jueves 23 de mayo de 2024

Películas y documentales para entender la historia detrás del conflicto Rusia-Ucrania (Parte 1)

Nota al Pie te presenta una serie de producciones audiovisuales que permiten repensar el conflicto ruso-ucraniano desde otra perspectiva.
Winter of Fire Creditos
 Es esencial analizar las producciones audiovisuales de estos países para comprender cómo la identidad nacional y los sesgos políticos han dado forma al panorama cinematográfico y social de esta región. Crédito: Netflix

La Euromaidan y el conflicto de Donbass dieron como resultado una amplia gama de contenido cinematográfico, tanto de origen ucraniano como ruso, a partir de 2014. Los enfrentamientos, la agitación entre los gobiernos y la incertidumbre han sido parte de una constante en la realidad de los ucranianos desde la fundación del país. 

Tanto les cineastes aficionades como profesionales han optado por reflejar estas realidades en sus obras a lo largo de los años. En especial, después de la destitución de Viktor Yanukovych como presidente a principios de 2014. El conflicto en curso entre Rusia y Ucrania crea la necesidad de revisar la diversidad de perspectivas y las historias representadas en estas obras.

La historia 

En 2008, el Gobierno de Ucrania solicitó anexar su país al bloque de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).  Al finalizar el mandato del entonces presidente, Viktor Yúshchenko y con la ascensión al poder de su sucesor Víktor Yanukóvich, en 2010, la política exterior ucraniana se apartó de las aspiraciones de unirse a la OTAN y se centró en reforzar lazos con Rusia. 

En 2013, la situación económica ucraniana no era la ideal. El Fondo Monetario Internacional (FMI) había ofrecido ayuda, pero con condiciones que Yanukóvich no estaba dispuesto a cumplir; el aumento en las tarifas de los servicios y el congelamiento de los sueldos. Es decir, la opresión del pueblo. En contraste, las políticas de comercio ofrecidas por Rusia eran mucho más aceptables.

noviembre 2013 Plaza de la Independencia en Kiev Cred Getty Images
A través de las redes sociales, periodistas y activistas empezaron a difundir invitaciones para que la gente fuera a la plaza principal de Kiev, la misma noche del 21 de noviembre, para protestar por la decisión del Gobierno y, de esta forma, demostrar su apoyo a la integración europea de Ucrania. Crédito: Getty Images.

En noviembre de 2013, con la negativa del Gobierno de Yanukóvich a firmar un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE), estallaron las protestas en la Plaza de la Independencia de Kiev (Maidán) por parte de un sector de ucranianos que apoyaban la idea de integrar la Unión Europea. La revuelta llamada Euromaidán, Maidán o Revolución de la Dignidad terminó con el derrocamiento del presidente el 22 de febrero del año siguiente. 

El 15 de diciembre de 2013, los senadores norteamericanos por el Partido Demócrata, John McCain y Chris Murphy, se dirigieron a los manifestantes en la Plaza de la Independencia de Kiev. Tras ser recibidos por una ovación de las multitudes, Murphy dijo: “Estamos aquí con el senador McCain para transmitirles el saludo del Congreso de Estados Unidos”. Como parte de su discurso de apoyo al sector separatista europeo, agregó: “Ucrania debe ser parte de Europa”. Además, dijo que Estados Unidos saluda a los ucranianos que, “pese a la violencia, se pronuncian por cambios pacíficos”. 

Las protestas del Invierno Ucraniano, que comenzaron pacíficas y terminaron con una violencia desmedida, dejaron más de 100 muertes y más de un millón de herides. Así, Ucrania volvió a ser parte del juego de poder de las potencias extranjeras. 

En marzo de 2014, después de un referéndum popular que se realizó en la península de Crimea, Rusia anexó la región a su territorio. Al mes siguiente, en las regiones orientales ucranianas de Donetsk y Lugansk se produjo una sublevación prorrusa que desembocó en un conflicto militar y se ha cobrado la vida de más de 14.000 personas a lo largo de estos ocho años. 

La voz de los rusos 

Las construcciones del nacionalismo y la identidad ucraniana están incompletas si no contemplamos la versión rusa. Dada la turbulenta historia de la soberanía de Ucrania, así como la compleja demografía lingüística dentro del país, es esencial analizar al mismo tiempo la obra cinematográfica de Rusia.

El cine ruso es aclamado por la crítica. Obtiene reconocimiento en los festivales de cine mundiales. Suele ser más introspectivo y centrado en el país, donde el contenido es crítico con el presidente Vladimir Putin y las instituciones de su Gobierno. La representación de la corrupción y la política local de Andrey Zvyagintsev en “Leviathan” (2014) es un ejemplo notable que generó controversia  en Rusia.


A Sniper’s War retrata la guerra de poder que se libra en Donbass entre los separatistas prorrusos y Occidente. Crédito: Journeyman Pictures

Otras películas populares sobre la guerra en Ucrania, como “Opolchenochka” (2019) y  “Krym Put na Rodinu” (2015), son poco más que propaganda. Pero el espacio documental de nicho ha permitido mayores matices con “A Sniper’s War”  (2018) de Olya Schechter, llamando así la atención en los festivales de cine por retratar el conflicto de Donbass desde el punto de vista de Deki, un francotirador serbio que lucha para el ejército ruso.

A través de Deki, Schechter se adentra en la mente de un asesino mercenario, partidario de los separatistas prorrusos con quejas contra la OTAN por su participación en la guerra de Bosnia en 1990. Como tal, Schechter aborda una pregunta que pocos en los medios o la industria cinematográfica en Ucrania y Occidente se han molestado en responder.

Las denuncias de Oliver Stone

Luego, está el aclamado director estadounidense, Oliver Stone. Décadas después de ganar premios por “Platoon” (1986) y  “Born on 4 july” (1989), Stone emergió como un firme partidario del Gobierno ruso y sus actividades en Ucrania. El cineasta, que ha servido en la guerra de Vietnam, ha expresado sus críticas a las intervenciones militares y la política exterior de Estados Unidos.

Occidente mantiene la narrativa dominante de ‘Rusia en Crimea’; la verdadera narrativa es Estados Unidos en Ucrania”, tuiteó Stone en diciembre de 2014, varios meses después de la anexión de Crimea por parte de Rusia. Aunque ha condenado  la invasión en curso de Rusia, produjo documentales como “Ukraine on fire” (2016), “Revealing Ukraine” (2019) y “The Putin Interviews” (2017). En ellos retrató la otra cara de los hechos, oficiando de entrevistador. 

“Ukraine on fire” no solo repasa la tumultuosa historia de Ucrania; sino que también arroja luz sobre la intervención y financiación por parte del Gobierno norteamericano a los activistas radicales durante los eventos violentos del Euromaidán. Stone, a través de entrevistas al presidente destituido Yanukóvich y otros miembros del derrocado Gobierno ucraniano, denuncia la responsabilidad de Estados Unidos en los hechos violentos que se suscitan en el este de Europa. 

El 12 de marzo de este año, el director Igor Lopatonok, denunció vía Twitter que este documental, después de estar disponible durante años, el 3 de marzo fue censurado y borrado de YouTube, Vimeo y del resto de las plataformas que responden a Occidente. 

Oliver Stone entrevistó durante dos años a Vladimir Putin para la docu serie que se transmitió por el canal Showtime. Fue llamado ‘marioneta’ del Kremlin por personas y medios que responden a los intereses de USA. 

The Putin Interviews es un documental que aborda la vida, las ideologías y la política del presidente ruso. Crédito: Showtime

“The Putin Interviews” es una serie documental que cuenta con cuatro episodios de una hora. Cada capítulo se construyó a partir de múltiples conversaciones de Stone con el líder ruso entre 2015 y 2017. Además, ofrece una visión exclusiva de un cineasta occidental sobre la vida, las ideologías y la política del presidente ruso. 

En él, Vladimir habla de todo: recorre su infancia; sus relaciones con Estados Unidos y la OTAN; profundiza sobre el conflicto en Ucrania y justifica la anexión de Crimea como un acto de voluntad popular. La película se siente íntima y se vuelve hipnótica. Por momentos el director deja entrever que no es buen entrevistador al no poder repreguntar con audacia; aunque logra un documental desestabilizador que desafía todas las narrativas estadounidenses.

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