamientos del Mundial cuando los propios jugadores cantan que quieren ser campeones “por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”? Mientras Reino Unido siga presente en las Islas, no puede ser sólo un partido de fútbol. 

La historia y el presente

buque britanico
Un buque británico estuvo por las aguas argentinas sin dar previo aviso al gobierno argentino.

Dentro de lo futbolístico es entendible que Scaloni le baje el precio a las connotaciones políticas e históricas del partido para no meter más presión en un encuentro tan definitorio. Pero, en realidad, no hay forma de que lo político y la historia quede fuera de la cancha, como tampoco pasó en 1986

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En el libro “El Partido”, Andrés Burgo recopiló declaraciones de jugadores de esa Selección que dan a entender que lo dicho por Bilardo y Maradona en la previa de los cuartos de final ante Inglaterra era solo para afuera. “Si te decimos que no nos interesaba lo que pasaba en Malvinas te macaneo”, le señaló Ricardo Omar Giusti, quien luego detalló que tenían “unas ganas importantes de ganarles, de pisotearles”. Julio Olarticochea enfatizó que era “EL partido”, al igual que Héctor Enrique que consideraba que Inglaterra era un equipo con el que no podían perder. 

Todo es político. El fútbol es político. Esta Copa Mundial también es política y mucho más que otras. Se está disputando en un país como Estados Unidos que no dejó entrar a un árbitro considerado uno de los mejores del mundo por ser somalí e hizo dormir a los jugadores iraníes en un país distinto a donde tenían que disputar los partidos, entre otras situaciones precarias que la FIFA dejó pasar solo por ser el país de Donald Trump, a quien Gianni Infantino le dio el Premio de la Paz.

Todo se mezcla. Y, a pesar de que pasaron más de cuarenta años desde la Guerra de Malvinas, la gente sigue recordando a los 649 fallecidos. Número que, encima, no tiene en cuenta a los más de 500 que se quitaron la vida posteriormente. “Por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré”, se cantaba en Qatar 2022, mientras que “El que no salta es un inglés”, se repite y entona en todo momento, sea cual sea el grupo de argentinos que se junta. 

No obstante, hay que mencionar que 14.554.560 argentinos votaron por un Presidente que cuando habla de Malvinas dice que “nos tocó perder” y cuyo gobierno está desfinanciando lo relacionado a la guerra. Un mandatario que idolatra a Margaret Thatcher, primera ministra británica que, durante la guerra, ordenó, por ejemplo, el hundimiento del crucero General Belgrano, pese a que se encontraba fuera del área de exclusión declarada por Gran Bretaña, violando resoluciones de las Naciones Unidas.  

La soberanía argentina sobre las Islas no parece ser una prioridad para una parte del Gobierno que tampoco prioriza la misma sobre el territorio argentino y sus recursos, ya sea por la desfinanciación de ciertos sectores como el nuclear o el intento de privatizar otros como Aguas Argentinas

Uno duda a quién apoyará el Presidente del país que estableció una relación de dependencia con las potencias occidentales, principalmente Estados Unidos, pero también Reino Unido, que, al ser fan de Thatcher, defendió sus acciones durante la Guerra. Un Presidente que está planeando un viaje a Londres para el último trimestre del año y viajó más veces a Estados Unidos que afuera de Buenos Aires.  

Mientras tanto, el buque militar británico HMS Medway salió de las Islas Malvinas y, entre el 2 y el 3 de julio, navegó por aguas argentinas. Anduvo a la altura de Tierra del Fuego y Santa Cruz sin antes avisar a las autoridades militares argentinas. El Gobierno de Tierra del Fuego lo repudió llamándolo una “inadmisible provocación”. Pero, desde el Gobierno nacional prefirieron priorizar los negocios y la dependencia y Cancillería se llamó a silencio para no perjudicar el posible viaje.

A su vez, Alejandra Monteoliva, ministra de Seguridad de la Nación, adelantó que se prohibirá «el ingreso de botellas o elementos que tengan algún tipo de mensaje provocativo, ya sea de contenido político, contenido racial o un contenido provocativo». Lo que significa que probablemente no pueda haber banderas con la imagen o referencia a las Islas Malvinas.

Lo futbolístico

Rattin 1
La expulsión de Antonio Rattin ante Inglaterra en 1966 fue una de las causas por las que se crearon las tarjetas.

Como toda rivalidad no se enmarca en un solo aspecto, sino que está marcada también dentro de lo futbolístico. Hubo 14 enfrentamientos oficiales, tres triunfos argentinos, seis británicos y cinco empates. En Mundiales, el primer cruce fue en Chile ‘62, cuando todavía no había rivalidad e Inglaterra ganó 3-1. 

El primer símbolo de este antagonismo sucede antes de la Guerra de Malvinas en el Estadio Wembley en 1966. Antonio Ubaldo Rattin, recientemente fallecido, fue injustamente expulsado por un árbitro alemán. Sin saber por qué lo habían echado se retiró del campo de juego y estrujó el banderín del córner con la bandera inglesa. También se sentó en la alfombra roja que estaba dispuesta para la reina Isabel II.

En 1982 fue la Guerra de Malvinas y, cuatro años después, Diego Armando Maradona hizo magia y consiguió una revancha, aunque sea dentro de una cancha de fútbol. “El partido con Inglaterra nos marcó. Siempre pensábamos en Malvinas. Yo no mezclo la política con el deporte, pero quería dar más que en otros partidos. Para nosotros era especial”, reflejó la figura argentina varios años después. 

Hubo dos partidos más en Mundiales. En Francia 1998, Argentina los volvió a dejar afuera, esta vez en octavos de final, en una tanda de penales donde se destacó el arquero Carlos “Lechuga” Roa. Y hubo una revancha inglesa en Corea-Japón 2002, cuando una victoria británica dejó afuera en fase de grupos al equipo de Marcelo Bielsa. No está presente cuál era el entorno de aquellos partidos, o si se vivió en el país como se está viviendo en estos días. Una semifinal es mucho más importante que octavos de final o la fase de grupos, por lo que tendria una mayor relevancia

Es muy difícil que sea solo un partido más y el porqué lo explicó el presidente de la Confederación de Combatientes de Malvinas, Ramón Jesús de León, en diálogo con Cadena 3: “Hoy se habla una vez más de Malvinas en el mundo entero. Se habla de Malvinas Argentinas, de los chicos de Malvinas, de los pibes de Malvinas. Nuestra bandera flamea a través de la camiseta argentina y reivindica los derechos de soberanía sobre un territorio usurpado”. Él está convencido de que “para el pueblo argentino no es un partido más y que los jugadores saben lo que representa enfrentar a Inglaterra”. 

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