
Las principales consultoras privadas coincidieron en señalar que la inflación de alimentos y bebidas volvió a ubicarse por encima del 3% durante diciembre, aunque mostraron diferencias al analizar la dinámica de precios cuando se observa el promedio de las últimas semanas.
Durante la quinta semana del mes, los precios de alimentos y bebidas registraron un incremento semanal de 0,6% en el Gran Buenos Aires, de acuerdo con los relevamientos realizados por Analytica y LCG. La coincidencia se dio en el dato puntual, aunque las estimaciones difirieron al evaluar la evolución acumulada del período.
Según Analytica, la inflación de alimentos acumulada en diciembre alcanzó el 3,3%, y la consultora proyectó para el nivel general de precios una suba mensual de 2,6%. El mayor impacto se concentró en el rubro frutas, que mostró un aumento de 7,8%, seguido por carnes y derivados, con una suba de 5,4%.
El desglose por categorías mostró también incrementos de 2,9% en verduras; 2,2% en pescados y mariscos, pan y cereales; 2,1% en bebidas; y 1,7% en aceites, grasas y manteca. En contraste, los menores aumentos se observaron en café, té, yerba y cacao (1,5%) y en lácteos (1,2%).
Por su parte, LCG destacó que la inflación promedio de las últimas cuatro semanas se desaceleró hasta 1,7% mensual, ubicándose incluso por debajo del registro de noviembre. Sin embargo, la consultora subrayó que carnes y panificados explicaron más del 93% del aumento semanal, con subas de 1% en carnes, 1,4% en productos de panificación, cereales y pastas, y 1,3% en aceites.
El informe de LCG agregó que solo el 9% de los productos relevados presentó aumentos de precios y que se observó una mayor dispersión en las variaciones respecto de la semana anterior. Por cuarta semana consecutiva, la inflación promedio de las últimas cuatro semanas mostró una desaceleración, aunque impulsada casi exclusivamente por los incrementos persistentes en los precios de las carnes.
El contexto inflacionario de la suba de los alimentos
Las mediciones privadas se conocen en un escenario en el que el Gobierno busca consolidar «la desaceleración inflacionaria» tras los fuertes ajustes aplicados a lo largo del año, con una marcada caída del consumo y una contracción del poder adquisitivo.
En ese marco, la evolución de los precios de los alimentos resulta clave, ya que concentra una porción significativa del gasto de los hogares y suele mostrar mayor sensibilidad ante cambios estacionales, costos logísticos y variaciones en productos primarios como carnes, frutas y verduras.

