
“El divorcio del año”, la nueva obra dirigida por José María Muscari y coescrita junto a Mariela Asensio, aborda temas como la salud mental, la fama, las consecuencias tras una separación de pareja, entre otros. El espectáculo es protagonizado por Fabián Vena, Guillermina Valdés, Juan Palomino, Ernestina Pais y Rocío Igarzábal.
Muscari y Asensio dan vida a una comedia de humor negro con canciones, audiovisuales, mucho cambio de vestuario y una escenografía imponente.
Las funciones se realizan en el Multiteatro (Avenida Corrientes 1283,CABA) los días miércoles, jueves y viernes a las 21; los sábados a las 20:30 y 22:30; y domingos a las 20:30. Las entradas se pueden adquirir en la boletería del teatro o a través de Plateanet.
“El divorcio del año” en escena
La puesta en escena sigue a una pareja, conformada por un conductor histórico de noticieros de televisión (Fabián Vena) y una empresaria de joyas mediática (Guillermina Valdés), que tras una infidelidad se plantea la idea del divorcio. Cada uno contrata a un abogado: Juan Palomino lo representa a él y Ernestina Pais a ella.
La relación entre los abogados, que además son pareja y compiten por ganar, es otro condimento de “El divorcio del año”. Entre ellos también se tejen situaciones de alto grado de neurosis en sus vidas.
Por otro lado, aparece “Rochi” Igarzábal, quien interpreta a la hija de 25 años de la pareja. Su personaje sufre problemas de ansiedad, depresión y situaciones propias de su generación.
Una charla con la artífice de “El divorcio del año”

Nota al Pie diálogo con Asensio -actriz, performer, dramaturga, directora y docente- sobre la repercusión que logró la obra en el público.
¿Cómo te sientes al trabajar de nuevo con José María Muscari?
Es una obra muy especial por todo el proceso previo que tuvo a su estreno, fue muy nutritivo. Estoy muy contenta con el resultado. Con esta apuesta me siento muy representada; hay algo de la obra que para mí es muy propio aunque solo haya sido parte de la escritura, pero no de la dirección a cargo de José María Muscari.
Con la obra teatral “Perdida Mente” también fuiste coescritora con Muscari, pero con una temática diferente al “Divorcio del año”.
Sí, quisimos repetir la experiencia y crear una nueva historia. Lo primero que hicimos fue barajar ideas y pensamos sobre qué queríamos hablar y cómo. Después hay una dinámica muy concreta que es ir como pimponeando el texto. Empecé armando la estructura, le pasé una escena, él la vio, me devolvió con su escritura algo, y así fuimos construyendo la obra. Cada uno tuvo su impronta y se armonizó entre los dos.
¿Entre los dos fue más fluido? ¿Pudieron terminar el guion en corto tiempo?
Nos costó más trabajo en el sentido de que fue más trabajoso encontrarle el tono, la curva dramática, poder entender cuál era el trasfondo de la obra. Todo eso nos llevó un año porque tuvo mucho trabajo de reescritura y mucho trabajo reflexivo. La obra parece que va de una cosa, pero después empieza a aparecer otra. De hecho, estuve bastante implicada en el proceso de ensayos.
Del texto en sí, ¿recogieron vivencias que hayan escuchado de la gente?
Lo más complejo fue lograr que sea una comedia, un espectáculo para que la gente pueda pasarla bien y que, al mismo tiempo, tenga la hondura y el espesor del drama que propone en algún momento. La comedia dramática, con todas sus aristas, fue lo más trabajoso porque si se quedaba solo en la comedia no iba a funcionar y si era solo con un tono demasiado dramático tampoco. Hubo que compensar las dos cosas.
En una entrevista Guillermina Valdés confesó que cuando le llegó el guion no podía parar de leerlo porque le pareció disruptivo y muy actual
Que una actriz o un actor puedan ver el valor de un texto siempre es una buena noticia para alguien que escribe. Leer teatro no es algo que se estile mucho y hay que saber hacerlo para poder proyectarlo y ver más allá del texto. Lo que vivió Guillermina es muy gratificante para alguien que escribe, porque es como un feedback en la comunicación que uno espera con el texto.
En los diálogos de “El divorcio del año” hay muchos términos relacionados con el mundo del espectáculo, programas de televisión, personas famosas de Argentina y mucha cosa mediática. ¿Ese recurso es fundamental para lograr la comedia?
Esas referencias a la actualidad no están en el texto original, tiene mucho que ver con el sello de José a la hora de dirigir. Tiene muy claro el timing con el público, y mucho sentido de lo que funciona en el teatro en estos circuitos. Sabe manejar ese tipo de toques, que son más de la dirección que del texto.
La obra aborda la problemática de salud mental y últimamente muchas lo están haciendo. ¿Crees que por eso el público también se siente atraído e identificado?
Creo que es el mal de la época. Estamos en un momento histórico cuyo paradigma está atravesado primero por la inmediatez, por la impaciencia, la falta de buena relación con el tiempo, con los procesos. Todo es ahora, todo es ya, todo es éxito. Ahora vivimos en un mundo que te aliena mentalmente porque no podés conectar con nada que no sea producir.
Spoileando un poco la obra, tenemos a una pareja de abogados que compiten profesionalmente y muestran la imperiosa necesidad de mostrarse en las redes sociales
Para mí es como lo que manifiesta Paula Sibilia en su libro “La Intimidad como Espectáculo”, donde analiza cómo la intimidad ha pasado de ser un ámbito privado a convertirse en un espectáculo público. Eso también es el mal de la época: todo el tiempo tenemos que estar produciendo hacia el afuera.

Y es lo que refleja el personaje de Sofía, tiene una personalidad desbordada y con muchas patologías
Somos hijos de una época. Lógicamente la familia constituye un montón de cuestiones, pero la época te lleva puesto. Hay algo que va construyendo los modos de ser a lo largo de la historia, un modo de ser que está imponiendo el ser exitoso, feliz, que todo el tiempo está generando emociones hacia el afuera. Todo eso es muy nocivo. Ella es producto de esta crianza, es hegemónica, técnicamente es feliz porque tiene todo, pero no es así. Hay una frase del texto que ella dice: “No me des más cosas que no puedo sostener”.
El final de la obra también es inesperado e impactante, se la jugaron…
Sí, fue jugado porque no deja de ser una obra muy fuerte. Lo hablamos mucho y decidimos sostenerlo. Si bien impacta y genera cosas, el saldo es positivo porque no es un final condescendiente, es genuino, se la juega por una acción crítica del tema que trata. Ir hasta el fondo es bueno porque la gente se queda conmovida. La obra tiene mucha espectacularidad en su puesta, se va todo compensando y armonizando.

