Jun 2, 2021 | Género & Sexualidad

Las infancias también son trans

La fundadora de la Asociación Civil Infancias Libres, Gabriela Mansilla, habló con Nota al Pie sobre la lucha por los derechos de las niñeces trans.
infancias trans
En el Mes de la Diversidad, es importante seguir visibilizando a las infancias trans (foto ilustrativa). Crédito: Agustina Rolon.

En el marco del Mes del Orgullo LGBT+, es importante tener en cuenta a las infancias trans. Durante abril y mayo se rodó la película “Yo nena, yo princesa”; que cuenta la historia de Luana, la primera niña trans en el mundo en obtener su DNI sin necesidad de un proceso judicial. El film, basado en el libro homónimo escrito por su madre, Gabriela Mansilla, fue rodado en la Universidad Nacional de La Matanza; es protagonizado por Eleonora Wexler y Juan Palomino y dirigido por Federico Palazzo.

En diálogo con Nota al Pie, Gabriela Mansilla comentó que la película “es un hecho sin precedentes a nivel mundial”. No sólo porque es la primera donde se cuenta la historia de Luana y la obtención de su DNI, sino también porque es interpretado por infancias trans. “Es para elles, hecho por elles, contado por elles”, expresó la mujer.

En este sentido, la entrevistada manifestó la importancia de que las niñeces trans “ocupen el lugar que siempre les han negado; que se cuente la historia de la primera niña trans que recibió DNI sin judicializar en el mundo, contarlo a través de otra niña trans, cuya referente es Luana”.

Además, remarcó que “es un posicionamiento político nombrarse; exigir el respeto, contar cómo quieren ser tratadas; quiénes son, qué es la identidad, de qué hablamos cuando hablamos de la autopercepción del género, qué es una niñez trans. Que te lo cuente otra niña trans en una película, eso es un posicionamiento político”.

Durante el rodaje, que duró cinco semanas, Mansilla expresó: “no existe descripción que yo pueda dar en este momento de lo que me genera que las niñeces que participan en esta película sean de mi asociación, de la Asociación Civil Infancias Libres (ACIL) ”.

La lucha detrás de los derechos

Si bien “la historia de Luana sentó un precedente en materias de derechos para las infancias y adolescencias travestis y trans”, ese reconocimiento fue y es parte de un proceso de lucha.

“Llegamos hasta acá y logramos todo lo que logramos, por la lucha incansable”, expresó la fundadora y presidenta de ACIL. Al respecto, mencionó la militancia no sólo de la comunidad travesti-trans sino la suya propia, “con llevar adelante la Campaña Nacional Infancias Trans Sin Violencia ni Discriminación, el libro”.

La escritora de “Yo nena, yo princesa” y “Mariposas libres” consideró que esa lucha “despertó en estas productoras la idea de poder llevar toda esta historia al cine; porque es una causa de derechos humanos”. Y remarcó que “tiene que ver con el derecho a la identidad y la libertad, y el acompañamiento a niñeces y adolescencias”.

Gabriela Mansilla, mamá de Luana y fundadora de la Asociación Civil Infancias Libres (ACIL). Crédito: Dafne Gentinetta.

En este marco, la activista por infancias y adolescencias travestis trans sostuvo que la película puede aportar “la visibilidad masiva” a la lucha; y agregó: “a donde no llegó el libro, a donde no alcancé yo, no sé, dando una charla, que di charlas por todo el país, va a llegar esta película”.

Además, remarcó que “el audiovisual tiene otro impacto”, ya que mientras al leer el libro hay que imaginar la historia, en la película “lo vamos contando, y es muy contundente, tiene un impacto no sólo masivo, sino que se graba en lo emocional de las personas desde otro lugar”.

“Me parece que es el objetivo más claro: visibilizar la causa. Esto no es una película, es eso, es una causa, es la lucha, es parte de la militancia, y de visibilizar. Porque si no, pareciera que no existe”, manifestó Mansilla.

Sobre la Asociación Civil Infancias Libres

Con respecto a ACIL, la mamá de Luana contó que llevan “cuatro años ininterrumpidos, acompañamos a niñeces y adolescencias travestis y trans, especialmente a sus familias”. En este sentido, explicó que “son las personas adultas las que necesitan la información; el trabajo más arduo, que es deconstruirse, bajar los niveles de expectativas que tienen sobre sus hijes, informarse, empoderarse, vencer el miedo”.

La activista contó que tienen cuatro espacios de trabajo, con un equipo interdisciplinario. En uno de ellos trabajan con las niñeces de cuatro a 10 años; en otro con “adolescentes que van desde los 11, 12, hasta los 17”. Además, hay un grupo para “hermanitos y hermanitas cis género, y el equipo que trabaja con las personas adultas, con mamá, papá y el resto de la familia”.

“Estamos haciendo lo que el Estado no hace”, sentenció Mansilla y comenzó a enumerar: “vamos a las escuelas; ayudamos a tramitar los DNIs; hablamos con les profesionales que acompañan a las niñeces a veces; armamos y creamos, realizamos la primera estadística a nivel nacional, sobre 100 experiencias de niñeces y adolescencias trans-travestis”; además de crear material, capacitar y dar charlas, y brindar acompañamiento.

Fue toda esta militancia en ACIL la que logró que las familias de las niñeces que hoy actúan en “Yo nena, yo princesa”, llegaran a contactarse con Gabriela Mansilla. “Ahí pudieron entender que tenían una niña trans también como Luana”, comentó la mujer.

Desde ACIL luchan, como su nombre lo indica, por infancias libres (foto ilustrativa). Crédito: Agustina Rolon.

La deconstrucción de la sociedad

La fundadora de ACIL consideró que “a nivel social hay mucha resistencia todavía”. En este sentido, comentó que “es en el seno familiar donde aún tienen las mayores violencias” y que “la escuela es totalmente expulsiva”.

“Inclusive con la Ley de Educación Sexual Integral, así como está hoy, sigue expulsando; no hay identidades posibles por fuera del binario dentro de la escuela”, explicó.

Mansilla aseguró que “más del 65% de las escuelas no están acompañando porque no saben cómo hacerlo”, y muchas no conocen la Ley de Identidad de Género. De esta forma, dejó en claro que “el nivel de expulsión y de violencia sigue siendo el mismo”. Para ilustrar este punto, no puede dejar de mencionarse que todavía falta Tehuel, el varón trans desaparecido desde el 11 de marzo.

La activista demostró la violencia hacia las personas trans recordando que su expectativa de vida sigue siendo de 35 años; que hay un 40% de índice de suicidio; que “el 1% solamente llega a la vejez, y en nuestra estadística dio que el 53% de niñeces y el 63% de adolescentes tienen ideas de muerte. Y esto se debe a la presión social”.

Frente a este rechazo, la activista expresó: “No hay nada de error, no hay cuerpo equivocado”. Y, recordando el proceso de Luana, manifestó que “fue muy difícil ser punta de lanza, todavía pagamos las consecuencias emocionales, todo lo que nos pasó, y hoy lo estamos reviviendo en la película”.

“Lo más importante es saber que la infancia también es travesti, que la infancia también es trans”, reiteró. En esta línea, manifestó que lo que salva a las niñeces es “el amor de las familias, el amor y la responsabilidad del Estado”; y expresó su confianza en que “esta película va a salvar muchas vidas”.

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