May 24, 2022 | Internacional

La oportunidad histórica de la izquierda en Colombia

La alta popularidad de la fórmula presidencial Petro-Márquez Mina, sumado al malestar social por la gestión política y la división en el actual oficialismo, auspician una formidable oportunidad para el frente Pacto Histórico.
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Petro y Márquez Mina recorren plazas de cara a los comicios del 29 de mayo y los acompañan multitudes. Créditos: Francia Márquez Mina (@FranciaMarquezM) / Twitter

El próximo domingo 29 de mayo se celebrarán las elecciones presidenciales en Colombia. Para estos comicios, la fórmula del frente Pacto Histórico tiene la chance concreta de llevar a la izquierda colombiana a la Casa de Nariño por primera vez en la historia. 

El tándem integrado por el ex guerrillero Gustavo Petro y la ambientalista Francia Márquez Mina tiene la delantera en las encuestas; aunque la derecha haya acortado la distancia. “Colombia una potencia mundial de la vida” sigue sumando respaldos y Estados Unidos teme perder el control político del gobierno luego de largas décadas.

¿Triunfo de Petro?

Las encuestas elaboradas por Guarumo y EcoAnalítica plantean que el candidato por Pacto Histórico, Gustavo Petro, alcanzaría el 38%; mientras que Federico “Fico” Gutiérrez, de Equipo por Colombia, obtendría algo menos del 30%. Si bien la ventaja de Petro lo posiciona cómodamente en el primer lugar se ha acortado en relación a los quince puntos que se anticiparon algunos meses atrás. Por ende, habría balotaje ya que ninguna fuerza llega al 50% necesario para consagrarse en la primera vuelta del próximo domingo.

Gustavo Petro, ex guerrillero e histórico dirigente de la izquierda colombiana, ya disputó en dos ocasiones anteriores la presidencia colombiana y en ambas fracasó. En 2010 perdió con Juan Manuel Santos y en 2018 con el actual mandatario, Ivan Duque. Sin embargo, en esta oportunidad las encuestas lo colocan en el primer lugar hace meses y el propio oficialismo, desesperanzado, lo sabe.

Colombia busca un cambio

A diferencia de las anteriores campañas, Petro moderó su discurso evitando la confrontación para conseguir votos “de centro”. La incorporación de la ecologista y feminista, Francia Márquez Mina, a la fórmula presidencial le dio mayor volumen político a su frente en términos de representatividad pero también de fuerza. Anunció que su primer movimiento será anunciar la emergencia social en un clima de revuelo por los preocupantes índices de desempleo y pobreza y tras una gestión de la pandemia que deslegitimó totalmente al gobierno de Duque.

Con el uribismo debilitado luego de casi dos décadas de hegemonía en el gobierno, la oportunidad es clara; el desafío pasa por capitalizar el descontento social. Aún así, intelectuales de la izquierda colombiana advierten que la moderación de Petro expresa el abandono de un programa económico que cuestione los principios fundamentales de la matriz neoliberal. 

El economista Aurelio Suárez planteó que Pacto Histórico no propone renegociar las condiciones “desventajosas” de los Tratados de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea (UE) o Estados Unidos. Así como tampoco el rol de Colombia dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE). De la misma manera, no existe una decisión de discutir la permanencia en la OTAN como socio preferente.

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Colombia es el centro de operaciones militares de la OTAN y el Comando Sur norteamericano y una formidable plataforma política para controlar América del Sur. Créditos: Manuel Sarmiento

Operativo de Estados Unidos para detener el ascenso de la izquierda

En efecto, la Embajada estadounidense observa con profunda preocupación el ascenso de Petro. Colombia, centro de operaciones políticas y militares del Departamento de Estado norteamericano, parece correrse “hacia la izquierda” desafiando el control de Estados Unidos. Es por eso que Washington activó un dispositivo político coordinado para contener el triunfo del Pacto Histórico, deslegitimando la elección.

El Comando Sur del Pentágono se reunió con el general Luis Navarro, comandante general de las Fuerzas Militares de Colombia. A partir de allí, el embajador estadounidense en Bogotá, Philip Goldberg -quien está asociado a las matanzas en Bolivia durante la dictadura de Añez-, advirtió que existe la posibilidad de “interferencias de rusos, venezolanos o cubanos en los comicios”. 

En ese sentido, también sucedieron las deliberaciones de la Asamblea General de afiliados del Consejo de Empresas Americanas (CEA). En dicha asamblea Goldberg y Duque mencionaron que ambos gobiernos están trabajando en impedir cualquier injerencia extranjera.

Asimismo, el empresario uribista Fabio Andrade organizó una caravana en Miami el 15 de mayo en la que se pronunció contra un “futuro fraude”. Dado que “las instituciones están tomadas: todo el dinero del narcotráfico es contra el mantenimiento de la democracia en Colombia”. María Elvira Salazar, congresista republicana, dijo ante el subcomité de Relaciones Exteriores que “Gustavo Petro es un ladrón, es un socialista, es marxista, es terrorista y está encabezando la encuesta para presidente de Colombia”.

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El negocio del narcotráfico organiza el debate político y pone en aprietos a la dirigencia uribista. Créditos: El Comercio Perú

Narcotráfico

Como de costumbre, el problema del narcotráfico concentra la tensión política de la disputa presidencial. La economía de la droga representó durante la última década entre un 2 y un 3% del PIB colombiano. La cifra escala a los cinco puntos si se considera el saldo exportable. 

Esas transacciones suelen volcarse a la concentración de la propiedad de la tierra y la financiación de campañas electorales. Además, se compone principalmente de trabajo informal y está asociada al lavado de activos, el contrabando de armas y la privatización de la seguridad mediante la conformación de bandas paramilitares.

La sociedad entre las fuerzas armadas, la Embajada norteamericana y los carteles de droga favorece los negocios económicos de terratenientes en desmedro de los campesinos. Asimismo, fortalece sus posiciones dentro del Estado. El uribismo, que atraviesa un momento de crisis política, teme que un eventual triunfo de Petro cuestione esa estructura profundizada por el Plan Colombia desde 1999. Bajo este contexto, ordena todas sus herramientas políticas y electorales para impedirlo.

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