
Entre himnos que marcaron generaciones, bromas improvisadas y una energía que nunca bajó, Bahiano recorrió gran parte de su carrera musical en un recital que mezcló nostalgia, celebración y cercanía. Desde clásicos eternos como “Waitin’”, “Runaway”, “Mucha experiencia” y “Pupilas lejanas”, hasta canciones de su etapa solista, el cantante armó una noche en la que el público no dejó de bailar y cantar a todo pulmón.
Afuera hacía un frío tremendo, de esos sábados porteños donde cuesta sacar las manos de los bolsillos y el otoño parece instalado definitivamente en la ciudad. Pero apenas se apagaron las luces de Niceto, el clima cambió por completo.
Adentro empezó otra cosa, ya no importaba el viento porque el reggae ganó la noche y Bahiano salió a escena con esa mezcla de carisma, calma y energía que mantiene intacta desde hace décadas. Entre luces cálidas, un público que no dejó de cantar y una banda ajustadísima, el ex líder de Los Pericos construyó un recital donde convivieron la nostalgia, el baile y el reencuentro con canciones que ya forman parte de varias generaciones.
La noche arrancó con “Agradezco que respiro” y con los primeros acordes ya se empezó a sentir el clima del show. Las palmas aparecieron enseguida en distintos sectores de Niceto mientras Bahiano salía al escenario relajado, sonriente y con la naturalidad de alguien que conoce muy bien el ida y vuelta con su público.
Nota al Pie estuvo presente en un recital donde sonaron canciones históricas del reggae argentino y fue testigo de la conexión genuina con el público, algo que es mucho más difícil de sostener con el paso del tiempo.
Bahiano trabajó ese vínculo durante toda la noche, pero también frenó canciones para hablar, improvisó comentarios, rió con la gente y convirtió varias situaciones espontáneas en algunos de los momentos más celebrados del show.
“¡Me asombra todo esto! Solo que estos tres que están adelante ya los vi en otras oportunidades. ¿Hay gente que está viendo este show por primera vez, es verdad?”, preguntó mientras varias manos se levantaban desde distintos sectores de Niceto. “Ah… buenísimo, me encanta ¿Y los otros estuvieron en varios conciertos también? ah ok. Con ustedes tres, hago una serie en Netflix, hago un guion increíble con ustedes tres”, lanzó entre carcajadas mientras el público respondía con aplausos y gritos.
Ese ida y vuelta siguió creciendo durante gran parte del recital y uno de los momentos más divertidos apareció cuando presentó a su pareja, ubicada en uno de los balcones del lugar: “Perdón que haga toda esta conexión con el público, pero me encanta. Ahí arriba también hay una rubia primeriza también”, comentó señalando hacia arriba. Como era de esperar, todas las miradas se dirigieron hacia ella y Bahiano remató entre risas y complicidad: “Ahora miran todos. Miren para acá que yo soy el artista”.
Lejos de romper el clima, esos pequeños momentos fortaleciendo todavía más la sensación de cercanía que atravesó todo el recital. No hubo distancia entre escenario y público. Todo se sintió natural, relajado y muy genuino.
Musicalmente, el show fue un recorrido directo por distintas etapas de su carrera y bastó que sonaran los primeros acordes de “Waitin’” para que Niceto explotara. Porque hay canciones que ya forman parte de la memoria colectiva argentina. ¿Quién no cantó alguna vez “Waitin’” en una fiesta, arriba de un auto o en alguna madrugada entre amigos?.
Lo mismo ocurrió con “Runaway”, “Pupilas lejanas”, “Sin cadenas”, “Párate y mira”, “Nada que perder”, “Me late”, “Jamaica reggae”, “Cerca de mi” y “El ritual de la banana”, todos clásicos que el público de la vieja escuela y los nuevos seguidores acompañaron prácticamente completos desde el minuto uno.
Cada tema parecía despertar recuerdos entre quienes estaban ahí. Algunos bailaban sin parar, otros levantaban los brazos y muchos directamente cantaban mirando al escenario como si estuvieran reviviendo parte de su adolescencia.
Uno de los momentos más fuertes de la noche llegó con “Mi resistencia”, interpretada con muchísima intensidad mientras el público acompañaba cada palabra. Algo parecido sucedió con “Torito”, otra canción que generó una respuesta inmediata desde las primeras filas hasta el fondo del lugar.
Bahiano en su máxima expresión
Pero el recital no se apoyó únicamente en la nostalgia de Los Pericos porque el Bahiano también le dio mucho espacio a su etapa solista y logró que las canciones convivieran naturalmente dentro del repertorio.
Sonaron “Más cerca del cielo”, “Óyelo”, “A primera vista”, “Tarde gris”, “A los ojos”, “El pescador” y “Uma brasileira”, mostrando una faceta más personal y relajada del cantante. Incluso hubo momentos más íntimos como “Duerme negrito”, donde el clima bajó algunos cambios solo para reflejar una sensibilidad distinta dentro de una noche marcada principalmente por la celebración.
La banda también tuvo muchísimo peso en el resultado final. El sonido estuvo sólido durante todo el recital y cada instrumento encontró su lugar sin perder la esencia reggae que atravesó cada canción. El bajo profundo, las guitarras limpias y las percusiones terminaron construyendo esa atmósfera cálida que convirtió a Niceto en un refugio musical mientras afuera seguía avanzando el frío.
Bahiano manejó los tiempos del show con muchísima experiencia. Supo cuándo dejar que el público cantara solo, cuándo levantar la energía y cuándo frenar para hablar con la gente. Todo fluyó con naturalidad, sin estructuras rígidas ni necesidad de exagerar nada.
Y quizás ahí apareció una de las claves más fuertes de la noche. El recital no necesitó grandes artificios porque las canciones ya hicieron su propia obra. Después de todo, pocas bandas lograron dejar tantos himnos dentro del reggae argentino como Los Pericos y pocas voces siguen generando esa familiaridad inmediata como la de Bahiano.
Entre el reggae, las bromas con el público y una lista llena de clásicos, la noche terminó pareciéndose más a una gran reunión entre amigos que a un show formal. Pero claro, como si faltara un último abrazo colectivo, Bahiano eligió cerrar con “Home Sweet Home”, dejando a Niceto entero cantando mientras afuera seguía haciendo un frío insoportable y adentro nadie parecía tener ganas de que la música terminara.

