El pasado jueves 16 de noviembre, en las salas argentinas se estrenó la precuela de la exitosa saga de ciencia ficción distópica, Los Juegos del Hambre. Esta quinta película lleva como nombre, “Los Juegos del Hambre: Balada de Pájaros Cantores y Serpientes”.
Una producción dirigida por Francis Lawrence, que transporta al espectador a los inicios de la vida de Coriolanus Snow, un personaje clave en la trama original. Ambientada en un Panem postapocalíptico con avances tecnológicos limitados, esta fascinante travesía cinematográfica sigue a un joven Snow, mientras compite por el codiciado Premio Plinth para asegurar su futuro académico.
Sin embargo, las reglas del juego han sufrido un cambio, desafiando las expectativas y revelando nuevos capítulos en la historia de Panem.
En el ya distante 2012, hizo su debut la primera entrega Los Juegos del Hambre (The Hunger Games), convirtiéndose rápidamente en un fenómeno cinematográfico para adolescentes y jóvenes adultes.
La adaptación de la novela de Suzanne Collins agitó a toda una generación con su mensaje político y su representación del sistema de clases, enmarcado en un juego atractivo pero macabro por la supervivencia.
La historia se desarrolla en un mundo dominado por la tiranía del presidente Snow, quien ejerce su poder sobre una nación dividida en distritos. Anualmente, estos drásticos juegos de supervivencia se llevan a cabo como un recordatorio de los días oscuros y la rebelión que condujo a la destrucción total del distrito 13.
Esta quinta entrega muestra a un joven Snow, interpretado muy bien por el actor Tom Blyth, quien posteriormente se convertirá en el legendario presidente de Panem. A diferencia del dictador conocido, esta vez luce como un estudiante desesperado por restaurar la antigua gloria de su familia empobrecida, explorando así un aspecto inédito del icónico personaje.
En el comienzo de esta nueva trama, el decano Highbottom, personificado por un certero Peter Dinklage, es el responsable de los juegos del hambre. Quien anuncia que el premio será otorgado al mentor más destacado en los décimos juegos, y desde ese punto de partida arranca una aventura emocionante pero poco arriesgada.
La historia se desarrolla en tres partes bien diferenciadas, con dos tercios de la misma muy movilizantes, pero que va perdiendo un poco de acción y convirtiéndose en un verdadero drama hacia el final.
Un guion que gira sin escapes al drama
La trama de la nueva película explora el pasado de Snow. La primera parte muestra cómo este se convierte en mentor de Lucy Gray Baird, una encantadora cantante del Distrito 12 con habilidades cuestionables para sobrevivir.
De esa forma, se conoce cómo el joven fue criado en una familia que sufrió las consecuencias de la rebelión de su padre. También se observa como la disparidad de clases se intensifica y el gobierno busca revivir los impopulares juegos del hambre.
Una trama principal que se aleja de la fórmula clásica de la saga. El enfoque se dirige hacia la intrigante vida en el Capitolio más que en los juegos, donde se destaca la dra. Volumnia Gaul, interpretada con solidez por Viola Davis, quien actúa como maestra de ceremonias. Y, aunque tiene apariciones breves, es el personaje más impactante en la historia.
Así, la película explora una delgada línea entre la bondad y la maldad, en un intento del Capitolio por deshumanizar a estudiantes y tributos de los distritos. Los protagonistas se ven obligados a decidir si cruzarán esa línea.
La segunda parte de la película se centra por fin en los juegos, donde el Premio Plinth se convierte en una competencia estratégica feroz entre estudiantes y tributos, en una partida de ajedrez donde mucho está en juego. Al mismo tiempo, Snow lucha por restaurar el prestigio de su apellido mientras se convierte en un superviviente de la clase acomodada.
La trama plantea interrogantes sobre hasta qué punto Snow está dispuesto a sacrificar para alcanzar sus sueños. En esta producción, los juegos se simplifican, hay mucha menos tecnología, alejándose de su sofisticación posterior. Se presenta una arena con luchadores al estilo del circo romano, bajo la conducción televisiva de un peculiar “Loco” Fickerman, interpretado por Jason Schwartzman, quien aporta unas cuotas de humor al film.
La pérdida de la acción hacia el final
A pesar del lapso temporal, la película mantiene la cohesión con el universo original, incorporando elementos como los Sinsajos y las rosas blancas de Snow. La precuela presenta a su propia “chica en llamas”, Lucy, personificada por Rachel Zegler, quien destaca por su talento musical pero en un papel que carece de las habilidades de lucha de la protagonista de las anteriores películas.
La relación entre mentor y tributo se transforma a medida que Lucy lucha desesperadamente por sobrevivir. A través del personaje de Snow se va desarrollando la historia, con bastantes giros de guion. Sin embargo, la tercera parte de la película se desarrolla de manera apresurada. Aunque las primeras dos horas pasan volando, el desenlace se complica más de lo esperado, lo que lleva a un resultado ambiguo que puede no satisfacer a todes.
A pesar de esto, la Balada de pájaros cantores y serpientes marca un regreso extraordinario para la franquicia de Los Juegos del Hambre, alejándose lo suficiente de sus predecesoras al contar una historia que merecía ser contada.