Dic 13, 2022 | Internacional

Los desafíos de América Latina para la integración regional

Nota al Pie conversó con la Doctora en Relaciones Internacionales, Laura Bogado Bordázar, quien dio su mirada sobre los desafíos de nuestra región en este contexto internacional.
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América Latina posee todas las condiciones para constituirse como una misma unidad política. Crédito: Collage NAP.

Como venimos sosteniendo en Nota al Pie, el mundo vive una Transición Global hacia la Multipolaridad. En esta nueva reconfiguración del escenario internacional, reconocida por las grandes potencias, son los Estados – Continentes quienes emergen como nuevos centros de toma de decisiones.

En este contexto, la integración de América Latina, como una condición necesaria para constituirse como un nuevo polo de poder, es una discusión que vuelve a tomar fuerza. El camino hacia la unidad de la Patria Grande, sin embargo, se encuentra lleno de desafíos, oportunidades y obstáculos.

En este marco, Nota al Pie conversó con la Directora del Departamento de América Latina y el Caribe del Instituto de Relaciones Internacionales de la UNLP, Laura Bogado Bordázar.

Sobre la situación de América Latina: ¿en qué estado se encuentra nuestro continente en torno a la integración regional?

Nuestro continente se encuentra en un momento de transición con respecto a los procesos de integración, ya que existen diferencias políticas entre los Estados en referencia a la estrategia de inserción internacional. Esto ha llevado a “quiebres” institucionales en algunos procesos de integración, como Unasur, y a una suerte de “parálisis” en otros, como por ejemplo: Comunidad Andina de Naciones (CAN) o Mercosur

Asimismo continúa existiendo una alta fragmentación en los procesos de integración, algunos de los cuales poseen objetivos opuestos y complejizan el esquema de regionalismo como alternativa para el desarrollo.

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En el continente existen distintos espacios dedicados a profundizar la integración regional como el Mercosur, la CELAC o el ALBA-TCP. Crédito: Cuba Sí.

¿Qué oportunidades tenemos como continente, teniendo en cuenta que el mundo vive una transición hacia la multipolaridad?

Si partimos de la idea de que el mundo vive una transición hacia la multipolaridad, las regiones cada vez van a tomar poder y peso propio, por lo tanto América Latina, con todas sus riquezas en bienes estratégicos, tendrá muchas posibilidades. Ahora bien, de persistir la fragmentación mencionada anteriormente, las oportunidades como continente (es decir como región unificada) se podrán diluir a partir de las fragmentaciones y más aún si priman las estrategias unilaterales sobre las regionales. 

La integración regional latinoamericana ha atravesado diversas crisis a lo largo de su historia que se han visto profundizadas por la pandemia de la Covid-19. La pobreza, la indigencia y la desigualdad estructural contribuyeron a agravar la situación y las estrategias integracionistas, según se ha visto, no han contribuido a disminuir la fragmentación existente. Hubo gran escasez de respuestas contracíclicas desde los espacios de integración regional (esto se vió en el Mercosur, CAN, SICA, entre otros).

¿Cuáles crees que son los principales obstáculos en el camino hacia una mayor unidad de América Latina? 

Ante la irrupción de nuevos actores (hegemónicos) y de nuevas distribuciones de poder en el mundo, América Latina tendría que replantearse la discusión sobre la autonomía regional consolidando las miradas como latinoamericanos para poder responder al siguiente interrogante: ¿cómo se posiciona América Latina en este mundo y en estas nuevas reconfiguraciones de poder? O mejor dicho ¿cómo se quiere posicionar? 

Las respuestas se podrían enfocar en los siguientes ejes: (1) en el interno, revisando las teorías y postulados integracionistas con el fin de generar nuevas bases colectivas y solidarias de desarrollo y (2) en el plano externo, articulando nuevas estrategias autonomistas orientadas cada vez más hacia las lógicas regionales y que nos permitan generar relaciones más simétricas con los grandes centros de poder. 

Cuando ensayamos estrategias regionales fue cuando mejor nos fue ya que pudimos al menos generar políticas autónomas (por ejemplo la creación del Consejo de Defensa Sudamericano, o los Fondos de Convergencia Estructural del Mercosur, FOCEM, o estrategias comunes para refinanciar la deuda externa, para mencionar algunos).

Dentro de los principales obstáculos internos identificamos: la debilidad institucional de los procesos de integración; la escasa credibilidad social en la política regional; la escasa aprobación por parte de los Estados de la normativa regional (esto lo vemos claramente en el Mercosur); el abordaje de la política regional como “políticas de gobiernos y no de Estados”; la escasa visibilidad de los logros de los procesos de integración y la ausencia de visiones regionales, entre otros. 

Como obstáculos externos podemos mencionar: la puja de las potencias por establecer vínculos estratégicos con los distintos procesos de integración y/o con los Estados (en formato bilateral) si no logran el primer objetivo.

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La población de América Latina representa el 8,2% de la población mundial, con un total de 662 millones de personas. Crédito: CEES.

¿Es necesario fortalecer los mecanismos existentes como el MERCOSUR o la CELAC o, quizás, sea necesario crear otros? 

Es importante fortalecer los procesos de integración existentes y no crear nuevos, justamente para evitar una mayor fragmentación.

A la hora de pensar nuestra región y su integración, en una primera lectura, uno podría decir  que los gobiernos de izquierda, progresistas o nacional-populares son quienes mayor vocación de construir esa unidad han mostrado: ¿Crees que la cuestión ideológica pesa a la hora de pensar la integración?

Creo que más que la cuestión ideológica lo que pesa a la hora de pensar en la integración es retomar estrategias regionalistas que ayuden a generar  respuestas más eficaces a los retos globales con el fin de construir, desde la diversidad, nuevas formas de gobernanza global y regional. Para ello es importante retomar los objetivos del desarrollo como eje central de la integración regional, ubicando a las sociedades en el centro del bienestar y no tanto a las instituciones y a los gobiernos.

Refugiarse en los nacionalismos no parece ser la salida adecuada, sino la profundización de la integración y de las estrategias de cooperación con estructuras institucionales fuertes y marcos jurídicos adecuados. 

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