
La escena se repite en miles de hogares argentinos. El salario entra a comienzos de mes y, antes de que llegue el día 20, prácticamente desaparece. Lo que sigue es una carrera para cubrir alimentos, alquiler, transporte y servicios con la tarjeta, un préstamo o dinero prestado.
El Monitor de Opinión Pública (MOP), de Zentrix Consultora pone cifras a esa realidad cotidiana: el 66% de los argentinos agota sus ingresos antes o alrededor del día 20, mientras que apenas un 9,3% consigue terminar el mes con algún margen para ahorrar.
En ese contexto, trabajar ya no alcanza.
El 86,6% de los consultados sostiene que un solo empleo dejó de ser suficiente para sostener un hogar y que hoy hacen falta dos o más fuentes de ingresos para cubrir los gastos mensuales.
La sensación también atraviesa las diferencias políticas. El 87,4% considera que el salario perdió la carrera contra la inflación, incluso entre quienes respaldan al Gobierno.
Endeudarse para comer
Durante años, sacar un crédito podía significar comprar un auto, ampliar la casa o cambiar los electrodomésticos. Hoy la lógica cambió.
El estudio revela que el 61,9% tomó alguna deuda en los últimos seis meses y que el 53,7% lo hizo simplemente porque el sueldo no alcanzaba para cubrir los gastos esenciales.
El crédito dejó de ser una herramienta para mejorar el futuro y pasó a convertirse en un recurso para atravesar el presente.
Alimentos, tarifas, alquileres, medicamentos y transporte aparecen como los destinos principales de un dinero que deberá devolverse con intereses al mes siguiente.
Mientras tanto, apenas el 11,5% utilizó préstamos para comprar bienes durables.

Los jóvenes, los más golpeados
La situación golpea con mayor fuerza a quienes recién intentan construir su estabilidad económica.
Entre los argentinos de 18 a 39 años, el 85,5% asegura quedarse sin dinero antes del día 20.
Muchos tampoco encuentran respuesta en el sistema financiero tradicional. El 35,8% recurrió a prestamistas o financieras informales, cinco veces más que entre los mayores de 60 años.
Sin ahorros, con trabajos más inestables y menores ingresos, los jóvenes aparecen como el sector más vulnerable frente al endeudamiento.
Una deuda que cuesta pagar con el sueldo cada vez más reducido
El problema no termina cuando llega el préstamo y entre quienes se endeudaron, casi la mitad reconoce dificultades para devolver el dinero.
El 28,9% asegura que pagar las cuotas le resulta muy difícil; el 12% ya se atrasó y el 6,4% directamente admite que no puede cumplir con los pagos.
No sorprende entonces que el 55% describa al crédito como una «trampa», debido al peso que tienen las tasas de interés sobre economías familiares ya debilitadas.
La «clase media» siente que se aleja
La pérdida del poder adquisitivo también modifica la forma en que las personas se miran a sí mismas. Más de la mitad de los encuestados (53,9%), afirma pertenecer hoy a la clase baja o media-baja, una percepción que refleja cómo el deterioro de los ingresos está transformando la identidad social de buena parte de los hogares.
La desconfianza también alcanza a los indicadores oficiales. El 67,1% considera que la inflación informada por el INDEC no refleja lo que vive cada vez que hace las compras o paga los servicios.
Para millones de familias, la economía no se mide por los porcentajes mensuales del índice de precios, sino por una pregunta mucho más concreta: cuánto falta para cobrar otra vez cuando el dinero ya se terminó.

