
En el marco del 40° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, el único de categoría “A” en América Latina, el brillo del cine argentino parece haberse apagado. No solo por la falta de carteles, banderines o difusión institucional, ausencias que convirtieron a la ciudad en un escenario sin señales de celebración, sino por las propias palabras del presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), Carlos Pirovano, que desde su lugar de funcionario repite una frase tan absurda como peligrosa, que suena más a algoritmo que a política cultural.
“Te maravillaría la cantidad de videos-minuto que se están empezando a producir”, dijo Pirovano ante la prensa, consultado por la desaparición de las novelas argentinas y el impacto del ajuste sobre la industria audiovisual. Con entusiasmo, describió series de sesenta capítulos de un minuto en formato vertical como el nuevo horizonte creativo. Su respuesta, entre el desconcierto y la ironía, recorrió las redes y se volvió viral, como si el propio titular del Instituto hubiera sintetizado en una frase el vaciamiento simbólico de la gestión cultural actual.
El funcionario, que en agosto ya había sorprendido al admitir que vio Homo Argentum “por TikTok”, encarna el corrimiento de una política de cine a una política de clics. Bajo su gestión, el INCAA no aprobó ni financió una sola película argentina, mientras recorta fondos y celebra producciones de consumo rápido como si fueran el reemplazo natural del cine de autor, el documental o las ficciones nacionales que construyeron identidad durante décadas.
Una situación que en Nota al Pie advertíamos apenas comenzada la presidencia de Javier Milei.
El Festival de Mar del Plata: más de 70 años de cine, tradición e innovación
El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, organizado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), es uno de los eventos cinematográficos más relevantes de Latinoamérica. Con una programación que abarca desde el cine clásico hasta las propuestas más vanguardistas, el festival se ha convertido en un espacio único donde conviven películas de todos los orígenes, estilos y temáticas, celebrando la diversidad del séptimo arte.
El evento se estructura en cuatro secciones principales, cada una con su propia identidad:
- Competencia: Con jurados de prestigio internacional, esta sección premia lo mejor del cine en categorías como Competencia Internacional, Latinoamericana, Argentina (largometrajes y cortometrajes), Estados Alterados y Work in Progress.
- Panorama: Aquí, el público descubre lo más destacado de la producción cinematográfica reciente, con espacios dedicados a nuevos talentos, el cine infantil (Mar de Chicas y Chicos), películas con música como protagonista (Banda Sonora Original), y formatos históricos como el Super 8 y 16mm.
- Homenajes y Retrospectivas: Un viaje por la obra de directores consagrados y una mirada a las tendencias emergentes, revalorizando el legado cultural del cine.
- Restauraciones: Una ventana al patrimonio cinematográfico, donde clásicos restaurados vuelven a brillar en pantalla.
El festival trasciende las proyecciones con actividades especiales: charlas con maestros del cine, mesas redondas, seminarios de crítica y el Foro de Cine y Perspectiva de Género, un espacio clave para debatir sobre igualdad en la industria audiovisual.
El INCAA y un legado de más de siete décadas
Nacido en 1954 bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, el festival fue concebido como una muestra no competitiva que destacaba al cine como espectáculo. Mar del Plata, elegida por su atractivo turístico, recibió en su primera edición a 18 países con películas de realizadores como Vittorio De Sica, Luis Buñuel e Ingmar Bergman.
En 1959, el festival se volvió competitivo, introduciendo los jurados y los premios, entre ellos la icónica estatuilla El Gaucho, diseñada por el escultor Pascual Buigues. Durante las décadas siguientes, el evento se consolidó como un referente cultural, atrayendo a figuras como Paul Newman, Jean-Paul Belmondo, François Truffaut y Pier Paolo Pasolini.
El festival resurgió en 1996 y desde entonces se reafirmó como un espacio imprescindible para el cine latinoamericano y mundial.
La era del minuto libertario y un descuidado Festival de Mar del Plata
Mientras tanto, en Mar del Plata, el festival que supo ser una vidriera del talento nacional y un punto de encuentro entre directores, productores y espectadores del continente, se inauguró casi en silencio. Sin señalética, sin banderas, sin la presencia simbólica que lo hacía inconfundible, el evento debió soportar incluso una discusión pública entre Pirovano y el director de Cultura local, Francisco Taverna, por la ausencia de banderines. “¿Qué pasó con los banderines?”, se escuchó gritar al presidente del INCAA.

La escena, más que un gesto de preocupación estética, pareció un espejo de su gestión: un intento por reclamar visibilidad sin asumir responsabilidades. Porque el Festival que hoy se celebra con escasa promoción es el mismo que depende directamente del organismo que preside.
En la ciudad sin banderas y en el país sin políticas culturales, Pirovano elogia los videos de un minuto mientras el cine argentino, con toda su historia y su densidad, parece reducido al tamaño de una pantalla vertical.

