
Días atrás, la bailarina Melody Luz fue blanco de críticas en redes sociales por cómo luce su panza. En un país donde ocho de cada diez mujeres se sienten insatisfechas con su imagen corporal, tuvo que responder a comentarios violentos como “¿estás inflamada o embarazada?” o “¿usaste faja después del embarazo? Porque la nena ya tiene un año y se nota la pancita”.
El caso no es aislado. Es apenas un ejemplo más de una escena que se repite a diario: cuerpos de mujeres vigilados, evaluados y cuestionados públicamente mediante violencia de género digital. Un sistema que insiste en imponer la delgadez extrema como ideal y convierte la identidad femenina en un objeto de control constante.
En ese contexto, la periodista Eli del Toro, conocida en redes como toropoderosa, decidió poner el foco en el hate que reciben las mujeres en plataformas digitales. A través de videos humorísticos, parodia las fotos de perfil de hombres que dejan comentarios violentos en publicaciones de mujeres famosas.
“Siempre es en torno al cuerpo. Ni siquiera a lo que tienen puesto. El cuerpo está en escrutinio permanente, siempre hay algo para opinar”, explica. Y agrega: “Si la mayoría fueran comentarios lindos, yo no tendría material. Hay casos donde un hombre le comenta a una mujer ‘aflojale al alfajor’ y después le dice ‘anoréxica’. Todo en la misma foto”.
Hasta el momento, Eli realizó videos a partir de comentarios dirigidos a Nicki Nicole, Emilia Mernes, Sabrina Rojas, Juana Viale, Nati Jota y Laurita Fernández, entre otras. No importa quién sea: las críticas apuntan casi siempre a lo mismo —el cuerpo, la sexualidad, la vida privada.

El humor como forma de exposición
“Solo el primer video se viralizó muchísimo. Empecé a notar que otras famosas le daban like y pensé: acá hay algo que nadie está mostrando”, cuenta del Toro. “Existe la idea de que, como son ‘beneficiadas por la vida’, no tienen derecho a sufrir hate. Pero al toque un montón de mujeres —e incluso hombres— se indignaron y empatizaron”.
Entre los comentarios que recupera aparecen frases como “intentando ser sexy”, “más fácil que la tabla del uno”, “menos carne”, “estás demasiado flaca”, “¿qué pasó, quedaste cuadrada?” o simplemente “qué fiera”.
“Cuando mujeres famosas hablaban del hate, yo pensaba que era por su trabajo o que exageraban”, reconoce. “Cuando leés los comentarios te preguntás: ¿qué tiene que ver esto?, ¿por qué alguien con perfil privado siente que puede dejar un comentario tan burdo en una cuenta con millones de seguidores? Hay algo de ‘como no te puedo tener, te destruyo’. Es como en el boliche cuando decías que no querías bailar y te respondían ‘puta’”.
En sus videos, el humor y la parodia no buscan reproducir la violencia, sino exponerla. “Algunos me dicen ‘hacés lo mismo’. No: yo no escribí el comentario. Lo recojo de un espacio público y lo pongo en foco. Las imitaciones no son burla. Si no, Fátima Florez ya estaría presa”, ironiza. “Molesta que se exponga un comentario puntual dentro de miles, pero no hay que matar al mensajero. Hay que dejar de comentar cosas horribles”.
Para Eli, la fama funciona como un aval, pero también como una trampa. “La cantidad de seguidores legitima a una mujer. Eso no se discute. Pero cuando muestran algo íntimo aparece una arista que no pueden refutar. Laurita Fernández no le va a contestar a un ‘Juan Carlos’ preguntándole qué debería hacer para lograr su aprobación. Saben que ese comentario hater cae en saco roto”.

El impacto sobre la salud y la autoestima
Las consecuencias de esta presión no son simbólicas: son concretas. Según la Fundación Bellamente, ocho de cada diez mujeres en Argentina se sienten insatisfechas con su imagen corporal. Además, nueve de cada diez personas con trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son mujeres. El mismo informe indica que el 90 % de las mujeres y el 63 % de los varones perciben una alta presión mediática para bajar de peso.
Datos del Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires señalan que entre el 10 % y el 15 % de la población argentina manifiesta algún tipo de TCA; de esos casos, alrededor del 90 % corresponde a mujeres. Las cifras se incrementaron después de la pandemia.
La Sociedad Argentina de Pediatría, por su parte, advierte que cerca del 1 % de las mujeres de entre 10 y 24 años padece anorexia y alrededor del 3 %, bulimia. Además, casi una de cada tres jóvenes con insatisfacción corporal desarrolla patologías vinculadas a estos trastornos.
En el mismo snetido, desde ONU Mujeres alertan que “la violencia digital se está extendiendo a una velocidad alarmante, alimentada por la inteligencia artificial, el anonimato y la ausencia de leyes eficaces”. En ese escenario, el mundo digital que prometía empoderamiento “se ha convertido, para millones de mujeres y niñas, en un espacio de abusos”.

