Ago 21, 2022 | Nota de Opinión

Haití está en la Ciudad de Buenos Aires

La República de Haití fue el primer país de la América no inglesa que se independizó, pero en lugar de ser la élite blanca la que gobernó y diseñó el país, fueron los negros esclavos quienes tomaron el poder y decretaron la primera república de negros en el mundo. Hoy es uno de los países más pobres de América, con índices económicos y de vida, que demuestran lo que costó rebelarse a una potencia. Pero resulta que esa isla de Centroamérica estaba más cerca de lo que pensábamos, Haití estaba en Barracas.
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Créditos: Radio Grafica

Cuando hablamos de pobreza en América Latina, el primer país que se nos viene a la memoria es Haití; un país que gasta un 24% de su PBI en pago de deudas, mientras que solo destina el 14% a educación y el 5% a salud. Donde la esperanza de vida no supera los 64 años y donde más de la mitad de sus 11 millones de habitantes están en la pobreza más absoluta; sin luz eléctrica o agua potable más del 60% de su población. En ese contexto, encontrar niños y niñas que no pueden acceder a la salud, la educación y la comida no solo es moneda corriente, sino que también es lo normal. Tener un proyecto de vida en Haití es una utopía.

Hace unos días, una noticia estremeció a los y las docentes de la Ciudad de Buenos Aires, una niña de 11 años falleció en el Hospital Penna, dependiente del Gobierno porteño, producto de la falta de alimentación y cuidados médicos, murió por ser pobre, porque por más que la autopsia diga la causa oficial de muerte (neumonía bilateral), su muerte fue por la falta de una alimentación regular que le hubiera permitido aguantar la enfermedad.

Este podría ser un caso más de una Argentina que se ha vuelto tan desigual, donde los niños y niñas de zonas tan lejanas como Salta o el Chaco como cercanas en algún suburbio urbano como el GBA o el gran Rosario, pueden sufrir en cada momento, la diferencia es que esto pasó en el lugar más rico del país, donde los índices de vida solo pueden compararse con las ciudades más importantes de Europa, donde el acceso al agua potable, la luz eléctrica, el gas natural, el transporte, salud y la educación llegan a cada habitante sin mayores problemas que un llamado para tenerlo.

Donde la población no sólo no crece, sino que se mantiene estable hace más de 50 años y se vanagloria de tener una red de tránsito que permite que un millón y media de personas entren día a día a la ciudad para trabajar, estudiar o pasear. Pero en esta ciudad tan rica, donde su gobierno de derecha se ufana de tener la mejor educación y salud públicas de todo el país, no es lo mismo vivir al norte que al sur de la ciudad. 

Desde que el Pro, devenido en Cambiemos, gobierna a este distrito tan rico, los índices de vida en los barrios del sur, son sólo comparables a los de países en extrema pobreza. Según la Dirección General de Estadísticas y Censos de la ciudad, en el último cuatrimestre de 2021, el 37% de los pobres se encontraban en el sur porteño contra el 8% en el norte.

Paradójicamente, la ciudad no mide la pobreza por ingreso sino por otra variable, pobreza multidimensional y que ellos mismos explican: “el Índice de Pobreza Multidimensional representa una medición de la pobreza con un enfoque integral”, y se considera “pobre multidimensional” a quien tenga carencia de por lo menos dos de estas cinco variables: alimentación; salud y cuidados; vivienda y servicios; equipamiento del hogar y privación social y educación”3.

En este sentido, ser pobre en la rica urbe porteña, es aquella persona que no accede o está privada de acceder a aquello que la misma ciudad dice que tiene se sobra y mejor. En ese mundo entró una niña, de la escuela primaria 11 del distrito escolar 5, que desde los 6 años sus docentes fueron viendo cómo se deterioraba su salud y escolaridad. Un sistema de orientación escolar colapsado (7 especialistas para trabajar con 1000 chicos y chicas del distrito 5), una familia que recibió toda la ayuda posible de la escuela y de otros organismos pero que no bastó.

¿Y por qué no fue suficiente? No fue suficiente porque para la burocracia del Estado en la ciudad de Buenos Aires, no importa que los docentes avisen que una nena necesita ayuda, que las organizaciones sociales del barrio soliciten ayuda, que el Espacio de Orientación Escolar pida intervenciones. El problema fue que para el Estado no había un certificado médico y la madre no iba a las reuniones. Como el individuo no pide ayuda o no la certifica, el Estado no tiene obligaciones, esa lógica mató a una nena. La lógica del neoliberalismo, del Estado chico, del sistema básico, del sálvese quien pueda. 

En el medio otras falencias, que el SAME no fue a la escuela cuando la nena se descompensó, que no hubo asistente social y búsqueda de soluciones para una familia que claramente no podía sostener la crianza de sus hijos en el barrio 21/24. Pero ¿Cuántos chicos y chicas están en la misma situación? ¿Cuántas familias no pueden sostener la crianza de sus hijos e hijas? ¿Cuántas muertes serían evitables con un Estado que destine más presupuesto a salud, educación y asistencia social en el distrito más rico del país?

Desde hace 15 años, la Capital Federal reduce el presupuesto y planes del Ministerio de la Educación, desde hace 15 años no se construyen nuevos hospitales en la ciudad y se desfinancian  los CeSaC y desde hace 15 años urbanizar una villa es solo dar un título de propiedad precario sin mejorar las condiciones de vida y sostenibilidad de los barrios populares. Las comunas 4 y 8, las del sur de la ciudad, que incluyen a los barrios de La Boca, Barracas, Parque Patricios, Pompeya, Soldati y Lugano, hace 15 años sufren de una pobreza multidimensional que desde 2019 a 2021 creció 5% más. 

Hoy hay una estudiante menos en un aula y una escuela que debe contener a más casos así, que tal vez estallen hoy, mañana, en dos semanas, en un mes o que la vorágine de las noticias se las lleve al olvido como a esta niña que el Estado no cuidó. En una ciudad donde la ministra de Educación dice públicamente que hay chicos y chicas ya perdidos en los pasillos de una villa o que las escuelas nocturnas fueron para los y las estudiantes que fracasaron, no puede extrañarnos que la burocracia de la ciudad no le den importancia a una nena que no come o falta a la escuela. En el país donde alguna vez la idea fue que los únicos privilegiados fueran los niños, hoy hay una ciudad que define quiénes pueden acceder a una vida digna y quiénes no. 

Y las similitudes se vuelven más trágicas cuando descubrimos que la Escuela 11, se llama República de Haití. En el sur pobre de Buenos Aires, está una escuela que se llama como el país más pobre de América. Hoy muchos y muchas descubrieron que Haití está en la Ciudad de Buenos Aires.

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