Dic 22, 2022 | Cultura

La nueva ola de cine mexicano bajo la lente de Cuarón, Iñárritu y del Toro 

Los Tres Amigos, como se los conoce en la industria, mezclan la cinematografía de autor con la mainstream, en historias que critican las fallas políticas, económicas y sociales de su nación.
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Alfonso Cuarón, Alejandro Iñárritu y Guillermo del Toro. Los Tres Amigos del cine mexicano. Créditos: IndieWire

Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro Iñárritu se establecieron como artistas cinematográficos de clase mundial por su capacidad de hacer películas personales dentro del sistema mainstream de Hollywood. Con elogios nacionales e internacionales, revolucionaron la industria del cine mexicano y la llevaron a una nueva era.

En la actualidad, el cine mexicano se enfoca en el lado más íntimo del país, exponiendo tanto sus debilidades como fortalezas. Esta nueva ola cinematográfica muestra la emoción desnuda, violencia, corrupción y traición. A través de la honestidad brutal de sus imágenes, los directores critican las fallas políticas, económicas y sociales de su nación. 

En la época de las películas silentes, el cine mexicano, influenciado por el europeo y el estadounidense, fue una forma de recibir información y entretenimiento. En los años posteriores a la Revolución mexicana (1910-1917), la producción cinematográfica se ralentizó. 

A principios de la década de 1930, después de los diez años de la revolución brutal, muches cineastas plasmaron en el celuloide sus propias perspectivas e historias sobre el pasado reciente. Esta época se conoce como la Edad de Oro, pero hacia el final de la década de 1950, cuando no quedaron más historias que contar sobre héroes nacionalistas y revolucionarios, la industria del cine hizo una pausa. 

Sin embargo, a principios del siglo XXI, surgió una camada de nuevos directores que revitalizaron tanto el arte como la industria. Esta nueva revolución cinematográfica estaba encabezada por Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro Iñárritu. Los tres artistas no sólo revolucionaron el cine, sino que lanzaron a su nación a una nueva ola de producción audiovisual que expone los lados más íntimos de la sociedad mexicana. 

La nouvelle vague del cine mexicano

Aunque críticos e investigadores pueden ser rápidos al definir las épocas del cine, es difícil explicar por qué surge una nueva ola artística. No se establecieron reglas que fundamenten qué condiciones, ya sean sociales, políticas o económicas, tienden a ser la base para que surja, y qué umbral debe cruzar el cine para ganar el título. 

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Guillermo del Toro y su Pinocho. Créditos: Netflix

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El término “nueva ola” es vago y a menudo, cuando una cinta es exitosa, los críticos murmurarán sobre una nueva ola emergente. Sin embargo, una película tiene que ser más que un éxito de taquilla, tiene que yuxtaponer tanto los elementos de su cultura como el contexto político en el que surge. 

Una nueva ola artística se anuncia cuando preocupaciones nacionales, tanto en el sentido cultural y político, se convierten en el tema por el cual los cineastas declaran su diferencia con el cine imperante en su país, afirmando el reclamo de la nueva generación de una parte del poder estatal. 

Las tres películas que definen esta nueva etapa en México son Amores perros (Iñárritu, 2000), Y tu mamá también (Cuarón, 2001) y El crimen del Padre Amaro (Carlos Carrera, 2002). Desviarse de la norma, de la fórmula popular cinematográfica de Hollywood, les permitió a estos cineastas crear películas más íntimas y personales que contienen mensajes relevantes.

Del cine mexicano al éxito mundial 

¿Qué hace que Iñárritu, del Toro y Cuarón sean tan únicos? El éxito de los Tres Amigos o Tres Mosqueteros, comenzó cuando cada uno partió de México. Desde el principio reconocieron que la industria en su nación no podía darles las condiciones ni el presupuesto que necesitaban para avanzar en sus carreras. Podrían haberse vuelto complacientes, simplemente podrían haberse dormido en los laureles. En cambio, optaron por tomar riesgos. Los tres fueron valientes.

En diferentes momentos de las primeras etapas de sus carreras, Cuarón, Iñárritu y del Toro trabajaron en la televisión mexicana, entonces un gigante de la producción de telenovelas. Mientras otros hacían fortunas repitiendo fórmulas lacrimógenas, los tres directores miraban a la pantalla grande. Tanto Cuarón como del Toro dirigieron sus primeras películas cuando tenían alrededor de 30 años. 

Sólo con tu pareja (1991) de Cuarón, una divertida comedia urbana coescrita con su hermano Carlos, se convirtió en un gran éxito. Cronos (1993) de Del Toro, una vertiginosa historia de alquimia y vampirismo, siguió un par de años después. Iñárritu, quien ya había revolucionado la radio mexicana en los años 80, se incorporaría al club en el 2000, con la célebre Amores Perros

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Iñárritu y Daniel Giménez Cacho en Bardo. Créditos. Netflix

Después de esas primeras películas, ninguno miró hacia atrás. El actor Diego Luna, cuya carrera ayudó a lanzar Cuarón en la aclamada por la crítica Y tu mamá también, está de acuerdo. “Los tres salieron de México inmediatamente en busca de mayores desafíos”, explicó en una entrevista con The New York Times. “Creo que cada uno de ellos, a su manera, entiende el riesgo como parte esencial del éxito”.

La innovación narrativa, una marca registrada de los Tres Amigos

Los tres directores también son innovadores constantes, tanto en  narrativa como en técnica. Este ingenio proviene no sólo de las pasiones creativas sino de los desafíos que enfrentaron al tratar de desarrollar su oficio en México, donde la inventiva se convierte no en un lujo creativo sino en una obligación en una industria que dependía principalmente de la financiación estatal. 

Esta inventiva continuó cuando los directores finalmente tuvieron más recursos a su disposición. Gravity (2013), por ejemplo, es un ejercicio obsesivo en la geometría del cine, diseñado por Cuarón y Emmanuel Lubezki, el virtuoso director de fotografía miembro de la histórica generación cinematográfica de México. 

Birdman (2014) de Iñárritu, por la que ganó el primero de sus dos Oscar a la dirección, es un experimento en el arte del plano secuencia, con los ojos de Lubezki detrás de las cámaras. The Revenant (2016), una epopeya hermosa y violenta con una historia de producción agotadora que casi llevó a Iñárritu y sus actores al borde de la locura, y The Shape of Water (2017), un producto de la vívida y colorida imaginación de Del Toro, son también piezas cinematográficas excepcionales y fascinantes. 

Roma (2018) no es más que el ejemplo más reciente de la ambición de Cuarón de experimentar con las imágenes y los sonidos del cine. La película provocó un acalorado debate sobre si debía verse en Netflix o disfrutarse en los cines, donde los plenos poderes de su director brillan por demás.

Mientras Roma llevó a Netflix a ganar el Premio a la Mejor Película Extranjera otorgado por la Academia, la surrealista Bardo (2022) de Iñarritu se encuentra en la etapa de preselección para esa terna y Pinocho de Guillermo del Toro (2022) fue preseleccionada para las categorías Mejor Música Original, Mejor Sonido y Mejor Canción Original.

Cuarón, del Toro y Iñárritu juegan el juego de Hollywood

Otro factor que explica el ascenso de los tres grandes directores mexicanos es la forma que han elegido para acercarse al propio Hollywood. En lugar de tratar de adaptar el negocio a sus propios gustos particulares, los tres optaron por jugar el juego de la industria: ganarse el título como directores comercialmente viables mientras impulsan proyectos más riesgosos y complejos. 

Ninguno de los tres ha reaccionado a lo que exige la industria, que generalmente es algún tipo de repetición de un tema, un loop de fórmula exitosa. Más bien, siempre han tratado de encontrar formas originales en una historia, innovando y sorprendiendo a la industria. La forma en que toman decisiones y el poco miedo que tienen al fracaso es admirable.

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Cuarón y Yalitza Aparicio en Roma. Créditos: Netflix

Y luego está la pura alegría que los tres hombres obtienen de su oficio. Durante la gira de prensa de Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (2004) Cuarón explicó una teoría ideada junto a Del Toro. “¿Recuerdas cuando tu mamá solía darte un tazón grande de cereal por la mañana y tenías que terminar antes de poder llegar al premio, el pequeño juguete que estaba en el fondo de la caja?”, preguntó el cineasta, con cierta picardía. 

Así, explicó que ambos pensaron en las películas más comerciales que dirigieron como el “cereal” que les permitiría hacer proyectos apasionantes tales como El Espinazo del Diablo (2001)  o Y Tu Mamá También. Los cuales resultaron ser los juguetes de la historia. Sin embargo, el cineasta admitió que tanto del Toro como él tienen un gran secreto: “Nos encanta el cereal”. 

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