
Se cumplen 50 años de la última dictadura cívico-militar en la Argentina, que además contó con la complicidad de grupos empresariales, de la iglesia y del sostén insoslayable de los medios de comunicación.
En los días previos al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 que derrocaría al gobierno de María Estela Martínez de Perón, en varios diarios de la época se “allanaba el camino” desde lo discursivo con la “necesidad de un cambio”.
Por entonces, la gráfica era el principal medio de comunicación, seguido por las radios (serían intervenidas y controladas por la junta militar), y la televisión.
Los diarios Clarín, La Nación, La Razón, La Prensa, La Tarde y La Opinión eran los principales de la época y en su gran mayoría estuvieron en complicidad con la junta militar.
Si bien la dictadura implementaría a través del Comunicado N° 19 la censura con severas penas para aquellos medios que difundieran información considerada favorable a la entonces “subversión” o desprestigiara a las Fuerzas Armadas, ya se podía observar el acompañamiento de varios de ellos en la previa al régimen. Además al principio, la Junta aplicaba censura previa, debiendo pasar por la aprobación del Estado lo que fuese a publicarse.
En vísperas de la interrupción democrática, La Razón titulaba en tapa: “Es inminente el final: todo está dicho”; por su parte, La Tarde postulaba: “Fuerzas Armadas: analizan el desenlace de la crisis”. Es decir, era cuestión de tiempo, todo estaba dado para lo que vendría.
Esa convivencia de los medios de comunicación con el gobierno de facto autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” comandado por Jorge Rafael Videla, quedaría en evidencia desde su génesis.

Blindaje a la dictadura: “Total normalidad”
Los grandes medios de la época fueron importantes para el ojo público, en la generación de un sentido común que justificaba y validaba el proceso militar mientras gozaba de cierta complicidad civil, empresarial y eclesiástica.
El día que se interrumpió la democracia, el diario Clarín tituló: “Nuevo Gobierno”, mientras que La Nación optó por presentarlo: “Las Fuerzas Armadas asumen el poder”. En ambos casos, se evitó otorgarle una connotación negativa al hecho del derrocamiento de un gobierno democrático sin incluir las palabras “dictadura” ni “golpe de Estado”.
En la misma sintonía, el 25 de marzo, Clarín escribió en tapa: “Normalidad total. Las Fuerzas Armadas ejercen el gobierno”, es decir, desaparecía el caos que el propio medio relataba hasta hacía dos días. De este modo, se intentaba naturalizar un gobierno de facto, relatando una presunta tranquila “normalidad”.
En otra de sus presentaciones, tituló: “Videla asume el lunes la presidencia”, lo que se validaba detrás de la posición del país norteamericano, también conforme con lo sucedido: “Estados Unidos reconoció a la Junta”, mientras que se informaba que llegaría un crédito desde el Fondo Monetario Internacional (FMI). A su vez, remarcaron: “desde ayer es normal la provisión de alimentos”, una vez más, Clarín colaborando con la presunta normalidad de la situación general.
Por su parte, La Razón operaba en la misma sintonía: “Las Fuerzas Armadas han asumido hoy el ejercicio del poder”, y con naturalidad añadía: “Caducaron los mandatos políticos, se disuelve el Congreso y se remueve a los miembros de la Corte Suprema”.
El aparato represivo con la pata mediática a su favor, iniciaba un oscuro camino que dejaría un tendal de 30 mil desaparecidos.

Censura, torturas y desapariciones contra la prensa opositora
Varios de los medios de comunicación de la época allanaron el camino desde lo discursivo para legitimar el venidero golpe de Estado militar para luego acompañarlo. Pero hubo casos diferentes que pagaron el precio de no alinearse al pie de la letra.
Entre los periodistas asesinados y desaparecidos durante el régimen, como caso emblemático resalta el de Rodolfo Walsh, quien en 1976 fundó la agencia ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina) para denunciar la represión de la dictadura. Por su actividad fue acribillado en 1977.
En lo que respecta a los diarios, el que se opuso y denunció de forma constante las violaciones a los derechos humanos fue el Buenos Aires Herald que se publicaba en inglés y estaba bajo la dirección de Robert Cox.
Por la postura adoptada, Cox fue detenido en abril de 1977 pero liberado, a lo que le siguió una persecución constante con amenazas contra su hijo y el intento de secuestro de su esposa. Ante la tensión en aumento se exilió en 1979.
El Herald fue el diario que recibía las denuncias de las Madres de Plaza de Mayo, que ya buscaban a sus familiares desaparecidos. La información del medio permitía que se conocieran los hechos por fuera del país, mientras que puertas adentro, en ocasiones se podía leer la traducción del editorial, única parte que se imprimía en castellano.
Por otro lado, el diario La Opinión fue uno de los perseguidos por la dictadura con el secuestro de su dueño Jacobo Timerman en abril de 1977, quien fue torturado y posteriormente liberado para darse al exilio. También se produjo el secuestro del subdirector del diario, Enrique Jara, y más tarde se produciría el secuestro y asesinato de Enrique Raab, periodista del medio.
En la previa al golpe y en su inicio, La Opinión se mostraba a favor del régimen pero eso cambiaría hacia una posición más “moderada” dentro del contexto conocido. Pero el dato fuerte, fueron los vínculos Timerman con David Graiver, dueño de Papel Prensa, a quien acusaban de tener vínculos con Montoneros.
Los militares acusaban a Graiver de administrar los fondos que Montoneros obtuvo tras el secuestro de los hermanos Born. Bajo ese pretexto, la dictadura se valió para avanzar sobre La Opinión primero, y más tarde terminaría haciéndose de Papel Prensa.
Tras la sospechosa y casual muerte de Graiver por un accidente aéreo en agosto de 1976, se avanzó en noviembre hacia la turbia transacción de Papel Prensa. Se trató de una forzosa venta de la viuda, Lidia Papaleo, en beneficio de Clarín, La Nación, La Razón y el propio Estado militar, conformando una nueva sociedad.
A partir de ese momento, los militares y los mencionados medios de comunicación reafirmaron su posición como socios para sostener el régimen.

El Mundial ’78 y la cobertura mediática, una oportunidad para los militares
En el transcurso del tercer año del gobierno de facto llegó el mundial de fútbol que se realizó en el país, y el gobierno militar lo vio como una oportunidad para blanquear su imagen y acallar las acusaciones que afloraban desde el extranjero.
El mundial de 1978 se disputó con el funcionamiento de los centros clandestinos de detención en todo el país y los medios de comunicación se encargaron de la batalla contra la “campaña antiargentina” que decían tener en su contra.
Los grandes diarios reflejaban un país unido detrás de los logros que conseguía el seleccionado argentino de fútbol. La intención pasaba por acallar las presiones y denuncias internacionales por las violaciones sistemáticas de los derechos humanos.
Como ejemplo de la complicidad de los medios, resalta la burda carta apócrifa que El Gráfico publicó en nombre del futbolista holandés, Ruud Krol, el 13 de junio de 1978.
La revista inventó una carta del jugador para su hija Mabelle de tres años, que estaba en Holanda. A las pocas horas, el propio Krol desmintió haber escrito las líneas que publicó la edición 3062 de El Gráfico, donde se hablaban maravillas de Argentina.
En la falsa carta se lee: “Mamá me contó que los otros días lloraste mucho porque algunos amiguitos te dijeron cosas muy feas que pasaban en Argentina”, y aclaraba: “Pero no es así. Es una mentirita infantil de ellos. Papá está muy bien. Aquí todo es tranquilidad y belleza. Esta no es la Copa del Mundo, sino la Copa de la Paz”.
Además, se escribió que los “soldaditos de verde son nuestros amigos, nos cuidan y nos protegen” y agregaba que “de sus fusiles disparan flores”.
La desesperación del régimen y sus cómplices por acallar las violaciones de los derechos humanos los llevaron a publicar una falsa carta que rápidamente quedó desactivada.
Finalmente, Argentina fue campeón y la revista Somos publicaría: “Los argentinos y el mundial: un país que cambió”, con la imagen del dictador Jorge Rafael Videla en pleno festejo con los brazos en alto.

La guerra de Malvinas y los últimos manotazos por sostener el régimen
Para 1982, el régimen militar arrastraba una profunda crisis económica y ya bajo la presidencia de Leopoldo Galtieri se emprendió una guerra sin sentido en Malvinas contra los ingleses.
En este caso, la cobertura mediática estuvo marcada por un falso triunfalismo e información completamente alejada de la realidad, tanto en gráfica (con el montaje de falsas fotografías) como en radio y televisión.
La revista Gente publicó: “Estamos ganando”, y en otra ocasión: “Seguimos ganando”, con la contabilización de buques, aviones y helicópteros derribados: “Estamos destruyendo la flota británica”.
Por su parte, Clarín hizo tapa: “Euforia popular por la recuperación de Malvinas”, mientras que Crónica tituló: “Argentinazo: ¡Las Malvinas recuperadas!”. En tanto, La Razón escribía: “En las Malvinas hay gobierno argentino”.
Lo cierto es que solo tres fueron los periodistas que viajaron para cubrir la guerra, todos de la agencia estatal Télam, por lo que el gobierno militar administraba la información que deseaba entregar la cual fue publicada sin cuestionamientos ni investigación de por medio por parte de los medios cómplices.
El proceso militar culminó con un rotundo fracaso en lo económico y social que dejó 30 mil personas desaparecidas. En diciembre de 1983 retornó la democracia con el gobierno de Raúl Alfonsín y con la continuidad de los medios de comunicación que supieron ser cómplices de la sangrienta dictadura, con Clarín y La Nación vigentes al día de la fecha, y con Papel Prensa aún en sus manos.

