
Cada 12 de junio, se conmemora el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una problemática que sigue afectando a millones de niños y niñas en todo el mundo. De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 135 millones de menores son víctimas del trabajo infantil y más de 50 millones hacen tareas que representan un riesgo para su salud, seguridad y desarrollo.
En Argentina, las mediciones de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA) revelan que el trabajo infantil es significativamente mayor en las áreas rurales que en las urbanas. En ese sentido, un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) muestra que los niveles más altos de vulnerabilidad socioeconómica se concentran en provincias del noroeste y nordeste argentino, sobre todo en las zonas rurales, donde hay obstáculos para acceder a servicios básicos y derechos como a la educación y a la salud.
En este marco, la Secretaria de Organización de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) y co-secretaria de la Secretaría de Protección a la Niñez de la CGT, Natalia Sánchez Jauregui, señaló que esta problemática no debe leerse como un fenómeno aislado, sino que es necesario comprenderla como la consecuencia de una realidad social marcada por la pobreza, el déficit habitacional, la falta de conectividad, la informalidad laboral, entre otros factores.
Además, la referente se refirió al mundo de trabajo actual y sostuvo que “la pérdida de derechos laborales, la precarización del empleo y el debilitamiento de las herramientas de protección social no afectan únicamente a los trabajadores. También impactan directamente en las posibilidades de desarrollo de niños, niñas y adolescentes”. “Cada derecho laboral que se pierde en el mundo adulto repercute en la vida de un niño o una niña”, aseguró y agregó que “no hay política efectiva de erradicación del trabajo infantil sin trabajo digno para los adultos. La mejor herramienta para prevenir esta problemática sigue siendo una familia con empleo registrado, salarios dignos, acceso a derechos y perspectivas de futuro”.
En esa línea, resaltó que no se puede hablar de soluciones duraderas sin una mirada federal capaz que atienda las particularidades de cada territorio. Y mencionó que para erradicar el trabajo infantil debe existir un compromiso conjunto entre el Estado, los empleadores, las organizaciones sindicales y la sociedad en su conjunto. “Requiere políticas públicas activas, presencia territorial y una decisión firme de colocar a la infancia en el centro de las prioridades”, expresó.
Factores que influyen en el trabajo infantil
En el marco del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la OIT desarrollaron un estudio de la situación en Chile, pero cuyos resultados podrían corresponder a la Argentina. En sintonía con lo expuesto por Natalia Sánchez Jauregui, el informe muestra que los factores asociados al trabajo infantil combinan elementos estructurales como la pobreza multidimensional, ruralidad, educación del jefe o jefa de hogar, con elementos intergeneracionales y normativos, como trayectorias de trabajo tempranas del cuidador y marcos de aceptabilidad del trabajo adolescente. “Los niños, niñas y adolescentes que viven en hogares con múltiples privaciones tienen una mayor probabilidad de encontrarse en situación de trabajo infantil”, advierten.
A su vez, aclara el trabajo infantil no se define únicamente por la realización de actividades laborales, sino por aquellas formas de trabajo que, atendiendo a la edad, la naturaleza de la actividad y las condiciones en que se desarrolla, resultan peligrosas, interfieren con la educación o afectan la salud, el bienestar y la dignidad de niños, niñas y adolescentes.
Al respecto, las entidades coinciden con la Secretaria de Organización de la UATRE al afirmar que esta problemática es un fenómeno multidimensional que requiere respuestas integrales. “La evidencia muestra que factores económicos, educativos, territoriales y culturales interactúan entre sí, lo que refuerza la necesidad de políticas coordinadas de protección social, educación, empleo y fortalecimiento de capacidades familiares”, sostienen desde UNICEF.

