
Durante más de cinco años, la figura del llamado “Cártel de los Soles” funcionó como uno de los pilares del andamiaje político, mediático y judicial construido por Estados Unidos contra el gobierno de Nicolás Maduro.
Esa narrativa, replicada por grandes medios internacionales y utilizada para justificar sanciones, bloqueos y despliegues militares, acaba de sufrir una corrección de fondo.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó una acusación revisada contra el presidente venezolano ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York en la que, sin decirlo de forma explícita, desarma la definición del “Cártel de los Soles” como una organización criminal real.
En lugar de describirlo como un cártel de narcotráfico jerárquico, la nueva versión lo redefine como un “sistema clientelar” o una “cultura de corrupción” integrada por funcionarios civiles y militares que, según la fiscalía, protegen o facilitan el tráfico de drogas.
El cambio no es menor. En el texto original de 2020, el “Cártel de los Soles” aparecía mencionado 32 veces y ocupaba un lugar central en la acusación. En la versión actual, el término apenas figura en dos ocasiones y pierde el estatus de estructura criminal organizada.
Con esa modificación, el propio Departamento de Justicia echa por tierra la matriz narrativa que dominó titulares durante años y que se apoyó, en buena medida, en supuestas filtraciones provenientes de agencias de inteligencia estadounidenses, principalmente la DEA y la CIA, amplificadas por corresponsales y agencias internacionales.
La redefinición llega, además, en un contexto de máxima tensión. Apenas días antes, el 3 de enero, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron secuestrados en Caracas, en una acción militar que costó la vida de más de 100 personas.
El hecho fue denunciado por decenas de países, entre ellos Rusia, China, España, Brasil y Sudáfrica, como una violación del Derecho Internacional, y cuestionado también por legisladores venezolanos tanto del oficialismo como de la oposición.
El proceso judicial contra Maduro, la excusa del ataque contra Venezuela
En su primera audiencia judicial, realizada el lunes en Nueva York, Maduro se declaró “prisionero de guerra”, rechazó categóricamente los cargos y reafirmó su condición de presidente legítimo de la República Bolivariana de Venezuela. Según su defensa, la detención y el proceso constituyen una violación flagrante de las normas internacionales que protegen a los jefes de Estado.
La corrección de la acusación adquiere un peso adicional si se tiene en cuenta que, en febrero de 2025, el Departamento del Tesoro y luego el Departamento de Estado, bajo la administración de Donald Trump, habían designado al “Cártel de los Soles” como Organización Terrorista Extranjera (FTO).

Aquella decisión se tomó pese a que ninguno de los informes técnicos de los principales organismos especializados, la propia DEA, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y la Unión Europea, reconoce la existencia de esa organización.
De hecho, la Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas 2025 de la DEA describe con detalle las rutas del narcotráfico en las Américas, pero no incluye a Venezuela como país de tránsito principal ni menciona al “Cártel de los Soles” en ningún apartado. La omisión se repite en los informes de la ONU y del Observatorio Europeo de las Drogas.
Aun así, altos funcionarios estadounidenses continúan sosteniendo públicamente la existencia del grupo. El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó el 5 de enero en una entrevista televisiva que “el líder de ese cártel se encuentra ahora bajo custodia estadounidense”, en alusión directa a Maduro, una declaración que contrasta con la propia reformulación del Departamento de Justicia.
El expediente quedó en manos del juez federal Alvin K. Hellerstein, de 92 años, designado por Bill Clinton en 1998 y una figura conocida en el Distrito Sur de Nueva York por su independencia y su estilo poco convencional.
En los últimos años, Hellerstein falló en contra de decisiones clave de la administración Trump y es descrito por abogados y colegas como un magistrado que acelera los procesos, evita formalismos innecesarios y no duda en confrontar a los fiscales cuando detecta inconsistencias.
Mientras el proceso avanza, la acusación revisada deja una pregunta abierta: si el “Cártel de los Soles” ya no es un cártel, ¿sobre qué base jurídica y política se sostuvo durante años una de las principales ofensivas internacionales contra el gobierno venezolano?
La respuesta, ahora, empieza a escribirse en los propios documentos de la justicia estadounidense.

