Jul 9, 2021 | Derechos Humanos

Histórica impunidad en México: la desaparición forzada como práctica cotidiana

Nota al Pie dialogó con Blanche Petrich, periodista mexicana especializada en Derechos Humanos, quien ha seguido de cerca distintos casos de desapariciones forzadas.
Marchando contra la impunidad de ayer y de hoy. Crédito: Plumas atómicas.

Las desapariciones forzadas en México datan de los años 60 en adelante. Las primeras personas arrojadas al mar desde avionetas militares ocurrieron en Guerrero, Estado mexicano ubicado en la costa del Océano Pacífico. En esta zona, en ese entonces, surgieron muchas guerrillas. Este fue uno de los lugares más golpeados en los años de la “guerra sucia”. Más bien, del terrorismo de Estado. 

La desaparición forzada del maestro Epifanio Avilés Rojas, militante defensor de la justicia social, fue la primera de la cual se tuvo registro. Este fue detenido por militares en mayo de 1969 en Coyuca de Catalán, Guerrero. 

Actualmente las desapariciones no han cesado. De acuerdo a datos del Observatorio sobre Desaparición e Impunidad; en el año 2020 desaparecieron 46 personas por día. Hasta el día de la fecha, más de 82 mil personas se encuentran desaparecidas. 

El recurso de la desaparición forzada sigue siendo utilizado por el ejército y las fuerzas policiales locales y federales de manera sistemática. A partir de 2006, en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa; del Partido Acción Nacional (PAN), durante la llamada “guerra contra el narcotráfico”; la violación a los derechos humanos se acrecentó de manera exponencial. 

El accionar del crimen organizado y el narcotráfico siempre estuvieron presentes, pero la violencia sufrida en el sexenio de Calderón fue excesiva. Según Blanche Petrich “lo que hizo el Estado; en particular a partir del gobierno de Felipe Calderón en el 2006, bajo la asesoría de Estados Unidos; fue administrar el narcotráfico y administrar los conflictos y los enfrentamientos, más que combatirlo”.  

Fuerzas criminales atomizadas y organizadas

En ese entonces, se dejó sueltas a todas las fuerzas confrontadas: policías de todos los niveles, ejército y marina y los distintos grupos criminales. “Cuando caen los capos, las grandes figuras no desaparecen; sino que se atomizan y se vuelven mucho más violentos porque empiezan a competir entre ellos”, advirtió Petrich. 

“Empiezan guerras por el territorio, por las rutas y en esas guerras participa también el Estado y las fuerzas de seguridad. La población queda en medio como en un fuego cruzado”, explicó. Cabe mencionar que el campo de actividades del crimen organizado no se limita al tráfico de drogas. Según la periodista, también está el tráfico de armas y el tráfico de personas. 

El caso de les 43 estudiantes desaparecides de Ayotzinapa, se vincula a estas “guerras” mencionadas, sin dejar de lado la persecución, sin dudas, política. Una tradición en México es el secuestro de camiones. Ya sea porque se gana un partido de fútbol y les hinchas salen a festejar en un camión; o porque les jóvenes de las escuelas normales rurales “se trasladan a la capital para manifestarse”.

En el año 2014, les estudiantes secuestraron unos camiones y partieron rumbo a Iguala. Esta ciudad “queda ya de entrada a una parte de la sierra guerrerense que es como el triángulo dorado; y hay una ruta directa de tráfico de pasta de opioide de Iguala a Chicago”.

Sin saberlo, tomaron “un camión que iba cargado, adentro de los asientos, del opioide de la pasta de la heroína. Tanto la policía local como de otros municipios colindantes recibieron la alerta. Los cárteles y la policía no sabían cuál era el camión, entonces la consigna era: que no salga ningún camión de Iguala”. Todas estas fuerzas “se lanzaron en cacería para capturar el camión que iba cargado”. 

Familiares de les 43 estudiantes desaparecides de Ayotzinapa marchando en búsqueda de verdad y justicia. Crédito: Télam.

Una persecución  histórica hacia los “semilleros de rebeldía”

Les 43 jóvenes desaparecides de Ayotzinapa eran estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, maestro y poeta mexicano de esa localidad. Estas escuelas forman docentes con una fuerte conciencia social, y les preparan para enseñar en sitios donde no existe ninguna opción educativa.

“Son como semilleros de rebeldía; los chicos que estudian en las normales rurales por lo general son como la reserva de la inconformidad del pueblo mexicano. Son los chicos más conscientes de lo necesaria que es la educación para la gente más pobre”, contó Petrich. Epifanio Avilés Rojas fue uno de elles. Les pibes desaparecides de Ayotzinapa llevan consigo su legado de lucha.

“Ya desde tiempos de Salinas de Gortari y posteriormente, en los años del neoliberalismo más crudo mexicano; están en la mira del Estado, quieren desaparecer estas escuelas, han desaparecido muchas”, describió la periodista.

La escuela rural fue fundada por Lázaro Cárdenas, presidente de México desde el año 1934 hasta 1940. La idea de Cárdenas era justamente educar al pueblo más pobre. “Eso en el neoliberalismo se convierte en una idea muy radical”, expresó Petrich.

¿A dónde están les desaparecides? Crédito: Amnistía Internacional.

Modus operandi contra la verdad

El ejército, las policías municipales y el narcotráfico “aparentemente actúan de manera coordinada”. Cuando el gobierno federal comienza “a investigar entre comillas, lo que se hace es un gigantesco operativo de encubrimiento de la verdad”. 

En el caso de Ayotzinapa se les dijo a los padres: “Miren, a sus hijos los secuestraron en este punto, los llevaron a este basurero, ahí los quemaron; recogieron sus cenizas; las metieron en unas bolsas y luego las fueron a tirar a este río cercano; ya no hay ni cenizas, ya no le busquen, ya no están; esa es la versión histórica”, afirmó Petrich.

En ese momento, la presión social comenzó a activarse. Se exigía incluso “la caída de Peña Nieto”, ex presidente de México. Llegaron entonces el Grupo Interdisciplinario de Investigación Especial y el Equipo Argentino de Antropología Forense. Gracias a esto, aparecieron evidencias que echaron abajo la versión histórica. De todas maneras, a pesar de las evidencias; “todavía logran sostener hasta el final del sexenio la versión oficial”.

La periodista expresó: “se les debe a los padres la verdad, el primer elemento de justicia. Ya vamos a tres años de esta administración, le quedan tres, si estos jóvenes quedan en la impunidad, pues va a ser una muy mala señal”.

Por último, habló acerca del rol del Estado y dijo que este “ha sido cómplice en este fenómeno, a veces por acción directa; pero la mayoría de las veces por ser el garante de la impunidad. Todo el aparato de justicia está tan averiado, que echarlo a andar nuevamente resulta muy difícil”.

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