
Damián Quilici, más conocido como el “Freud de la villa” presentará su nuevo poemario Me hacés mal, editado por Sudestada. Les amantes de la poesía podrán obtener el libro el día de la presentación en el Centro Cultural Vuela el Pez o a través de las redes sociales del artista.
El humorista oriundo de barrio Las Tunas, partido de Tigre, se convirtió en una figura del “Stand Up villero”, tras haber saltado a la fama en el canal Comedy Central en 2017. “Me desmarqué del resto en este tipo de humor social”, expresó en diálogo con Nota al Pie.
En 2019, el comediante fue declarado de Interés Cultural por la Legislatura Porteña gracias a su relato de “La piba que me gusta”. Otros de sus escritos que más interpelaron a les lectores fue “Mamá luchona”.
“Escribí una vez, hice reír y me gustó ya que siempre fui de hablar y contar historias, pero nunca me había dado cuenta que lo podía hacer arriba de un escenario y ante tanta gente”, subrayó el standupero.
Quilici aprendió a leer a los 3 años y heredó el amor por la literatura gracias a su abuelo, quien tenía muchos libros en su casa. A los 14 años dio sus primeros pasos como escritor y fue entonces cuando descubrió la pasión por la escritura.

El humor social, la escritura y la vida en los barrios por Damian Quilici
¿Por qué el nombre “El Freud de la villa”?
Cuando terminé de laburar en PepsiCo estaba de licencia y me mandan a un psicólogo en Palermo, me acuerdo que el psicólogo me hablaba en términos que yo no entendía. Me decía: “Tenés un trastorno obsesivo, compulsivo”, y yo no entendía un carajo (sic).
Un día, actuando en Villa Devoto, me agarra un ataque de pánico y terminé en un hospital de Pacheco donde me atendió un psicólogo que había estado preso en Sierra Chica. Lo primero que me dijo fue “vos tenés que rescatarte amiguito”, y entonces, desde ahí, creé una especie de homenaje a “El Freud de la villa”.
¿La gente seguía pensando que eras un psicólogo?
Sí, en “El Freud de la villa” a lo primero subía memes y también me hacían consultas y me decían: “Che, Freud, mi novio me dejó”, y yo le respondía: “Bueno, amiguita, tomate un vino, rescatate, y andá a bailar”. Y después la gente, pensando que yo era un psicólogo posta, me mandaba consultas turbias, tipo: “Me quiero suicidar”, y entonces tuve que frenar.
¿Esas consultas turbias fueron el límite?
Claro, ese fue el límite, porque yo no soy quién para aconsejar. No tengo matrícula (risas).
¿Qué cambios tuviste que hacer con el humor?
Yo hacía chistes de lo que sea para hacer reír y con el tiempo fui leyendo e informando de las cosas y empecé a cambiar. Y digo: “¿Por qué le voy a dar al de abajo, si le tengo que dar al de arriba?”, entonces empecé a hacer un humor más social y también tener empatía.
Hay gente que estudió, fue a la universidad, hace stand up, pero se ríe de una piba que saca una selfie con la pared sin revocar. Y digo: “Dale boludo [sic], yo no tengo ni la secundaria completa y entiendo más que vos”.
¿Cómo reacciona la gente a ese tipo de humor?
Si vos le pegás en la fibra emocional que tiene cada persona, vas a hacer reír mucho y te va a ir muy bien. Yo hago chistes de pobres, pero yo soy pobre, ¿entendés? Hablo de mí. Yo creo que ahí generas empatía con la gente.
En las redes dicen que romantizás la pobreza, ¿qué tenés para decir?
Es gente que no sabe nada. Es gente que desde un monoambiente te dice: “Che, estás romantizando la pobreza”, por una foto de una torta frita. Debe ser una persona que nunca probó una torta frita, no sabe lo que es un día de lluvia en el conurbano.
¿Sentís que visibilizás las problemáticas sociales con tu estilo de humor?
Sí, obvio. Todo el tiempo estoy cuestionándome todo lo que pasa. Trato de bajar una línea y trato de dar mi opinión. Escribo en las redes y la gente se cuestiona, más allá de estar a favor o en contra, comentan los posteos y eso está bueno, porque hay pibes que no tienen el hábito de leer y me escriben: “Yo no leo, pero te leo a vos”, y eso está bueno, me llega un montón.
¿Cómo vivís la viralización de tus microrrelatos?
Es un arma de doble filo la viralización, porque la gente se enamora de la historia y se queda con ganas de más y, entonces, empiezan a stalkear. Es un arma de doble filo si no estás acostumbrado.
De hecho, la gente pide que tus relatos sigan en las redes sociales…
Sí, la gente comparte mucho, me etiqueta. También roban frases, pero bueno, ya está, son las redes sociales, es internet, no se puede hacer nada, más que decir: “Che, eso lo escribí yo”, pero bueno, algo estoy haciendo bien entonces.
¿Por qué creés que te siguen?
A ver… Yo escribo como hablo, y entonces es como que la gente se siente más cercana y dice: “¡Qué copado, esto me pasó!”
¿Qué consejos le darías a quien quiera aprender a hacer stand up?
Que sea original, que sea él mismo. Todos podemos hacer reír, todos tenemos algo gracioso en la vida. Si tenés una vida de mierda [sic] y decís que no podés hacer reír a nadie, sí podés hacer reír. Siempre hay que desmarcarse del resto, siempre vos tenés que ser distinto a los demás para obviamente destacarte y que puedas tener oportunidades.