
La decisión de Mondelez de paralizar su planta entre el 14 de diciembre y el 5 de enero —la primera suspensión total por razones productivas en su historia reciente— refleja la combinación de una caída abrupta del consumo masivo y un exceso de stock tras un año de ventas desplomadas.
La planta de General Pacheco no producirá por tres semanas, con el paro impactando a más de 2.300 trabajadores. Expertos sindicales describen el cese como un “punto de inflexión”: una compañía emblemática del sector alimenticio reduce su actividad, algo que hasta ahora se consideraba impensado.
La decisión surge tras una caída estimada en unas 13.000 toneladas de ventas comparado con 2023, lo que dejó los depósitos saturados y a los mayoristas frenados. En 2025, el consumo masivo ya acumulaba una contracción del 8,6 % en los primeros tres meses, luego de que 2024 cerrara con una baja del 13,9 % en ventas.
El impacto no se limita a esa planta: otras grandes empresas del rubro como Mastellone Hnos. (dueña de La Serenísima) y Molinos Río de la Plata cerraron el primer semestre con pérdidas millonarias y balances negativos, a pesar de ligeros incrementos en volumen de ventas.
El contexto general muestra una industria golpeada: la disminución del poder adquisitivo y la inflación persistente limitan la capacidad de compra de los hogares. En ese marco, para muchos empleos y fábricas, el freno momentáneo podría marcar el inicio de un ajuste estructural más profundo.
Queda en el aire la pregunta crítica de si, cuando reinicie la actividad en enero, la producción podrá sostenerse —o si este episodio será apenas un anticipo de cierres, despidos o nuevas suspensiones en un sector clave para el consumo masivo.

