
Un informe de la Universidad de Buenos Aires (UBA) revela que casi la mitad de los jóvenes argentinos se encuentra en situación de vulnerabilidad. El estudio, elaborado por investigadores del Ciclo Básico Común (CBC) en el marco del Proyecto de Investigación y Desarrollo en Áreas Estratégicas (PIDAE-UBA), analiza las condiciones de vida, las creencias y las expectativas de personas de entre 18 y 29 años que habitan contextos de vulnerabilidad social.
Para llevar adelante el estudio, se realizó una encuesta presencial a 1002 jóvenes vulnerables en dicho rango etario y residentes en los principales aglomerados urbanos de la Argentina. El relevamiento se realizó entre diciembre de 2025 y enero de 2026.
La investigación estima que el 48,9% de la población juvenil del país, equivalente a más de 4,1 millones de personas, se encuentra en situación de vulnerabilidad. El estudio aclara que esta condición no se limita a los ingresos, sino que también contempla el nivel educativo, las condiciones habitacionales y otras privaciones materiales que afectan las oportunidades de desarrollo.
Entre los principales factores que atraviesa a este universo es la educación. Seis de cada diez jóvenes vulnerables no terminaron el secundario y apenas uno de cada cuatro continúa estudiando. “En el AMBA se registra una mayor proporción de personas que continúan estudiando en comparación con el resto del país (29,9% vs 22,8%)”, detalla la investigación.
Uno de los puntos más preocupantes del informe es la de los llamados “Ni-Ni”. Dos de cada diez jóvenes vulnerables en Argentina no trabajan ni estudian. Sin embargo, los investigadores revelan un componente aún más grave dentro de este grupo: la ausencia de horizontes. Entre aquellos que no cuentan con un empleo y tampoco estudian, existe un tercio de ellos que no busca empleo.
Dentro del grupo que manifiesta no tener trabajo (30,6%), la búsqueda reciente de trabajo alcanza solo a cuatro de cada diez, evidenciando procesos de desánimo profundamente arraigados y la magnitud de la crisis social juvenil en Argentina. Entre quienes sí tienen empleo, la precariedad aparece como una característica dominante. Solo el 15% posee un trabajo registrado, mientras que tres de cada cuatro desempeñan tareas informales o trabajan por cuenta propia. Un 76% está inserto en una relación laboral no registrada o trabaja por su propia cuenta. Comercio, construcción, venta ambulante, limpieza y tareas de cuidado concentran la mayor parte de las ocupaciones relevadas.
La situación económica también resulta crítica. Aunque el trabajo constituye la principal fuente de ingresos en el 75% de los casos, el 57% afirma que no alcanza para llegar a fin de mes, reflejando que incluso quienes logran insertarse laboralmente encuentran serias dificultades para cubrir los gastos cotidianos.
En materia sanitaria, el informe muestra una marcada dependencia del sistema público. Cerca del 78% de los jóvenes vulnerables no cuenta con cobertura privada o de obra social y se atiende en hospitales públicos o centros de salud. A esto se suma que cuatro de cada diez consideran que viven en barrios inseguros.
El relevamiento también advierte sobre un fuerte deterioro en la salud mental. Más de siete de cada diez jóvenes manifiestan sufrir con frecuencia nervios o ansiedad, una sintomatología que se presenta más en las mujeres que en los varones (80% vs 67,7%). A su vez, más de la mitad experimenta tristeza, desgano o depresión y alrededor del 30% reconoce dificultades para controlar el consumo de alcohol, cigarrillos o drogas. Para los investigadores, estos indicadores muestran que la vulnerabilidad no solo se expresa en carencias materiales, sino también en el bienestar emocional.
Respecto del acceso a la información, las redes sociales se consolidan como la principal fuente de noticias. Más del 70% se informa a través de estas plataformas, principalmente Instagram y Facebook, mientras que la televisión queda relegada a un segundo plano.
En el plano político, el estudio señala que el 38% de los jóvenes vulnerables votó a Javier Milei en las elecciones presidenciales de 2023, el 25% eligió a Sergio Massa y una proporción similar no participó de la votación. A la vez, casi la mitad de los encuestados afirma no identificarse con ninguna corriente ideológica.
En cuanto a las expectativas de futuro, conseguir un empleo o mejorar el actual aparece como el principal objetivo para los próximos cinco años, seguido por acceder a una vivienda propia. Casi siete de cada diez jóvenes imaginan que en ese plazo vivirán en otro lugar, principalmente en un barrio con mejores condiciones que el actual.
Como conclusión, el informe sostiene que la vulnerabilidad juvenil constituye un fenómeno estructural y multidimensional que combina desigualdades económicas, educativas, laborales y habitacionales con problemas de salud mental y limitadas perspectivas de movilidad social. Frente a este escenario, los investigadores plantean la necesidad de desarrollar políticas públicas integrales que atiendan simultáneamente estas distintas dimensiones.

