
De seguro que no lo hace Javier Milei, presidente argentino y referente sudamericano del negacionismo de la crisis climática. Si bien se esperaba su ausencia en la cumbre de jefes de Estado de la COP30, se notó una escasa presencia de líderes de Latinoamérica.
La reunión tuvo lugar en la ciudad amazónica de Belém, sede de la trigésima edición de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 30). La “Cumbre del Clima” se desarrollará en Brasil desde el 10 al 21 de noviembre de este año.
La congregación máxima de referentes internacionales para llevar a cabo acciones en pos del cuidado del planeta, comienza siempre con la exposición de intenciones de primeres mandataries de todas partes del globo con respecto al cambio climático.
Sin embargo, en esta ocasión sólo 57 líderes mundiales asistieron a la previa de la COP 30. ¿Es un adelanto de que las negociaciones que se esperan para los próximos diez días serán insuficientes para cumplir las metas del Acuerdo de París?
¿Qué es la COP 30?
Las COP, o Conferencias de las Partes, son las reuniones anuales donde se toman las decisiones más importantes sobre cómo enfrentar el cambio climático a nivel global. Su origen se remonta a 1992, cuando los países adoptaron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro.
En 2015 se firmó el Acuerdo de París, con el que se decidió que todos los países, sin importar su nivel de desarrollo, presentarían planes propios de acción climática llamados Contribuciones Nacionales Determinadas (NDCs). Estos sintetizan los compromisos que asumen las naciones ante el tratado internacional, deben actualizarse cada cinco años, aumentando progresivamente su ambición.
10 años después, y después de tres cumbres celebradas en países estrechamente asociados a la producción y comercialización de petróleo (Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Azerbaiján), la pelota vuelve a Latinoamérica.
La elección de la ciudad de Belém como sede introduce un giro simbólico: colocar la selva en el centro de la discusión sobre transición ecológica, finanzas climáticas y justicia ambiental. Por eso se conoce a la COP 30 como la “COP del Bosque”.

América Latina, ¿se mira a ella misma?
La región emite alrededor del 11% de los gases de efecto invernadero, pero sufre la mayor proporción de eventos climáticos extremos registrados en los últimos años. De hecho, llega a la COP 30 tras sobrevivir al paso del huracán Melissa, que devastó a Jamaica, Cuba y Haití.
En ese sentido, se necesita mayor capacidad de decisión para quienes soportan impactos más severos. Para Latinoamérica, la pregunta será cómo aprovechar el potencial de energías limpias sin repetir patrones de extractivismo que profundizan desigualdades y conflictos socioambientales.
Aún con este escenario, solo tres mandatarios latinoamericanos asistieron a la Cumbre de Líderes. Entre elles, la presidenta de Honduras, Xiomara Castro; el colombiano, Gustavo Petro, y el chileno, Gabriel Boric; aparte de Lula Da Silva, presidente del país sede.
De todas formas, hubo buenas noticias. La reunión cerró con la Declaración de Belém sobre la Lucha contra el Racismo Ambiental, la primera iniciativa internacional que reconoce el racismo ambiental como un desafío global arraigado en los legados del colonialismo y en las desigualdades estructurales, e insta a todas las naciones a enfrentar los impactos desproporcionados de la crisis climática y de la contaminación sobre las comunidades afrodescendientes, indígenas y locales.
A su vez, en el primer día de la Cumbre de Líderes, se lanzó el nuevo Fondo de Bosques Tropicales para Siempre, con más de 5500 millones de dólares de capital inicial.

¿América para los americanos?
La conocida Doctrina Monroe es un principio de política exterior estadounidense de no permitir la intervención de potencias europeas en países americanos. En sus orígenes, establecía que cualquier caso se vería como un ataque a Estados Unidos y conllevaría una respuesta inmediata. En el largo plazo, el país la usó para justificar sus injerencias en Latinoamérica.
La COP 30 comienza luego de intervenciones cada vez más activas de Donald Trump en los países sudamericanos. Desde septiembre, desplegó una inusual y contundente demostración de fuerza militar por parte de Estados Unidos en el mar Caribe. Inició una campaña de ataques dirigidos a presuntas embarcaciones de contrabando de drogas, que ha dejado al menos 62 muertos y 14 barcos y un semisumergible destruidos.
El presidente estadounidense acusó al mandatario venezolano Nicolás Maduro de liderar un cártel de drogas, mientras que el segundo respondió que “el verdadero objetivo de Washington es imponer un cambio de régimen en Caracas y apoderarse del petróleo venezolano”.
A su vez, luego del episodio de lucha contra el narcotráfico que dejó más de 130 muertos en Río de Janeiro, el senador Flávio Bolsonaro le pidió a las autoridades estadounidenses expandir hacia Brasil la campaña militar que la Casa Blanca desarrolla frente a las costas de Venezuela y Colombia.
En esta “América para los americanos” 3.0 de Donald Trump, no participó de la Cumbre de Líderes de la COP 30. Pero tras bastidores, durante la Organización Marítima Internacional (OMI), Washington trabajó para bloquear el avance de un acuerdo mundial sobre la fijación de precios del carbono para el sector del transporte marítimo.
Se espera que el país siga participando activamente en los foros multilaterales, pero con el objetivo de frenar, en lugar de impulsar, la acción climática.
No sólo Donald Trump faltó a la Cumbre de Líderes. También lo hicieron el primer ministro indio, Narendra Modi y el presidente de China, Xi Jinping.

