
La noche del sábado 25 de abril en Ferro no empezó con la música, sino con una sensación compartida. Algo en el aire anticipaba que no iba a ser un recital más. Ese presentimiento tomó forma cuando No Te Va Gustar (NTVG) salió a tocar, ya que lo que siguió durante tres horas fue un recorrido intenso, cargado de energía, pero también de sentido.
A lo largo de 40 canciones, la banda construyó un viaje que cruzó épocas, estados de ánimo y lecturas del presente. Desde los primeros acordes, el público respondió como un cuerpo único entre “agite” y pogo.
Temas como “No Te Imaginás”, “El Camino” o “Clara” aparecieron como puntos de encuentro generacional, mientras que las nuevas canciones empezaron a encontrar su lugar en tiempo real con buena recepción por parte de los fanáticos.
El eje de la noche estuvo atravesado por “Florece en el Caos”, el disco que la banda estrenó el 8 de enero de este año y que marcó el inicio de una etapa distinta. En vivo, las canciones del álbum sonaron con una fuerza particular. Hay algo en ese material que dialoga directamente con el presente, con su desorden, incertidumbre y la necesidad urgente de decir.
Un público con memoria
Sin embargo, hubo un momento que quebró la lógica del recital como simple espectáculo. Fue cuando las pantallas proyectaron imágenes de los desaparecidos y de la lucha de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo.
El estadio, que hasta ese momento había sido pura euforia, se transformó. El canto se volvió consigna y el público empezó a corear contra el gobierno de Javier Milei y contra los genocidas de la última dictadura cívico-militar. Fue una reacción colectiva, sostenida, que convirtió ese tramo del show en un acto de memoria viva.
En ese clima, la figura de Emiliano Brancciari se movió con naturalidad entre la música y la palabra. Sin discursos largos ni golpes de efecto, fue dejando frases de aliento, pequeñas intervenciones que conectaban con lo que pasaba abajo del escenario.
El cantautor habló de la situación difícil que atraviesa el país, acompañando desde un lugar cercano, casi íntimo. Hacia el final, su deseo de que todo mejore no sonó a formalidad, sino que fue más bien una forma de cerrar el círculo emocional de la noche con palabras de aliento.
Musicalmente, la banda sostuvo un show sólido, sin baches, con una energía que no decayó a pesar de la duración. Hubo picos de euforia y pasajes más íntimos, en un clima que se fue armando de a poco, acompañando lo que pedía cada momento.
Sobre el final, con “No Somos Nosotros” y “No Era Cierto”, la banda terminó de redondear todo lo que se había vivido. En tiempos donde todo parece fragmentado, No Te Va Gustar logró, al menos por una noche, que miles de personas habitaran un mismo pulso. Y en ese pulso, el caos por un rato efectivamente floreció.

