martes 16 de julio de 2024

“Fueron 30.400”, el reclamo LGBTIQ+ en el Día de la Memoria

Durante la última dictadura cívico militar cientos de personas de la comunidad fueron detenides, torturades y desaparecides. Sin embargo, sus historias no fueron narradas durante los primeros años del regreso de la democracia.
LGBTIQ+
Diversos proyectos de ley nacionales y provinciales buscan garantizar una reparación económica para las personas trans y travestis que fueron víctimas de la violencia institucional, tanto durante la dictadura como en democracia. Crédito: Instagram Las Históricas.

Cada 24 de marzo en Argentina se conmemora el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, y se recuerda a las víctimas de la última dictadura cívico militar. En los últimos años, agrupaciones de la comunidad LGBTIQ+ reclaman por la visibilización de las personas trans y homosexuales desaparecides.

En los primeros archivos de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) no existen las palabras travesti, transexual, homosexual o lesbiana. De allí surge la siguiente pregunta: ¿No hubo trans ni homosexuales desaparecides? La respuesta es simple, cómo iba a acercarse a denunciar una travesti la desaparición de su compañera, si por su identidad también podían detenerla.

Nota al Pie dialogó sobre esta realidad con Luana Salva, integrante de Las Históricas. La misma explicó que durante la dictadura “la comunidad LGBTIQ+ tenia otro tipo de tortura, la mas cruel”. “Hoy podemos decir que son 400 les desaparecides en dictadura militar”, aseguró.

En la misma línea sostuvo que después, en democracia, continuaron sufriendo “la persecución y criminalización de la sociedad y del Estado”. A su vez, sostuvo: “Para nosotras, las travestis, la democracia comenzó hace 11 años cuando salió la Ley de Identidad de Género. Ese fue el principio de una historia”.

En la misma línea, Miriam Lewin se refirió al tema en una nota con el medio Filo News. “La homosexualidad estaba tan estigmatizada fuera como dentro de las organizaciones. Los compañeros y compañeras mantenían en secretos su orientación cuando no era heterosexual”, comentó. A ello agregó: “Cantábamos ‘No somos putos, no somos faloperos, somos soldados de FAR y Montoneros”.

En este contexto, el año pasado el juez Ernesto Kreplak procesó a una decena de militares por persecución, detenciones y torturas cometidas a un grupo de mujeres trans durante la última dictadura en el Pozo de Banfield. Allí, la fiscala Ana Oberlín señaló el “ensañamiento particular” con este colectivo y sostuvo que la persecución contra las travestis-trans fue “sistemática”.

LGBTIQ+
Bajo la consigna “400 presentes”, distintas organizaciones convocaron a marchar este viernes. La cita es a las 14 horas, en Carlos Pellegrini y Rivadavia. Crédito: Collage Nota al Pie.

La lucha por el reconocimiento

Cabe mencionar que en aquellos años se utilizaba la palabra “homosexuales” para designar a todas las identidades que no eran estrictamente heterosexuales. Esto incluía tanto a las personas gays, como a lesbianas, trans, travestis y bisexuales.

Por su parte, el número 30.400 surge gracias al primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), Cárlos Jáuregui, quien lo mencionó por primera vez en su libro “La homosexualidad en la Argentina”, publicado en 1987. El dato habría sido obtenido a través del testimonio del rabino Marshal Meyer, miembro de la CONADEP.

“Uno de los integrantes responsables de la CONADEP afirma la existencia de, por lo menos, 400 homosexuales integrando la lista del horror. El trato que recibieron fue especialmente sádico y violento”, explicó Jáuregui. A su vez, el activista afirmó: “No los conocimos. No los conoceremos jamás”.

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Desde hace años el colectivo LGBTIQ+ reclama el reconocimiento de les desaparecides durante la última dictadura. Crédito: Filo News.

Testimonios

Para dejar registro de esta historia colectiva, María Belen Correa creó el Archivo de la Memoria Trans. En sus testimonios las sobrevivientes reclaman lo mismo que las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo: “Memoria, Verdad y Justicia”.

En las entrevistas llevadas a cabo por la organización, todas las sobrevivientes trans mencionan que no recibían comida, ni visitas y dormían sobre cartones. También cuentan que lo primero que les hacían era quitarles su ropa de mujer y dejarlas desnudas por horas frente a las miradas de les guardias y de les otres preses.

Una de ellas, Juliana Carrizo aseguró que estuvo detenida en la comisaría de León Suárez. “Yo sentía golpes, gritos, pero nunca me imaginé que eran de la dictadura”, narró. Además, recordó: “Ellos te agarraban en la calle y te llevaban al calabozo y en la comisaría la pasábamos muy mal”.

En la misma línea, Magalí Muñiz comentó que durante la adolescia cuando ella estaba en la calle la llevaban detenida por “vestimenta no adecuada al sexo”. Estuvo en un centro clandestino en Tigre. Según contó, allí “muchas veces en la noche se abrían las celdas y se sentía que se llevaban a las personas y ponían música fuerte”. “Nosotras éramos sometidas a torturas, violaciones y maltratos”, afirmó.


Lo mismo le sucedió a Aldana Gabriela Chocobar, quien vivía en Tucumán y aseguró que “durante la década del 70 salías a la calle y no sabías si podías caer presa o si volvías viva”. También relató que siempre las trasladaban de “día y esposadas como si fueran un trofeo”.

Durante su testimonio ella explicó que para acceder a la comida o salvarse de alguna tortura “te obligaban a tener relaciones sexuales con ellos”. Y en cuanto al compañerismo dentro de la comunidad, mencionó que “el lugar de encuentro nuestro eran los boliches, los calabozos y las casas donde nos podíamos acoger entre nosotras”.

Por su parte, Carla Pericles narró que en la época de la dictadura se cuidaban “entre todas, siempre éramos muchas la que encontrábamos en la calle la traíamos con nosotras”. También explicó que para los militares ellas eran NN “porque si desaparecíamos nadie nos iba a buscar”. 

Asimismo, sostuvo que fueron muchas las compañeras desaparecidas durante esos años. Por último, mencionó que hasta años más tarde no se dieron cuenta de la existencia de los centros clandestinos y las detenciones ilegales porque “como ya nos llevaban siempre presas por cualquier motivo, no había mucho cambio entre la dictadura y la democracia que teníamos antes”.

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