
En su primera conferencia de prensa del año, la portavoz del FMI, Julie Kozack, volvió a expresar un fuerte apoyo al programa económico argentino y destacó que el país inició 2026 “sobre bases sólidas”, con una acumulación de reservas a un ritmo más rápido de lo previsto. Según señaló, los esfuerzos de estabilización contribuyeron a mejorar el clima financiero, aun después de la contracción económica registrada en 2024.
Kozack remarcó además que la inflación logró descender desde niveles de tres dígitos en 2024 hasta ubicarse en torno al 30% hacia fines de 2025, el nivel más bajo en ocho años, y evitó pronunciarse sobre el repunte registrado en los últimos meses, luego de que diciembre cerrara con una suba del 2,8%.
En el plano monetario, la funcionaria subrayó que el FMI ve con buenos ojos las medidas adoptadas por el Banco Central para recomponer reservas. En ese marco, el BCRA acumuló ocho ruedas consecutivas de compras netas, por un total de USD 515 millones, impulsadas por el programa de adquisición de divisas y los recientes ajustes en los marcos monetario y cambiario.
La misión prevista para febrero también abordará un punto clave del acuerdo: la negociación de un nuevo waiver por el incumplimiento de las metas de acumulación de reservas pactadas para diciembre. En paralelo, estará sobre la mesa el desembolso pendiente de unos USD 1.090 millones, cuya aprobación quedará atada al resultado de la revisión.
El acuerdo con el FMI es la verdadera política económica argentina
Según el acuerdo original, el FMI había fijado como objetivo que la Argentina acumulara USD 5.000 millones en reservas durante 2025, un monto que economistas del mercado consideran compatible con la estabilidad monetaria. Sin embargo, de acuerdo con la metodología del propio Fondo, las reservas netas cerraron 2025 con un rojo cercano a los USD 16.000 millones, lo que obligó a postergar la meta para junio de 2026 durante la primera revisión del programa.
En la city financiera advierten que, ante el desvío respecto de los objetivos iniciales, el nuevo compromiso podría ser más exigente y llevar la meta de acumulación a unos USD 7.000 millones, lo que abre interrogantes sobre la capacidad de la economía para generar ese volumen de divisas sin presionar sobre la inflación.
Un informe del Instituto de Investigaciones para la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), plantea que la viabilidad de ese objetivo dependerá del comportamiento de la demanda de pesos y del proceso de remonetización. Según el análisis, el programa monetario prevé que la emisión acompañe el crecimiento de la demanda de dinero y se canalice principalmente a través de la compra de dólares.
El IERAL proyecta tres escenarios para 2026. En el escenario base, con un aumento de 0,6 puntos porcentuales en la relación Base Monetaria/PBI, del 4,4% al 5%, el Banco Central podría acumular unos USD 6.500 millones, con una inflación interanual cercana al 23%. En un escenario pesimista, con menor crecimiento de la demanda monetaria, la inflación rondaría el 30% y la capacidad de compra de divisas se reduciría a USD 4.500 millones. En cambio, en un escenario optimista, con una remonetización mayor y la base monetaria alcanzando el 5,4% del PBI, el Central podría llegar a adquirir hasta USD 9.500 millones, con una inflación en torno al 18% o 19%.
Mientras avanzan las negociaciones técnicas, desde el FMI volvieron a enviar señales de respaldo. “Nos alientan mucho las medidas que están tomando las autoridades para reconstruir las reservas”, afirmó Kozack, y sostuvo que el organismo seguirá acompañando el proceso en el marco del programa de Facilidades Extendidas.

